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Córdoba

Malvinas: La historia del portaaviones 25 de Mayo

Fue el buque más buscado por la flota británica tras el 2 de abril. Un ataque submarino como el que hundió al crucero General Belgrano llegó a ser inminente. “No habría habido sobrevivientes”, aseguran.

Para darse una idea del tamaño de escala monumental que tenía el portaaviones 25 de Mayo, hay que pensar en que, de largo, harían falta dos estadios Kempes para que entrara. ¿Otra forma de establecer sus gigantescas dimensiones? Si la popa (parte trasera del buque) estuviera en Colón y General Paz, la proa (parte delantera) estaría a la altura de la Iglesia Santo Domingo. Pesaba unas 20 mil toneladas y sus dos hélices eran propulsadas por un par de turbinas a vapor, de 40 mil caballos de fuerza cada una. Lo tripulaban más de 1.200 hombres y era capaz de operar con un importante grupo de aviones, tanto de reconocimiento como de caza y ataque, así como también de helicópteros de combate. Fue la nave insignia de la flota argentina durante la recuperación de las Islas Malvinas en 1982, dando cobertura aérea al Operativo Rosario, nombre con el que se bautizó a la operación de desembarco del 2 de abril. 30 días después y desde su imponente cubierta estaba listo para ser lanzado un gran ataque a la flota británica, que a través de submarinos nucleares lo buscaba para hundirlo, en función de la amenaza que representaba. Desde Londres, ya estaba dada la orden. 

A BORDO. Juan Gabriel Miguel, oficial retirado de la Armada, estuvo embarcado durante el conflicto del Atlántico Sur en el 25 de Mayo. Era especialista en guerra antisubmarina y piloto naval de helicópteros Sea King. A Día a Día, le comentó cómo fue preparado aquel ataque a la flota británica que iba a producirse el 2 de mayo y cómo el mismo portaaviones llegó a estar en la mira del submarino nuclear Splendid. “Para el 1° de mayo, ordenaron que un grupo de tareas formado por el portaaviones y destructores más otro constituido por el crucero General Belgrano y también por destructores avanzaran hacia el este (el primer grupo hacia el noreste y el segundo hacia el sureste). Sería en trayectoria tangencial al círculo de 150 millas de exclusión, determinada –arbitrariamente- por Gran Bretaña alrededor de las Malvinas. El objetivo era disuadir en dos pedazos el accionar de la flota británica, que venía por el otro lado (el oeste) de las islas; así, se trataría de demorar el desembarco de sus tropas, mientras evolucionaba el contexto político y de negociaciones entre ambos países”. 

Esta maniobra de la Armada Argentina está representada exactamente en la película “La Dama de Hierro”, cuando Margaret Thatcher -la entonces primera ministro del Reino Unido- es asesorada por el gabinete de guerra en Londres sobre el peligro que ese pinzamiento representaba sobre su propia armada. Continúa Miguel: “Ambas flotas nos habíamos detectado; en el caso del grupo del portaaviones, navegábamos hacia el noreste de las Malvinas y nuestros aviones Tracker tenían en sus radares la posición de un grupo importante de sus barcos. A la vez, Harrier ingleses habían avistado nuestro portaaviones y submarinos nucleares habían iniciado la búsqueda para atacarlo y hundirlo. Todo el 1° de mayo fue de una gran tensión. Ese mismo día, el comandante de la Armada dio la orden de preparar un importante ataque con nuestros aviones A-4Q Skyhawk, que debían ser lanzados con 8 bombas de mil libras”.

El portaaviones 25 de Mayo nave insignia de la Armada Argentina durante la guerra de las Malvinas.

EL VIENTO, CLAVE. En la madrugada del 2 de mayo, los pilotos de A4-Q de la Armada estaban listos para su misión. Sin embargo, el mar amaneció totalmente planchado; el viento estaba completamente en calma, algo absolutamente inusual en el Atlántico Sur. En esas condiciones, los aviones argentinos no podrían despegar del portaaviones tal como estaban armados con sus bombas de mil libras más el peso del combustible. Al respecto, Miguel explica: “Para que los aviones pudieran despegar, se necesitaban al menos 24 nudos –de viento relativo en la cubierta de vuelo- y el portaaviones sólo tenía poco más de 14 nudos de velocidad. Si hay viento en contra se lo usa a favor y se suma a la velocidad del buque al momento en que los aviones están a su máxima potencia y listos para ser lanzados por la catapulta del portaaviones”. La catapulta es un sistema por el cual se asiste el despegue de los aviones, con el fin de que alcancen la velocidad necesaria para despegar en el corto recorrido de la pista de un portaaviones.

