?>
Córdoba

Libros, las naves de Sol Naciente

Una enfermera del dispensario del barrio y la vicedirectora de la Primaria quieren abrir una biblioteca para que los niños de la zona “conozcan el mundo”. Buscan donaciones y un lugar para instalarse.

Con pasión, Silvia devoraba los libros que tenía cuando era pequeña. A su madre le molestaba que por las noches hubiera luces prendidas en la casa, entonces cuando llegaba la hora dormir reinaba la oscuridad. ¿Cómo cortar un viaje justo cuando recién empezaba? Nada iba a detener a la pequeña Silvia. Lo tenía todo planeado: su guarida estaba debajo de su cama, ahí escondía una vela para iluminarse, con las sábanas armaba una muralla para que la luz no perturbara la penumbra de su hogar y empezaba un recorrido mucho más fascinante por esas aventuras que avanzaban hoja a hoja, capitulo a capitulo.

Julio Verne era el guía de esta temeraria lectora en esos fabulosos mundos de ciencia ficción, de viajes al centro de la tierra o submarinos construidos de palabras que derrumban estructuras. Justamente esto último es el sueño de Silvia, quien lucha todos los días para poder abrir una biblioteca popular en Sol Naciente que apuntará a que los chicos del barrio no crezcan creyendo que su mundo sólo es ese barrio en el abismo de la ciudad o una travesía prohibitiva de más de una hora hacia el Centro.

Silvia Agüero es enfermera en el Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) de Sol Naciente. Hace ocho meses que trabaja en el barrio después de más de 10 años de servicio en el Hospital de Niños. Ella lo deja en claro: los niños son su preocupación. Desde febrero, comenzó su lucha decidida para poder abrir la biblioteca.

Los primeros estantes se armaron en el CAPS. En un rincón de la sala de espera de este tenue lugar, iluminado de blanco fluorescente, los colores de los lomos y las portadas de libros y revistas ganaban la atención de los pequeños que llegaban con sus mamás.

Fue lo que le dio el primer impulso a Silvia para pensar en armar algo más grande. Mientras pensaba cómo, en la Plaza San Martín otra soñadora como ella decidía liberar libros, y ahí fue a atraparlos.

“Ya quedaban poquitos porque me enteré tarde, pero conocer a Valeria (quien tuvo la idea de donar parte de sus libros para que otros los puedan seguir leyendo) y escuchar sus consejos fueron de mucho valor para seguir adelante con el proyecto”, cuenta la enfermera.

La comunidad del libro. Esto fue apenas el inicio de este camino que comenzó a transitar Silvia para difundir la lectura en Sol Naciente. En el barrio se encontró con Tiana Alonso, una de las vice directoras de la escuela Recalde, quien se convirtió en su ladera inseparable.

Tiana aportó todo su conocimiento para poder ir moldeando el perfil que le darán a la biblioteca. Y acá es donde comienza la parte más escarpada de esta aventura: la de poder conseguir un mínimo apoyo del Estado.

Muchos libreros y lectores voraces se fueron sumando al proyecto, que ya cuenta con la cantidad suficientes de libros como para comenzar a trabajar con la comunidad, se recibieron varias donaciones, pero todavía falta algo clave: el espacio físico desde donde se le abrirá a los chicos del Sol Naciente una puerta al mundo de la imaginación y el conocimiento.
En la biblioteca de la escuelita Recalde se guardan cajas con los ejemplares donados, y desde allí Silvia y Tiana le dan identidad al proyecto. La primera etapa consiste en comenzar a prestar y recomendarle libros a las mamás y a los chicos del barrio cuanto antes. Por eso, en los próximos días Silvia se instalará en la escuela después que termine su turno en el CAPS para atender a los niños curiosos.

En paralelo, se comenzará a capacitar a las familias del barrio que quieran sumarse al proyecto para que colaboren con el futuro espacio, tanto en su administración como funcionamiento.
De tanto golpear puertas, Silvia va consiguiendo cada vez más cosas para concretar su sueño y logró que el colegio Mantovani le donara una computadora con un sistema de gestión de biblioteca para ir organizando el archivo de libros. La frutilla del postre sería que desde el Gobierno de la Provincia se ponga en movimiento para conseguir el lugar donde funcionará todo. Lo deseado, es que sea en el bloque de locales comerciales que tiene el barrio para resignificar y apropiarse de un espacio que está abandonado y vandalizado.

Cultura naciente. La fragmentación social que provocó la puesta en marcha de los “barrios ciudad” hace más de 10 años todavía está latente en las calles de Sol Naciente. Cuando Silvia y Tiana hablan eso queda plasmado en sus palabras. Que los chicos del barrio puedan derrumbar esas barreras a través de la lectura es la misión que se han impuesto.

Tania habla “del afuera” como si el barrio estuviese dentro de un domo o como si fuera parte de un reality show. Silvia expresa que entra a Sol Naciente cada vez que va. Son conscientes de sus palabras y consecuentes con sus acciones, porque quieren que ese sentimiento desaparezca.

“Creemos que con la lectura los chicos del barrio sepan que esto no es lo único que existe y estimularles la imaginación y la curiosidad. Encaramos el proyecto porque la comunidad lo demanda, porque ya tenemos muchos chicos lectores, incluso ex alumnos de la primaria que se acercan a la escuela a buscar textos y creemos que en los libros como una proyección de la cultura, como herramienta de alfabetización”, cuenta Tania.

Silvia, la más soñadora de esta dupla, tiene una visión más romántica. Ella quiere que la biblioteca sea un espacio para fortalecer los lazos entre los vecinos dentro del barrio y también un lugar donde padres e hijos “se puedan encontrar cara a cara” para compartir la experiencia de iniciar un viaje de conocimiento a través de cada página.

Sumate a la conversación
Seguí leyendo