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Michael Jackson no murió…vive en Mendiolaza

No fue en los 80´s. Ni en un recital, ni en el más allá. Encontramos a Michael Jackson en Mendiolaza. Es empleado público municipal, atiende una farmacia, está más gordo y lo quiere todo el mundo. Y, finalmente, es feliz.

Michael, ese que se fue y nos dejó un recuerdo inolvidable.

Michael, ese que se fue y nos dejó un recuerdo inolvidable.

Sobre la ruta E-57 el cartel que el Michael de Mendiolaza tiene en su nombre.

Sobre la ruta E-57 el cartel que el Michael de Mendiolaza tiene en su nombre.

Sobre la ruta E-57 el cartel que el Michael de Mendiolaza tiene en su nombre.

Sobre la ruta E-57 el cartel que el Michael de Mendiolaza tiene en su nombre.

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  • Michael Jackson no murió…vive en Mendiolaza

    05/05/2013 00:03

    Por José Reyna

    Se llama Magics World´s. O, al menos, tiene un cartel prolijamente pintado con muchos colores en uno de sus postes que la identifica como tal. Seguro tiene un nombre aburrido, pero eso no importa.

    Es una calle, que corre de manera paralela a la Ruta E-57, en Córdoba, más concretamente en la ciudad de Mendiolaza, casi al límite con su par de Unquillo.

    Me paro delante de esas letras de colores garabateadas sobre una madera gruesa, de color marrón oscuro, y no puedo evitar preguntarme: ¿ Es casual que esa calle de tierra sea “paralela” a una gran ruta por la que pasan miles de autos, personas, camiones y colectivos? ¿O será una realidad que corre de esa manera, que se estacionó en el tiempo, en un mundo de fantasía, de inocencia, de sueños, y que cada mañana desafía a los “normales” a través de un personaje que sale desde allí?

    La respuesta la tiene quien vive en ese “mundo equidistante”, que es real, pero que tiene mucho de ficción. De él les voy a hablar en las próximas líneas.

    ¿Loco yo? Volvamos a Magic World´s. Después de detenerme a pensar un breve instante frente a ese cartel, enfilo hacia la casa donde me dijeron vive “Maiquel, El Elegido” (por ahora lo llamaré así por esa eterna manía que tenemos de burlarnos irónicamente de los que creemos que “no tienen todos lo patitos en fila”).

    El lugar está muy lejos de ser la finca que compró el verdadero Jackson en 1988 en California, para transformarla después en el Rancho Neverland. O uno de sus costosos departamentos alrededor del mundo. No hay que sortear ni siquiera guardias de seguridad. Sólo unos “pulentas” que me miran de reojo desde un lavadero de autos mientras le dan con jabón y  agua al duro metal que tienen por delante.

    En la breve conversación telefónica que tuvimos con “Maiquel” antes de pactar el encuentro en persona, me confirmó que su casa estaba al fondo, detrás de ese negocio que, además, es una verdulería. Sí, entre frutas y verduras, se lavan autos, motos y hasta camionetas. ¿Será parte de esa realidad paralela que transcurre detrás del cartel de Magic World´s? Quizás.

    “¿Lo buscás al Maiquel?”, me dice uno de los chicos al que, si le pregunto el nombre, seguro que me dice Braian. “Sí”, le respondo. “Pasá, pasá, es al fondo”, retruca y vuelve a la esponja, al jabón y a su trabajo como si no hubiera pasado yo por allí.

    La sombra de los árboles que llevan al departamento me trae algo de alivio en un mediodía de un verano muy caluroso en Córdoba. Maldigo el momento en que yo elegí ese horario sin reparar que diciembre tiene esa “particular” virtud de hacerte pegar la camisa contra el cuero como si estuviera lloviendo.

