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Córdoba

Murió Emilia D'Ambra, una mujer imprescindible de la memoria en el país

Era titular de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas de Córdoba. Luchó incansablemente y enfrentó a personajes como Raúl Primatesta y Luciano Benjamín Menéndez.

De a poco se despiden mujeres y hombres de una generación histórica en Argentina: a los 87 años murió este martes en Córdoba Emilia Villares de D’Ambra, conocida en el país como “Emi" D’Ambra, madre de dos hijos desaparecidos durante la dictadura cívico–militar y una de las mujeres que enfrentó con mayor coraje a personajes como Luciano Benjamín Menéndez y Raúl Primatesta.

“Emi”, titular de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas de Córdoba, era, junto con la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo (filial Córdoba), Sonia Torres, dos de las "viejas" más queridas y respetadas en el país, sin diferenciar tintes políticos.

D’Ambra, oriunda de Alta Gracia, tenía dos de sus cinco hijos desaparecidos: Carlos Alberto, secuestrado y fusilado en el campo de concentración La Perla, y Alicia Raquel, desaparecida en el Pozo de Banfield en Buenos Aires, previo pasar por otros centros de exterminio.

Una de sus últimas apariciones públicas fue durante su declaración en el megajuicio La Perla, donde contó el padecimiento de su familia y la búsqueda incansable para lograr justicia por sus hijos y que se conozca la verdad sobre el plan sistemático que asoló al país.

Poco después de la histórica sentencia, resumió el motivo de su vida en la siguiente reflexión a Sumario en Red de Alta Gracia: "Nosotras somos madres a las que nos quitaron los hijos. No somos heroínas, ni de otro planeta. A cualquier madre que le sacan un hijo en cualquier circunstancia, reacciona como reaccionamos nosotras. No hicimos nada raro. Hicimos lo que la naturaleza ha previsto que hagamos”.

Agregó: “Yo me reconozco como una luchadora, nada más. Tengo la suerte de tener salud, ya cumplí los 87 y todavía les voy a dar trabajo. No soy nada más que una luchadora. Todas nos reconocemos como luchadoras. No somos heroínas”.

También dejó un sentido legado político: "La única manera de que esto no vuelva a pasar es que quede sellado en la sociedad como una cosa que no se debe hacer, que no se puede hacer porque a la larga o a la corta tienen castigo. Pero tenemos una sociedad con mala memoria. Está sucediendo ahora y se llaman de otra manera, en lugar de Cavallo se llaman Prat Gay. Son los mismos y fueron votados, y en la provincia de Córdoba los votó el 70 por ciento. Eso es lo que nos da más rabia".

Su declaración. Durante el megajuicio, D'Ambra contó que a fines de 1976 ella y su marido esperaban en Alta Gracia la visita de su hijo Carlos y su nuera Sara, pero nunca llegaron: los secuestraron en la Terminal de Ómnibus de Córdoba.

"Fuimos a la Policía a realizar la denuncia y por ellos mismos y por la gente de la Terminal nos enteramos de que hubo operativo 'pinzas' del Ejército, porque el personal estaba uniformado y con armas largas, y se llevaron a mucha gente joven", declaró.

"Tanto en la Policía de Córdoba como en la Federal nos negaban que estuvieran detenidos, y por eso fuimos a recorrer hospitales, y en muchos lugares hablaban de la 'pinza' y que se habían llevado a muchas personas y nos aconsejaron que consiguiéramos algún abogado, pero ninguno quería presentar un hábeas corpus", precisó.

Agregó que se enteraron "que los dos estuvieron en La Ribera", pero que después de dos días a su hijo "no se lo escuchó más" y a Sara la 'blanquearon' (legalización de la situación de una persona secuestrada)". "Muchos años después nos enteramos, por sobrevivientes de La Perla, que mi hijo había sido 'trasladado' (el traslado y ejecución de los secuestrados) antes de Navidad, en diciembre de 1976".

"Mandamos cartas a todos los organismos, fuimos a ver a (el entonces arzobispo de Córdoba, Raúl Francisco) Primatesta, que no nos recibió. La Iglesia me pateó los dientes y me retiré de ella, pero no de mi religión y eso se lo reproché durante una visita que hizo a Alta Gracia. Él me lo negó porque dijo que recibía a todos, y cuando le dije que a mí no, me respondió que iba a rezar por mí. Pero le dije que no necesitaba eso, que yo sabía hacerlo sola".

Destacó que declaraba por "primera vez" ante un juez del país, aunque varios años atrás lo había hecho ante el juez español Baltasar Garzón, quien la recibió "cuando ningún juez lo hacía en la Argentina".


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