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Córdoba

La otra pasión del ministro Walter Robledo

Walter Robledo está a cargo del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Provincia. Una de sus otras pasiones lo saca de la tierra y lo tira al agua: es fanático del buceo.

Por Fabricio Esperanza

Cuando se le consultó por sus otras pasiones, el actual ministro de Ciencia y Tecnología de la Provincia, Walter Robledo, no dudó en responder que tiene varias. Y aunque lo primero que puso sobre la mesa fue su actividad como productor (es ingeniero agrónomo), sonrió y luego de unos segundos se tiró, casi literalmente, al agua: “En realidad, algo que me gusta mucho y que practico es el buceo”. Y lo dijo así, como si dijera que le gusta prenderse a un picadito todos los jueves.

Robledo recibió a Día a Día en su habitual despacho del ministerio que preside desde que asumió en el gobierno la administración de Juan Schiaretti, y durante la charla contó que a pesar de su agenda, cuando puede se hace un tiempo para practicar la actividad. También recordó su temprano paso por el fútbol (llegó a jugar en la reserva de Talleres), y mencionó como un dato más que está haciendo un curso de piloto.

–Bucear no es una actividad para nada común. ¿Cómo comenzaste en esto?
–Hace mucho que practico buceo. Todo empezó cuando ingresé a la Facultad de Agronomía. Yo jugaba al fútbol, empecé en Universitario y después en Talleres, donde llegué hasta la reserva. Al estudiar, no me daban los tiempos porque además había entrado a trabajar en el Banco de Córdoba. Tuve que dejar. Entonces, un día mi primo me dijo de un curso de buceo que hacía la Dirección de Deportes de la UNC. Se daba lunes, miércoles y viernes a la noche en el Manuel Belgrano. Así que ahí fue cuando me enganché.

–¿Se requiere de alguna condición física en particular para practicarlo?
–La práctica del buceo requiere, sobre todo, de mucho autocontrol. Por ejemplo, en el curso, el primer año se desarrolla lo que es la apnea: técnicamente, la base de esto es la suspensión voluntaria de la respiración en el agua mientras se recorren distancias o se desciende, y uno se familiariza con el uso del snorkel y otras cuestiones. Recién después se empieza con el equipo autónomo de buceo.

–¿Y tenés todo el equipo necesario?
–Mirá, todavía tengo, y las usé hasta no hace mucho, las aletas, el visor y el snorkel. Pero ahora tengo en mi casa tres equipos completos, tres tanques y un gomón que llevo adonde me vaya a bucear. Me terminé de armar todo. Durante 15 años, todos los sábados y domingos salía a bucear. Claro que ahora no lo hago tan seguido por el trabajo y por un problema de salud que tuve y que requirió una operación en la aorta. Después de eso, que fue en 2008, sólo hago apnea y no bajo con equipo autónomo. Ahora tengo que hacerme unos estudios para ver si estoy en condiciones de hacerlo nuevamente.

–¿En dónde te tiraste al agua?
–En todos los lagos que hay en Córdoba hice buceo, pero además he ido a muchos lugares del mundo, por suerte. Estuve en la isla Fernández, Chile y Brasil completos, México, Santa Marta, en los Cayos, las Galápagos, la Isla de Pascua, en San Andrés, que fue el lugar donde más profundo me sumergí, unos 40 metros.

–¿Ahí es donde se necesita autocontrol?
–Y también mucha práctica y estudio. La presión se tiene que ir compensando. Por cada 10 metros que bajás, el volumen de aire se reduce a la mitad, y los líquidos, los músculos, todo se comprime. No lo sentís en el cuerpo, pero sí en los oídos. Para subir, tenés que hacerlo a una velocidad menor de la que suben las burbujas, hay que conocer la fisiología del buceo, los tiempos, hay que hacer paradas de descompresión, hay tablas que se estudian para eso. Si hacés algo mal te puede dar una embolia, por ejemplo.

–¿A qué lugar te gustaría ir para hacer buceo?
–Hay un par de sitios a los que alguna vez me gustaría ir: la barrera coralina de Australia y el Mar Rojo. Dicen que el Mar Rojo es un lugar bellísimo. Y por mencionarte uno de los lugares a los que más fui, Puerto Madryn. Cuando hicimos el curso fuimos ocho años seguidos, y en esa época en esa zona no había nada. En esa parte, Península de Valdez, Puerto Pirámides, Punta Pardelas, les enseñé a bucear a mis hijos cuando eran chicos.

–¿Alguna vez pasaste una situación de riesgo?
–Algunas veces me han pasado situaciones en las que me asusté un poco. Pero una de las cosas que se aprenden en buceo es a manejar las situaciones de estrés, la claustrofobia. Nunca hay que perder la calma ni entrar en desesperación.

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