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Córdoba

Preocupan las quemaduras que no son accidente

En cuatro años, el Instituto del Quemado internó 85 pacientes por intentos de suicidio. Casi la mitad tenía menos de 35 años.

“Acá algo raro está pasando”. Cuando Marisa Saino, psicóloga del Instituto del Quemado, comenzó a recibir pacientes con quemaduras en extrañas partes del cuerpo, se preguntó si era verdad lo que le estaban diciendo. Que todo había sido un accidente. La ecuación no cerraba y la cantidad de casos registrados con el mismo tipo de quemaduras (desde el cuello hasta la parte media del tórax) indicaba que algo raro estaba pasando.

“No eran las clásicas quemaduras por caño de escape. Tampoco las que deja un incendio. Cuando preguntabas por la causa, te decían que era accidente. Pero enseguida te dabas cuenta de que había algo más”, comenta.

Primera hipótesis: no eran accidentes, sino suicidios frustrados. Segunda hipótesis: la cantidad de internaciones por esta causa aumentaba. Y así fue cómo, a partir de 2009, un equipo de especialistas se puso a relevar casos.

El resultado fue contundente: en cuatro años, la cantidad de internados por intentos de suicidio había crecido de 14 a 26 atenciones anuales. Es decir, un 85 por ciento. El equipo indagó además sobre la edad y residencia de estos pacientes. Y aunque esta es sólo una muestra de un hospital (los datos no pueden extrapolarse al total de la población), bien vale el estudio para conocer aspectos de una problemática que tiene varias aristas. Tantas, como la vida misma.

 

impulsivos. El estudio fue realizado por Marisa Saino y Sofía Issidoro, miembros de la División de Salud Mental del Hospital Córdoba, asignadas al Instituto del Quemado. Con el apoyo de la Dirección del hospital. Hasta el 2012, ya se habían registrado 85 pacientes.

Cada una de ellos, con un promedio de dos meses de internación y dos años de “resocialización”, incluidas cirugías reconstructivas y psicoterapia.

“Esta es sólo una muestra, ya que existe un subregistro”, aclara Saino. La mitad de los pacientes tiene menos de 38 años. Aunque se reciben casos desde los 16.

“Los intentos de suicidio que recibimos en este hospital son actos impulsivos. Se realizan como llamados de atención. Las personas suelen decir que no esperaban ese resultado. Sólo querían lograr que les dejaran de pegar o terminar con determinadas situaciones”, agrega Issidoro.

Estas tentativas se conocen como “quemaduras a lo Bonzo”, en relación a una ola de suicidios protagonizada por monjes tibetanos en la década de 1960. El 30 por ciento de los internados en el Instituto del Quemado falleció. El resto quedó con lesiones dolorosas y visibles.

“No hay una sola causa que explique este fenómeno. Una pelea suele ser desencadenante. Pero en el fondo hay situaciones conflictivas que en algún momento se tornan insostenibles”, finaliza Saino.

En casa ocurre el 90% del total. En cuatro años, el Instituto del Quemado internó 85 pacientes por intentos de suicidio. Casi la mitad tenía menos de 35 años.

Los cambios de humor son señales de alerta. Los repentinos cambios de ánimo o conducta son una señal de alerta. Los padres de hijos adolescentes deben estar atentos. Esto no significa que ante cada comportamiento raro de los jóvenes exista por detrás un intento de suicidio.

Las especialistas consultadas para este informe coinciden en que existen ciertas señales que permiten anticipar un intento de suicidio. Por lo general, estas tentativas responden a conductas impulsivas. Si el joven manifiesta violencia extrema hacia otras personas, es posible que intente violentar su propia persona. El consumo de drogas y alcohol es un factor desencadenante, ya que reduce las barreras de la inhibición.

Bajo ninguna circunstancia piense que el que avisa no concreta. Los suicidios suelen manifestarse después de que una persona “maquinó” con ello en repetidas ocasiones.

No tenga miedo en consultar. “Hay mucho estigma con la persona que necesita un tratamiento psiquiátrico. Se les dice ‘locos’ y no es así. Sólo necesitan ayuda”, agregó Issidoro.

El diálogo familiar es la vacuna por excelencia. Aunque algunos sostienen que se contagia, el suicidio no es una epidemia. Sin embargo, existe una vacuna muy efectiva para prevenirlos: el diálogo.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la familia es un factor protector en todos los casos, especialmente en los más vulnerables: adolescentes y mayores de 65 años.

Saber que uno puede contar con alguien y creer que es posible apoyarse en valores, son las otras dos vacunas. “Los padres tienen que hablar más con sus hijos. Preguntarles qué les pasa y estar atentos a lo que contesten”, explicaron las autoras del estudio.

Ante cualquier duda, contáctese a los siguientes números telefónicos: 135 (ciudad de Córdoba) o (0351) 426-5755 (Centro de Asistencia al Suicida).

Mitos. ¿Qué hay de cierto y qué de mito en las siguientes creencias populares?

1) El que avisa no lo hace. MITO. Las personas que cometen suicidio usualmente dan algún indicio o advertencia de antemano.

2) Si lo intentó una vez, no lo repetirá. MITO. Cerca de la mitad de las personas que cometen suicidio ya lo habían intentado anteriormente. En el Instituto del Quemado, la proporción es del 35 por ciento.

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