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Córdoba

Parir puertas adentro

Cada vez más parejas eligen tener a sus hijos en sus propias casas, priorizando un ambiente de intimidad y respeto a los tiempos de la mujer que está por dar a luz.

Durante los nueve meses de embarazo, cada pareja transita una búsqueda por encontrar la mejor manera de recibir al niño por nacer, y por hacer de ese alumbramiento un momento único e irrepetible en el que tengan lugar todos sus sueños y deseos.

Elegir dar a luz en el hogar es una tendencia cada vez más frecuente, y los motivos que llevan a los progenitores a tomar esa decisión, si bien son variados, tienen puntos en común.

Evitar prácticas médicas innecesarias, desde la aplicación de medicamentos para acelerar el trabajo de parto, hasta llegar a cesáreas no deseadas -siempre que no existan factores de riesgo que ameriten la cirugía-, son algunos de los argumentos más frecuentes que esgrimen tanto los que eligen el parto domiciliario como los que trabajan en él. Muchas de estas prácticas pueden ser controladas incluso en establecimientos médicos porque la ley nacional 25.929 así lo establece (en su artículo D asegura que toda mujer tiene derecho “al parto natural, respetuoso de los tiempos biológico y psicológico, evitando prácticas invasivas y suministro de medicación que no estén justificados por el estado de salud de la parturienta o de la persona por nacer”).

“El parto domiciliario no es una moda, no es algo nuevo, sino que siempre existió. Lo que cambió es que en los últimos 50 años se ha institucionalizado, algo que no debería haber sucedido nunca”, explica Celsa Bruenner, médica obstetra y tocoginecóloga, y una de las pioneras en partos en el hogar en Córdoba. “El parto es un evento social, familiar y saludable en el que los protagonistas son los padres y el niño, hospitalizar el parto es relacionarlo con la enfermedad”, considera.

“En Córdoba hay escasez de parteras”, afirma la médica, mientras lamenta que las escuelas de parteras se hayan cerrado en la década del ‘60. “A veces -continúa diciendo-, los médicos no están preparados para esperar un parto”.

Hace ya nueve años que Bruenner se especializó en partos domiciliarios, y está convencida de que hay cada vez más demanda espontánea de este tipo de prácticas, contempladas dentro del concepto más amplio de parto respetado.

“Las mujeres se han ido informando y toman esta decisión por múltiples factores: no quieren sentirse vulneradas ni violadas en sus derechos, no quieren que las apuren durante el trabajo de parto, no quieren que les prohíban estar acompañadas, ni que les hagan episiotomías, ni que las obliguen a estar acostadas, ni que les pongan suero o no las dejen caminar ni comer durante el trabajo de parto, no quieren que le corten el cordón umbilical al bebé apenas nace ni que se lo lleven rápido para hacerle los chequeos, entre otras cosas. Son mujeres que deciden que quieren ser respetadas y contenidas”, resume la profesional. “Cada mujer es única, tiene un tiempo propio para parir y eso es algo que no se puede sistematizar”, agrega, para confirmar luego que muchas de las personas que optan por el parto domiciliario consultan a varios obstetras hasta que encuentran a alguien que verdaderamente entiende sus deseos.

No siempre. Hay factores de riesgo en algunos tipos de embarazo, frente a los cuales la opción domiciliaria no es considerada, “aunque son problemas muy puntuales porque entre el 80 y el 90 por ciento de los embarazos son de bajo riesgo”, explica.

“Si hay placenta previa, preclancia, prematurez, si la embarazada es diabética insulinodependiente, son algunos ejemplos de factores de riesgo. La clave es que, en un embarazo controlado, la mujer sienta que el parto domiciliario es la opción más segura y saludable”.

¿Humanizado o respetado? Según Celsa Bruenner, hablar de parto humanizado es una paradoja porque somos seres humanos, y por eso prefiere el término de parto respetado.

“El parto respetado es mucho más que el parto domiciliario, se puede respetar también el parto de una mujer en una institución hospitalaria aunque allí es más difícil -reconoce- , pero se trata de un proceso de estudio, elección y concepción de familia”.

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Dolores: Yo no quería una cesárea

“Me había informado mucho y estaba convencida de que no quería pasar por la situación hospitalaria, no me veía ahí, y tampoco quería cesárea”, así de contundente empieza el relato de Dolores Maldonado, una mujer de 32 años que fue mamá por primera vez en octubre pasado en su casa de la localidad de La Bolsa, en compañía de su pareja Ignacio, su obstetra y una partera. Así, en la intimidad de la familia, llegó al mundo Theo.