Las horas de aquel 2 de mayo transcurrían y las condiciones del viento seguían siendo desfavorables. “Se pensó en reducir a la mitad la cantidad de bombas para que los A4-Q volaran más livianos, resignando así el posible daño a la flota británica, pero igualmente el viento no era adecuado”, agrega. 

EN LA MIRA. Mientras en el 25 de Mayo sentían la frustración por la imposibilidad de concretar el ataque, el portaaviones argentino continuaba siendo rastreado por uno de los submarinos nucleares británicos, el Splendid, que llegaría a tenerlo en la mira. El mismo 2 de mayo, a las 16.01, otro submarino enemigo, el Conqueror, le disparaba tres torpedos al Belgrano, dos de los cuales impactaban en la nave provocando su hundimiento y la pérdida de 323 vidas, la mitad del total de bajas argentinas durante la guerra de las Malvinas. 

En las dramáticas horas de rescate de los sobrevivientes del ataque al Belgrano (770 tripulantes), que fue ejecutado aún con el barco argentino fuera de la zona de exclusión, el 25 de Mayo recibió la orden de retirarse junto con sus barcos escoltas a aguas más seguras, de menor profundidad, próximas a la costa argentina y donde los submarinos nucleares británicos no pudieran navegar. 

En su repliegue y con fallas en su sistema de propulsión, continuó siendo apuntado por el Splendid, y se dice que si Gran Bretaña no lo atacó fue por el costo político y las repercusiones internacionales adversas que hubiese tenido su hundimiento en pleno mar argentino. 

Los aviones y helicópteros del 25 de Mayo fueron desembarcados y operaron durante el resto de la guerra desde bases en el continente.

Walter Peralta, tripulante cordobés del 25 de Mayo, se refiere a lo que pudo ser aquel ataque al portaaviones: “Hubiese sido una gran tragedia. Sin dudas. A bordo del portaaviones, las rutinas de seguridad y relacionadas con un eventual abandono del barco eran extremas. Nos advertían que desde donde dieran los torpedos avanzaría el fuego en efecto dominó hacia el resto del buque. Por las explosiones que se darían en los depósitos y conductos de combustible y aerocombustible, por las salas de torpedos y bombas. Es muy probable que no hubiese habido sobrevivientes”.  

Finalmente, Peralta reflexiona sobre lo vivido. Sobre la guerra y la posguerra. Sobre el destino que les tocó a los marinos del portaaviones 25 del Mayo y a los del crucero General Belgrano; al de los fallecidos y al de quienes sobrevivieron a la guerra y enfrentaron la posguerra, que ya lleva 35 años. “Les tocó a mis compañeros del Belgrano. Podríamos haber sido nosotros. Tal como pasó en las mismas islas, entre los combatientes: hubo gente que la pasó muy mal, otra que la pasó mal y otra que la pasó no tan mal. Lo que vivimos hoy los veteranos, respecto del miedo, la ansiedad, la angustia, tiene que ver con cómo la pasó cada uno en la guerra, en qué situación estuvo. Pasan los años, uno ve a sus hijos crecer y eso debe ser nuestra motivación. Y siempre, el recuerdo de los caídos. Ellos son los héroes más que nadie”. 

DATOS, APOSTILLAS

El 25 de Mayo, construido por un astillero británico entre 1942 y 1945, fue adquirido en 1968 por la Armada Argentina, que lo recibió tras una actualización completa del buque por Holanda, su dueño anterior. Navegó operativamente por última vez en 1998, antes de ser vendido por 300 mil pesos para desguace.

“Fue realmente muy triste saber que el 25 de Mayo iba a ser desafectado y después vendido para chatarra”, recuerda Gabriel, quien fue piloto de helicópteros en el buque. Tras la baja de la nave insignia, nuestro país no volvió a tener portaaviones.   

El 25 de Mayo llevaba 8 aviones de caza Skyhawk A-4Q, que armados con 8 bombas de mil libras estuvieron listos para un gran ataque a la flota británica el 1° de mayo del ´82. Sin embargo, las condiciones climáticas ese día impidieron la misión. Y tras el hundimiento del Belgrano se retiraría.

Walter Peralta, tripulante, recuerda: “Recorrer de punta a punta el portaaviones por su estructura interna llevaba unos 25 minutos. La nave tenía 210 metros de largo por 26 de ancho en su cubierta. La torre de control, unos 30 metros de alto. Las rutinas de seguridad eran extremas”.

Tapa de La Voz del 2 abril de 1982 con el portaaviones 25 de Mayo destacado.

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