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Córdoba

La otra pasión de Ximena Salkind

Ximena Salkind conduce el programa Insensatos, de lunes a viernes por Canal 10. La otra pasión de esta morocha escultural es el tango: se define como una “milonguera”.

Por Fabricio Esperanza

Ni el Bailando de Tinelli tuvo una producción como la que se preparó para esta nota. El lugar, elegido por la protagonista, fue la Escuela de Tango de Adriana Laplaca, y en la mesita del hall esperaban, ataviados al estilo compadrito como para gastar el salón, los bailarines Daniel Toloza y Armando Pastorino. Un rato después, puntual, llegó la morocha Ximena Salkind, una escultura que eleva 1,74 desde el piso y más de 1,80 en tacos. Como para intimidar al más “cabeceador”. Producida con un gran trabajo de make-up de su amiga María, bajó del auto arrastrando un par de vestidos que se compró en el transcurso de estos seis años y monedas que lleva firuleteando cortes y quebradas.

Cara visible de las siestas de Canal 10 al frente del programa “Insensatos”, Ximena descubrió el mundo del 2x4 casi de casualidad, arrastrada por un pedido de su viejo. “Una noche me llevó obligada a una clase en El Arrabal, y como él estaba atravesando una situación personal particular, lo acompañé. Hasta ese momento no me interesaba el tango, ni lo escuchaba y mucho menos lo bailaba. Y cuando llegué, esas primeras clases con gente extraordinaria me metieron de lleno, me enamoré del tango. Desde ahí, me acompaña en todo: en el auto con un CD, en mi casa y cuando voy a milonguear”, cuenta Xime.

–¿Vas muy seguido?
–Ahora bajé la frecuencia, porque tengo dos chicos, un marido, el laburo. Más o menos cada 15 días. Voy sola o con amigos, esas salidas son “mis permitidos”, ¡jajaja!

–Ajá. ¿Y cómo se maneja eso?
–Hay que negociar, che. Me fijo en la fecha y entonces empiezan las paritarias, se debate, se ponen salidas de uno y otro sobre la mesa, en fin. Pasa que vengo un poco desfasada de mi parte. A veces se complica por inflación y hay un proceso de ajuste, pero todo bien.

–¿Le enganchaste de entrada al baile, o te costó?
–No, me costó. Pero encontré gente muy generosa, grandes bailarines que me tuvieron mucha paciencia y esa fue la clave. Y hoy, que le agarré un poquito la mano, trato de devolver eso. Ahora, tengo que aclarar algo: yo soy milonguera, no soy bailarina. Me gusta ir a bailar, a divertirme... Las bailarinas ya son unas genias y lo hacen profesionalmente.

–¿Qué tiene el tango de magnético para vos?
–Te llega al alma, se te pega en la piel. Creo que esto le pasa a muchos, cuando lo empiezan a sentir, ya no se puede dejar y ese amor se manifiesta de muchas formas: hay gente que va a la milonga y no baila, simplemente observa. El tango es mi cable a tierra y un espacio que trato de cuidar. En los medios estás expuesto a los comentarios, es parte de la tarea, por eso nunca hablo de esta pasión. Esta charla es como una excepción.

–Se agradece... ¿Y cómo se da el baile en una milonga?
–Como el tango me ha dado grandes amistades, muchas veces voy con ellos. Uno vino ahora, Armando, y Santiago es el otro. Vamos juntos y como son muy buenos bailarines, disfruto mucho. No obstante, he ido sola muchas veces, y ahí es simple: espero el cabeceo y a bailar nomás.

–¿Cómo es la movida del tango en Córdoba?
–Hay un mito de que el tango es para viejos, porque hay muchísimos jóvenes, y tenés lugares de lunes a lunes, es intenso y fui a todos. También tuve la oportunidad de vivir un año en Europa y bailé en milongas de Francia, de Bélgica. Con mayor o menor intensidad, con sus altos y bajos, desde hace casi siete años siempre estuve conectada al tango.

De vestuarios y anécdotas. “Aquí en Córdoba hay una casa que se llama La Morocha, donde se consigue la ropa, los vestidos o el calzado. Estos dos vestidos y todos los accesorios vienen de ahí. Cuando voy a milonguear salgo vestida así y lo único que me pongo en el lugar son los zapatos, que llevo en un bolsito”, detalla Ximena cuando se la consulta por el doble cambio de vestuario para la producción de fotos.

–Contá una anécdota que te haya dejado el tango.
–Logré alojamiento en Bélgica, en lo de una chica. Nos contactamos vía Internet, y ya cuando nos habíamos hecho amigas, me dijo que me alojó porque en mi perfil había puesto que era Argentina y que me gustaba el tango. Con ella, en Amberes, nos fuimos con 10 grados bajo cero en bici a una milonga. Y te digo: allá bailan muy bien. Aunque claro, no tienen la sangre y la pasión del argentino.

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