    Sin embargo, quizás contagiado por haber ingresado a ese mundo imaginario, comienzo a pensar en Michael, el de los 80´s. En otros tiempos, no tan lejanos, era muy difícil siquiera sacarle una foto. Mucho menos hacerle una entrevista. Era una época de barbijos, escándalos, juicios, rumores, drogas, enfermedades, giras, locuras, excentricidades. Él era El Rey del Pop.

    Y vuelvo a la realidad. Antes de que golpee las manos, tres perros salen a mi encuentro y un gato asoma su cabeza desde una vieja ventana con persianas que aún pueden intuirse como verdes. El felino es negro, pero con unos ojos increíblemente cautivantes. “Che, aflojá”, me digo a mí mismo pensando en que, de a poco, esa realidad equidistante, me está envolviendo.

    El encuentro. La imagen de este “Maiquel, El Elegido”, me devuelve por un instante a lo tangible. ¿Su piel es de color entre oscuro y claro? Sí. ¿Conserva esa colita tan distintiva que caía sobre su espalda? Sí. ¿Hace gestos de manera constante? Sí.

    Claro, poniendo atención sobre el resto, diríamos que del Michael Jackson original no hay nada...por ahora.

    “Pasá, esta es mi casa”, me dice y señala hacia adentro del departamento que se asoma detrás de una desvencijada puerta de chapa. “Este es mi santuario, esta es la casa de Michael”, agrega. Entro y rápidamente la magia de ese “mundo paralelo” me envuelve otra vez. Afiches, posters, figuras en tamaño real, ropa, accesorios y decenas, decenas de carpetas aparecen a cada paso con fotos y recortes de casi toda la vida de Michael Jackson.

    Y eso que apenas estoy en la cocina. “Toda mi vida está acá”, me dice. No me quiero imaginar su cuarto, el cual veré en un rato.

    Maiquel, este Maiquel real, vive solo. Al igual que el Rey del Pop, tiene una sufrida historia por contar, casi idéntica a la de su “Dios”, ese hombre de origen afroamericano que marcó a toda una generación con sus caderas de goma.

    “Esperame un cachito, ya vengo”, remarca y se pierde hacia la zona de la pieza. No pasan más de 15 minutos y el que regresa parece otra persona. Con sombrero, pantalón ajustado, camisa entre militar y glamorosa, y maquillaje que trata de emblanquecer su rostro.

    Trato de recuperarme de la sorpresa para seguir con la entrevista, pero el que está allí claramente me saca del mundo de fantasía y para parecerse más a un cantante de bailanta que al ídolo de los 80´s. Pero, un par de palabras, me devuelven hacia esa suerte de “Matrix” que le pertenece a este Maiquel.

    “En cierta manera, soy Michael Jackson, él es yo, yo soy él”, señala en el mismo momento que nos sentamos frente a frente en unas viejas sillas de chapa muy parecidas a las que reinaban en salones de los clubes de los años ochenta, en los bailes de cuarteto de Atenas, El Deportivo, Los Diablos Rojos o Alas Argentinas. ¿Les dije que me sentía cada vez más hundido en ese mundo paralelo? Si hasta el mobiliario parece estar acorde a la situación.

    Puntos de coincidencia. Quien está frente a mí sabe quién es, en la vida real, pero nunca me lo dijo. Jamás supe su verdadero nombre. “Soy Maiquel”, me señaló en todo momento. Sólo sabía que era Miguel, o eso me habían dicho, pero a esta altura, es anecdótico.

    El que está frente a mí maneja a la perfección ese “otro universo”, entre laberintos y pasajes imaginarios creados por su mente. Juega de local, y lo sabe. E inteligentemente, me hunde más y más dentro de su fantasía.

    “Mi pasión por Michael nació desde que tengo uso de razón, él lo ha sido todo en mi vida. Cuando lo escuché por primera vez, supe que nada sería igual. Sufría rechazo, estaba solo, no tenía padres y encontré en la mano de un tío, mi tío, el que me dejó este departamento, todo lo que necesitaba”. Maiquel, el de Mendiolaza, comenzaba a contarme su historia. De a poco, pasaría de ser Maiquel, a ser Michael Jackson.

