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Córdoba

Personajes cordobeses: María Virginia Dávila y las barbas en remojo

Encontrar a alguien que se dedique a la barbería, ya es difícil. Pero que además sea mujer, rompe con todos los moldes. Esta cordobesa del Marqués lo puede contar.

Por Fabricio Esperanza

Si alguien pasa por el nudo vial de Monseñor Pablo Cabrera, notará en uno de los locales que se encuentra sobre sus márgenes un cartel con el dibujo de una tijera y una navaja. Y la leyenda que ofrece, además del corte, el llamativo servicio de “afeitada tradicional”.

María Virginia Dávila, una cordobesa de 37 años que nació, creció y vivió casi siempre en esa zona de barrio Marqués, es quien le abrirá las puertas al que se anime al movimiento preciso del filo brilloso sobre la piel. 

“Es toda una novedad, en un oficio que siempre fue realizado por hombres. Voy de a poco, los clientes se van sumando por las recomendaciones de otros, por las redes sociales. Trato de que el servicio sea, además del corte y la afeitada, todo un ritual de relax en el que la gente no sólo salga satisfecha por el trabajo, sino también porque se sintió como en el living de su casa”, dice Virginia, en el local que ella misma decoró y plantó, con dos antiguos y hermosos sillones de barbero traídos de un de-sarmadero de autos santafesino y varios cuadros de su autoría. 

A lo largo de media hora, contará que aprendió el oficio de Simon, su ex pareja, un británico de la ciudad de York que conoció a través de Internet y con quien abrió la barbería una vez que se vino a Córdoba. Luego pasaron los años, cosas alegres, tristes, placenteras y dolorosas..., la vida, en definitiva. “Nos separamos y él se volvió. Entonces yo que hacía de traductora permanente con los clientes, de tanto ver y probar, terminé enganchada”, relata.

–¿Hay más mujeres en Córdoba que hacen esto?
–Te diría que ni siquiera en Buenos Aires. Sí hay locales atendidos por hombres que todavía lo hacen, pero mujeres no.

–¿Cómo reaccionaron los clientes que venían por Simon, y los otros, los nuevos?
–Los que vienen por primera vez entran con la cabeza en blanco, entregados y sin prejuicios, aunque siempre está la cara de sorpresa al ver a una mujer. Pero los clientes de siempre lo extrañan a Simon porque no sólo era bueno en el oficio, también era muy amable y entrador. Pero la onda de este lugar va más allá de él, lo que te decía recién: acá el estilo lo ponen los clientes. Quienes vienen saben que acá no corre el reloj, se puede hablar y se escucha lo que se dice, ese es el plus, priorizar la calidez humana.

Contame. María dice que el servicio en su barbería tiene algo de terapéutico (Javier Ferreyra). 

–Decías recién que en otros países el corte con navaja no se perdió, como aquí.
–Desde que apareció la máquina eléctrica se fue perdiendo en Argentina, pero en Estados Unidos y en Europa todavía es un servicio normal. 

–¿Qué te piden los clientes? ¿Cuáles son los servicios que ofrece la barbería?
–El remodelado de la barba es uno, o sea darle forma, recortarla, mantenerla, hacerla crecer de determinada manera; el corte al ras; y generalmente siempre se suma el corte de pelo, que también hago porque es un combo, aunque mi especialidad es la barbería.

–¿Cuánto sale el corte de pelo con afeitada?
–El combo sale 120 pesos.

–¿Qué sentís dedicándote a este trabajo?
–De entrada, me gusta ser quien haga la punta en algo y por circunstancias que ni siquiera fueron planeadas, porque fue como un accidente que llegué a esto. Pero más allá de eso, aspiro a mantener un perfil bajo, seguir con esta cosa de barrio, donde los clientes vengan y me conozcan en lo personal y yo a ellos, donde se de ese toque terapéutico, por llamarlo de alguna manera.

Navaja en punta. Mientras atiende a un par de clientes, Virginia cuenta que lo que más la enorgullece es que muchos clientes llegan por recomendación de otros, y que incluso vienen de barrios distantes. “Todos tienen un perfil bastante similar, es gente que se da enseguida y toma este servicio como algo propio, porque además del corte soy buena oreja y yo también me juego con ellos”, afirma.

–¿El aprendiz superó al maestro?
–Jaja... Y, mirá, en lo que es remodelación de barba, yo soy mejor que Simon. Pasa que en Europa lo que se acostumbra cuando se va a la barbería es sacarse todo, se afeitan y hasta se rapan la cabeza. De todas maneras, me tengo que superar continuamente porque él era muy profesional y de verdad que era bueno en lo que hacía.

–¿Antes habías hecho algo parecido?
–Para nada, siempre tuve otros trabajos. Es un desafío, lograr que los clientes sigan viniendo conmigo manejando la navaja. Y creo que lo estoy logrando.

Perfil

  • María Virginia Dávila
  • Edad: 37 años.
  • El dato: aprendió de Simon, su expareja de Inglaterra.
  • El local: se llama Brigantes, un pueblo celta de Inglaterra.
  • Para probar: Virginia afeita con navaja. A no recular.

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