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Córdoba

La otra pasión de Willy Magia

Guillermo Massa es conocido por su nombre artístico de Willy Magia. Pero antes de dedicarse a eso, se recibió de abogado, profesión que también ejerce.

Entrevistar a Guillermo Massa para un bloque de entrevistas con eje en “la otra pasión” es meterse, como mínimo, en una situación paradójica. Porque la idea es charlar con alguien reconocido en cierto ámbito para hablar de otros gustos, placeres o hobbies.

Pero con Willy Magia, tal su nombre artístico, uno se sienta a dialogar con un tipo que supo hacerse ver laburando de mago, cuando mucho antes había colgado en la pared un título de abogado. Es decir que la otra pasión se convierte, en este caso, en prioridad y al mismo tiempo causa de su reconocimiento.

“A mí el bichito de la magia me agarró de grande y de golpe, porque empecé después de haberme recibido. Yo terminé la carrera en el 2009 llevándola prácticamente al día. Vengo de familia de abogados: mis tíos, mi abuelo, mi viejo, dos de mis hermano y yo. Solo al más chico se le dio por la arquitectura”, cuenta Willy.

-¿Y quién es la oveja descarriada, tu hermano arquitecto o vos que hacés magia?

-¡Jaja! Capaz que yo. Pero ojo que ejerzo la profesión en un estudio. Siempre me interesó el Derecho, más allá de ese contexto familiar. Es una profesión que te da muchas cosas, creo que te sirve para todos los días de tu vida.

-¿Pero sos un abogado que hace magia o un mago que ejerce de abogado?

-Hoy en día, soy un mago que además trabaja de abogado. Y te decía recién que fue todo muy de golpe, porque de repente y casi sin pensarlo me encontré haciendo temporada en Carlos Paz con el Flaco Pailos, giras, teatros y actualmente tengo mi propio show que lleva tres años y por suerte con éxito. Entonces, me requiere la mayor parte de mi tiempo y mis energías.

-Otros magos cuentan que de chicos se fascinaban con los trucos. ¿Cómo fue que a vos se te dio de grande meterte en el tema?

-Es verdad, es muy particular. Siempre escuchás que empezaron porque vieron un show o porque les regalaron un juego de magia. A mí de chico me rodearon en todo caso con leyes y el Código Civil. No sé, de grande me agarró eso de ponerme a estudiar en serio la magia en una escuela. Creo que se trata de resignar un poco el asombro para poder asombrar a los otros. Un día le hice el truco de desaparecer una moneda a un quiosquero, y me quedó grabada esa reacción mezcla de asombro con sorpresa.

-¿Cuál es el secreto para ser un buen mago?

-Creo que la cosa no pasa tanto por los trucos en sí, sino por todo lo que los rodea: el manejo del escenario, del público, los movimientos, cómo se transmite. Hay muchísimos magos en el mundo que hacen el mismo truco, pero no todos logran el mismo efecto.

-¿Cómo reaccionó tu familia con todo esto?

-Mirá, están chochos. Yo siempre fui muy inquieto, hice cursos de lo que se te ocurra, hasta que encontré la magia. Al principio todos, incluidos amigos y conocidos, me miraban con una cara como diciendo: “¿mago, vos?”. Hasta que vieron que lo tomé en serio y que me empezó a ir bien. Pero me van a ver y son mis críticos más grandes, se ponen más nerviosos que yo en los shows.

-¿Cómo es un día tuyo entre la magia y la abogacía?

-Arranco bien temprano con actividad física y a las ocho y media ya estoy en el estudio, después Tribunales y corto temprano, cerca de las cuatro. Pero mi cabeza está todo el día pensando en magia.

-¿Nadie te pidió hacer desaparecer un expediente?

-Varios ¡jaja! Por ahí en Tribunales ya me empiezan a conocer con esta otra faceta y algún juez me tiró el chiste ese, de que no le haga desparecer las pruebas.

-¿Ahora qué estás haciendo?

-Tengo mi espectáculo para toda la familia, los viernes en Estación Güemes. Y hay proyectos para salir de gira con ese ciclo, además de una idea que me anda rondando: poner en escena algo grande, en un escenario como el Orfeo o el Espacio Quality, si bien ya hicimos una puesta en el Teatro Real y la verdad que me fue bien.

 

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