    “Él ( refiriéndose a una foto de la estrella del pop) me ayudó a no caer en la delincuencia, o las drogas. En él, encontré el consuelo y el apoyo que necesitaba. No me hacía falta nada más que eso. Su baile, tratar de hacerlo mínimamente como él me enfocaba de tal manera, que no había otra cosa para mí”, señala.

    Lo mismo dice cuando le preguntamos por el legado que dejó el "Michael estrella" cuando murió. "Su baile, ese fue el mayor legado. Su dulzura y su amor por las cosas. Su amor por el medio ambiente, el mundo limpio y los niños, más allá de todo lo que se diga", señaló.

    “Muchas cosas se inventaron de él, la prensa habló barbaridades y todos querían sacarle plata. Nadie lo conoció como yo, nadie entendió quién era él. Sólo nosotros, los que lo llevamos en el corazón sabemos de su dulzura, de lo buena persona que era, de cómo sólo tenía amor para dar a todo el mundo, incluso a los niños”, dice este Maiquel, al cual a esta altura, llamaré Michael.

    Ficción-realidad-realidad-ficción. Michael, es empleado municipal, está muy lejos de tener la atlética silueta de los 80´s. Pero hay un motivo. “Cuando él murió, me sentí devastado por completo. Me deprimí, engordé y dejé de hacer shows”, dice. Pero, rápidamente antes de que ahondemos sobre eso, nos mete de nuevo en otro pasillo de su laberinto de fantasía.

    “Te muestro mi habitación, ahí están mis tesoros”, remarca y nos lleva, así vestido como está, a trasponer otra puerta. Y allí, otra vez la sorpresa. Posters que ocultan las grietas de las paredes sobre la base de tapizar cada hueco blanco que ande dando vueltas por allí. Más recortes, más libros, cassettes, cd´s y algo que se destaca en un rincón, perfectamente envuelto en una bolsa.

    “Esto, no tiene precio”. Cuidadosamente, lo saca, y lo muestra pese al polvillo acumulado. Es el guante blanco de Michael Jackson, el mítico símbolo de sus shows, de su marca, de su estilo.

    “Me lo gané en un concurso de Telemanías”, remata orgulloso. Y nos sigue mostrando cosas, que aparecen, aparecen, aparecen…..(Hacé clic acá y revisá parte de esa colección en fotos)

    El misterio. ¿Quién es este misterioso muchacho que en la vida real formó un grupo hizo shows de pop y breakdance, estuvo en corsos, carnavales y colegios? ¿Cómo es que, cuando camina por la calle, todo el mundo lo saluda levantando la mano y diciendo “Michael”, y hasta es capaz de venderte remedios en una farmacia trabajando ad honorem?

    Pero, sobre todo, ¿Cómo hizo para conseguir colocar un cartel en homenaje al Rey del Pop (pero con fotos suyas) sobre la ruta E-57 de Mendiolaza, de grandes proporciones, que lleva más de dos años en ese lugar y por el cual recibió dinero de muchos comerciantes que lo bancaron con esta idea? (Hacé clic y mirá el video de cómo explica la forma en que consiguió la plata y la autorización)

    La respuesta es más que simple. Metió a casi todo un pueblo en ese “embudo paralelo”. Ese mundo de fantasía que no conoce la maldad. Ese mundo en el cual, por unas horas, conocí y me sentí parte de él. El mundo que queda detrás del cartel de Magics World´s, pegadito a un lavadero-verdulería. En su pueblo, él es Michael, y no “Maiquel”

    Me despido y al retomar mi caminata por la ruta, no por la calle de tierra, vuelvo a sentir el mundo más real, más cercano a lo que vivo a diario, el que está cargado de incertidumbre.

    Pero, en ese cuadro, tengo una certeza: Michael Jackson no murió, vive en Mendiolaza. Y es feliz, finalmente.

     

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