Dolores tuvo un embarazo muy saludable, durante el cual hizo ejercicios, dieta sana, y todos los controles necesarios. Sin embargo, le costó conseguir un médico obstetra que aceptara la elección de la pareja de no hospitalizar el parto. “No es una enfermedad, es el mejor estado de salud del cuerpo porque está dando vida”, justifica, mientras aclara que no habría tenido al bebé sin el acompañamiento profesional.

Su experiencia fue muy gratificante, tranquila y disfrutada. Empezó con el proceso del parto el lunes 3 de octubre, por la tarde, y durante más de un día transitó con calma todas las etapas que culminaron con el alumbramiento de Theo.

“Cuando vino Manu (Mariana Macua, la partera) por primera vez tenía apenas 1 de dilatación, ella me hizo los controles y se quedó hasta la madrugada”, recuerda Dolores. “Al otro día, con Nacho (su pareja) hacíamos cuclillas juntos cuando tenía contracciones, él me hacía masajes en la espalda, salimos a caminar… estaba súper activa y me sentía muy bien”.

Ya entrada la noche, las contracciones comenzaron a ser más intensas. La partera estuvo hasta muy tarde, y volvió a la hora del parto. En el medio llegó la obstetra, y el nacimiento ya era inminente. “Preparamos bien el lugar, pusimos unos colchones en el piso para estar cómodos los dos, porque el acompañamiento de la pareja también es fundamental”, valora Dolores.

“Cuando llegué a 10 de dilatación, la médica puso un espejo en el piso para que pudiéramos verlo nacer a Theo. En una puja se asomó la cabeza, y en la otra puja salió todo”, describe emocionada. “Lo prendí a la teta ahí nomás, y la placenta salió rapidísimo, así que la médica controló todo, revisó bien la placenta y luego al bebé, lo limpiaron y me indicaron todos los controles”, rememora.

También saborea mentalmente aquella ensalada de frutas con almendras que le prepararon para que recupere energías luego del nacimiento. La médica y la partera ayudaron a acomodar todo, y luego dejaron a la feliz familia descansar. “¡Me sentía genial!”, resume Dolores, convencida de que volvería a transitar el mismo camino sin dudar.

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“Creo que es la forma más hermosa de recibir a un bebé”

Benjamín, hijo de Mónica Chesta, nació en noviembre de 2009 en su hogar. “Tomé la decisión de tener el parto en casa antes de quedar embarazada. Siempre trabajé en temas relacionados con embarazos, lactancia materna, y cuando empecé a leer sobre parto humanizado supe que quería algo así”, explica la mujer quien, a diferencia de otras mamás, conocía con anterioridad a la obstetra Bruenner y no dudó en acudir a ella para que acompañe su embarazo.

“No quería que hagan prácticas rutinarias innecesarias, ni a mí ni al bebé, tampoco quería que me lo saquen cuando nazca… no quería que nadie interrumpiera el vínculo con la lactancia porque creo que es la forma más amorosa de recibir a los bebés”, explica Mónica, quien también remarca el acompañamiento de su marido Diego.

“Yo tenía muchos fundamentos para esta elección, pero que la pareja te acompañe es clave”, reseña, y aclara que durante el embarazo no contaba abiertamente que iba a tenerlo en su casa “para evitar comentarios”. “Lo decía sólo en los ámbitos en que lo podía decir, porque lo tenía muy claro”.

Su trabajo de parto fue muy corto. “Perdí el tapón mucoso a la mañana, estaba en casa, sola, y muy tranquila. Hablé con mi marido y con Celsa, pero no tenía contracciones. Cuando llegó mi esposo de trabajar, armamos el bolso y empezaron las contracciones, nos controlamos y hablábamos con Celsa a cada rato”, relata. Cerca de la 1 de la mañana se intensificaron las contracciones, y cerca de las 2.30 llegó la obstetra. “En un momento ya no encontraba posición, tenía dilatación y el bebé estaba encajado, así que pedí un toallón y me quedé en cuclillas en el piso. Benjamín nació a las 3.07, fue rapidísimo, en ningún momento tuve miedo sólo esperaba que fuera más largo el proceso”, cuenta.

Mónica no tiene dudas de que si tiene otro hijo, quiere que sea en su casa, con sus cosas, su pareja, sin interferencias. “No me parece que haya otra forma mejor, respeto mucho a las mujeres que se sienten más cómodas en una clínica, pero creo que lo importante es que uno pueda tomar libremente la decisión y que sea informada”.

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La mayoría, en los hospitales

En el año 2010, de los 58.411 nacidos vivos en la provincia de Córdoba, 151 (0,26 por ciento) fueron partos ocurridos en domicilios particulares, según datos extraídos de las estadísticas vitales del Ministerio de Salud de la Nación.

El 99,44 por ciento de los partos fueron atendidos por médicos, mientras que las parteras participaron en el 0,43 por ciento. Enfermeras, otros agentes sanitarios y comadres participaron en aún más baja proporción.

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