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Córdoba

Marcela vuelve a empezar, a un año y medio de las inundaciones

Había montado un gimnasio en Mendiolaza que fue arrasado por la inundación de febrero de 2015. En este tiempo improvisó un gym en su garaje y dio clases gratis, hasta ahora que pudo volver a abrir "Espacio Fitness". 

El agua arrasó con su gimnasio, con su ánimo, con su energía. Un año y medio tardó en retirarse la ola que le humedeció un sueño concretado poco tiempo antes. Un año y medio tardó Marcela “en subirse al mini tramp” –cama elástica individual- para saltar un poco más alto. 

Marcela Güemes tiene 51 años, y hace poquitos días que pudo abrir las puertas de Espacio Fitness, en el Talar de Mendiolaza (avenida Martín Tissera 674). “Es mi pasión el gimnasio”, cuenta. Tal es su placer por la actividad física que hizo el instructorado a los 43 años. 

Madre de cuatro hijos, Marcela se inició el mundo deportivo hace ocho años. “Antes hacía tareas administrativas y me dedicaba a mis hijos, pero esto me encanta y recién a los 43 me animé a formarme”, repasa. 

Tras varios cursos y capacitaciones, en 2009 abrió su primer gimnasio. “Mi marido me ayudó con la inversión inicial para máquinas y bicicletas, alquilé un local chiquito de 45m2 y arranqué. Me iba bastante bien hasta el 15 de febrero de 2015”, cuenta Marcela. 

La inundación que afectó seriamente a Sierras Chicas llegó hasta su casa y hasta su gimnasio. La vivienda fue la urgencia primera, y tres días más tarde Marcela visitó el gimnasio. “Era villa barrito, había entrado muchísima agua, fue un desastre… me llevé las máquinas a mi casa. Y me tomó un buen tiempo reponerme, habíamos perdido muchas cosas y yo estaba muy desanimada”, repasa ahora la mujer. 

Meses más tarde, impulsada por su familia y amigos, acondicionó el garaje de la casa y empezó a pedalear el retorno. “Metí cintas y bicicletas como pude, y algunas de las alumnas me siguieron, pero anímicamente estaba muy abajo”, recuerda. 

Marcela, feliz y orgullosa de volver al ruedo con el gimnasio (Nicolás Bravo).

Empezó a buscar otros espacios, a dar clases gratuitas al aire libre, incursionó en la zumba y otros ritmos. “Necesitaba sacar mi cabeza de los trastornos de la inundación, y había mucha gente en igual situación que necesitaba lo mismo, y así empecé a renovar mis energías”, describe Marcela. 

Como damnificada de la inundación, fue relevada por el Gobierno y supuestamente le correspondía una ayuda de casi 50 mil pesos. Al día de hoy no ha recibido ningún aporte oficial, sólo la colaboración de vecinos y amigos. 

Salto en alto. Tras más de un año dando clases en el garaje, en julio vio un local en alquiler en El Talar de Mendiolaza, se entusiasmó y pagó la seña: “Es un local enorme, lo alquilé, mudé todo, y la semana pasada arranqué a dar clases”. 

“Necesité tiempo y ayuda para salir del lugar chiquito, subirme al mini tramp y pegar el salto”, grafica la mujer, mientras disfruta de sus primeras clases en el amplio local. “Ahora volví a incluir el trote en la rutina, porque por fin tenemos espacio para correr”, bromea. 

“Pude despegar, lo siento así, y fue gracias a la mucha ayuda que he recibido de mi familia, de amigos y de vecinos que me han apoyado muchísimo. Sino no hubiera podido”, reafirma Marcela. Y concluye: “Me encanta trabajar con la gente, siempre he sido muy abierta si alguien no podía pagar que siga viniendo lo mismo, y ahora creo más que antes que todo vuelve”.

Marcela y uno de sus hijos, pilares en la recuperación (Nicolás Bravo).

Temporal trágico

Las lluvias del verano de 2015 fueron extraordinarias. Cayeron entre 250 y 300 mm en las Sierras Chicas el 15 de febrero, y los pequeños arroyos se convirtieron en enormes ríos de agua y barro. Hubo 8 muertos y más de 500 evacuados (ver Problemas enormes en Sierras Chicas). 

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