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Córdoba

Más mimos y menos fútbol

A pesar de los cambios de las últimas décadas, nuestra sociedad sigue siendo fuertemente machista. Eso opina el sociólogo Hugo Huberman, promotor de una campaña para desterrar la violencia contra las mujeres.

Por Feliciano Tisera

El mito del metrosexual, del hombre posmoderno que participa igualitariamente en las tareas del hogar, es sólo eso: un mito. Así piensa Hugo Huberman, coordinador de la campaña Lazo Blanco Argentina, organización de hombres comprometidos contra la violencia hacia mujeres y niñas.


Según Huberman, la violencia se sigue ejerciendo masivamente, en especial en las clases populares, a las que se mantiene carente de recursos, sobrepasadas de trabajo, y adormecidas mediante Fútbol para Todos y publicidades machistas.


Así, los que cambian pañales y participan igualitariamente de las tareas del hogar, siguen siendo minoría. “Es una porción mínima, y pertenece a un clase social con acceso a recursos para poder hacerlo. Eso no existe en el ámbito popular”, dice Huberman, recalcando que en esos ámbitos aún se mantiene el concepto de que el hombre le puede permitir a la mujer trabajar.


“El hombre popular te dice: ‘Yo le permito (¡le permito!) que trabaje para que haga sus cositas, no para que me ayude a producir, porque el único productor soy yo’”, explica.


El día a día de la gente de menos recursos es de mucha soledad y esfuerzo: “El hombre que labura como un cochino, que parece que su cuerpo es una máquina de trabajar, no llega a la casa y abraza al hijo; capaz que ve un partido en la televisión y se duerme. Y el fin de semana, Fútbol para Todos. Hay un modelo económico y social de alta restricción de recursos. Y esto viene desde la crisis de 2001, que dejó a tanta gente sin recursos”.


Como siempre, la economía doméstica es determinante, aunque tampoco se aporta desde el sector público. “La falta de opciones y de acceso a la información es evidente. Por ejemplo, no hay ni políticas públicas ni grandes campañas sobre salud masculina, por ejemplo, sobre cáncer de próstata, que sigue avanzando, mientras que con el apoyo de las mujeres, aflojó el cáncer de mama. No hay políticas con respecto al papá. El hombre no es visto como un disparador de políticas públicas”.


–¿Y el famoso “te ayudo”?
–El famoso te ayudo no es un cambio, es un cambio estético: ¿cómo te voy a preguntar si te ayudo, si vivimos juntos?


–¿No hay una rebelión femenina ante esto?
–Al contrario, las mujeres jóvenes, frente a la demanda laboral, rápidamente entendieron cómo funcionaba la cosa. Tomaron lo peor del sistema y se montaron: un sistema patriarcal, violento. En los colegios hay peleas de chicas. Y sí, hay peleas de chicas, porque aprendieron que el ejercicio de la violencia las deja dentro del sistema. Maltratadas, pero dentro del sistema. Mientras no haya opciones para los jóvenes, esto no va a cambiar.


–¿Hay lugar para la esperanza?
–Sí, hay que estar, trabajar con ellos, y mostrarles que hay caminos múltiples para hacerse hombre o mujer, no un solo camino. No es más mujer una que usa minifalda que una que no usa. Lo que te define es la manera de pensar, de sentir, y de autopercibirte. En los hombres hay que desmantelar el modelo machista: se puede trabajar equis cantidad de horas, pero también disfrutar de los hijos, cuidar su cuerpo, su sexualidad, y no por ello dejar de ser hombre.

Hay que mimarse más. Huberman explica que la homofobia, tan presente en la sociedad argentina en la típica burla al gay o al travesti, también se reproduce de otras formas.


“Es la fobia al hombre. Así nos educaron. Hay papás que no abrazan a sus hijos por temor a estar piel con piel con otro hombre. A los hombres nos cuesta tener intimidad. Los hombres hablamos de tres cosas: mujeres (donde mentimos mucho), fútbol y política. No hablamos de cómo nos va con nuestros hijos. Cómo me siento hoy, cómo me va con la vida, qué tengo, qué deseo... De eso no se habla”, dice.


–¿Y eso, como se combate?
–Únicamente con educación. Desde chicos, cuando aún no tienen sexo, hay que educar en que las jerarquías no pueden primar si queremos una sociedad equitativa e igualitaria.

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