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Córdoba

El lobizón lucha por sobrevivir

Su especie corre peligro y quieren reproducirlo en cautiverio. Especialistas advierten que su casa está siendo desforestada y sus hijos deben volver a poblar su tierra.

Se llama Jerónimo, y es tan cordobés como su nombre. No se trata de una persona, es más bien alguien que conocimos hace poco en el Zoo Córdoba: el aguará guazú, más famoso como el “lobizón de Mar Chiquita”. Este personaje está metido hoy en medio de una novela digna de un prime-time nocturno y seguro su historia va a tener más rating que la novela de Canal 12, Lobo, porque le cargaron una pesada y simbólica mochila: la de procrear para salvar a su especie ¿pero con quién?

El aguará guazú es considerada por la Secretaría de Ambiente de la Provincia como una especie en vías de extinción. Jerónimo, el ejemplar de Zoo, tiene dos nuevas compañeras desde hace un mes y medio y con ellas deberá cumplir la tarea que le encomendaron.

Esta novela de amor canino tiene un fuerte entretelón veterinario, y es que no cualquiera de las dos hembras podrá ser justa merecedora del amor del noble y tímido Jerónimo. Para eso, una prueba marcará los designios del amor: las chicas deben someterse a un test de genética para que los veterinarios del Zoo puedan definir cuál se queda con el aguará.


El análisis es para determinar qué relación existe entre los tres animales, es decir, para que Jerónimo no se meta en un culebrón de aquellos y se entere más tarde que le estaba “tirando los perros” a una prima o una hermana, típica historia de novela mejicana.


Proteger al aguará. El aguará guazú es una especie que desde 1930 se la creía extinta en Córdoba, pero desde hace 20 años, investigadores que trabajan en la zona de la laguna Mar Chiquita y los bañados del Río Dulce, comenzaron a divisar huellas y heces en la zona, a escuchar relatos de gente que lo había visto, lo que despertó el interés de especialistas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

El aguará no es cualquier bicho. Jerónimo y los suyos por venir tienen el orgullo de ser el cánido más grande de sudamérica. Su hábitat se extiende por el litoral argentino y llega hasta Paraguay y Brasil. Su nombre, en guaraní, lo ubica en el lugar que le corresponde: aguará (zorro) guazú (grande).

Ricardo Torres, biólogo de la UNC, integra el grupo de investigadores que comenzó a estudiar la especie y que próximamente publicará una investigación en una revista científica especializada en mamíferos.


El trabajo, basado en modelos matemáticos de cambio climático, las características del animal y su hábitat, advierte sobre una seria retracción para el 2050 del medioambiente donde viven estos bichos.


“La única forma de preservar las especies en peligro es cuidando el hábitat donde se mueven, porque estos animales entran cada vez más en contacto con el hombre por la avanzada de la deforestación en todo el continente, entonces es ahí cuando son cazados o mueren atropellados en las rutas”, explica el especialista.


Los investigadores destacan que para preservar al aguará tiene que crearse una red de reservas forestales entre las zonas que habita el animal.


“En promedio, los territorios más grandes de aguará tienen 91 kilómetros cuadrados. No dejar aisladas las reservas permite las migraciones de ejemplares para la reproducción, ayuda a mantener la calidad genética, que no estén todos emparentados, y facilita los desplazamientos en busca de alimento, sino los animales quedan encerrados en islas”, argumenta Torres.


La distribución más austral del aguará guazú llega hasta
el norte de Córdoba. La Secretaría de Ambiente de la Provincia tiene un plan de conservación de la especie y además está trabajando en conjunto con la fundación del parque Temaiken.

Juntos, en 2010, liberaron un ejemplar rescatado del cautiverio y hoy es controlado por un collar de radiofrecuencia. Claudia Zana, del departamento de Fauna de la secretaría, asegura que el monitoreo muestra que el animal se adaptó a la vida en libertad.

Desde esa cartera también trabajan en conjunto con el Zoo con el proyecto de Jerónimo, y aseguran que la misión de procreación y liberación es posible pero lleva su tiempo.

“Son procesos largos, primero los ejemplares tienen que ser compatibles, después tenemos que esperar que procreen, que se eduque a la cría para ser liberada y que se den todas las condiciones sociales y ambientales. Se puede dar que tengan una cría rápido o no, y puede pasar que ese animal no esté nunca en condiciones de ser liberado”, explicó Zana.


La entrega de Jerónimo es heroica. Su vida será para una novela porque ya está escrita: después de conocer el amor, nuestro aguará deberá entregar a su primogénito para el bien de su especie y de todo el ecosistema.
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Especies que son bandera
Al amparo del cuidado de una especie hay muchas otras que se benefician. Protegiendo al aguará guazú los biólogos se aseguran de cuidar todo su entorno. Por eso, las especies animales vulnerables más “carismáticas” son consideradas “banderas”. Los especialistas aseguran que no hay especies más importantes que otras. “Es más fácil obtener ayuda para cuidar a un flamenco que una ratita que también está amenazada”, analiza Torres. Cuidando a los más grandes se beneficia la cadena completa. “Protegiendo al aguará salvamos a plantas y animales de los que se alimenta, a su hábitat”, agregó Zana.

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