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Córdoba

La otra pasión de Matías Barzola

Matías Barzola es conocido por sus emotivos relatos de los partidos de fútbol. Pero tiene otra pasión relacionada con la improvisación y el chamuyo: el stand up.

Por Fabricio Esperanza

A cualquiera que sea hincha de alguno de los equipos cordobeses que militan en los torneos de AFA, seguramente alguna vez se le puso la piel de gallina al escuchar el relato de un gol, o una emotiva introducción del partido, a cargo de Matías Barzola. Lo de este tipo cae de cajón en la historia del chaboncito de pueblo que cumple el sueño de llegar a la city y se consagra haciendo lo que le gusta. Aunque eso que le gusta a Matías, él mismo lo define como “un montón de boludeces”. Con apenas 36 años, este oriundo de la localidad de Jovita, en el interior del interior de Córdoba, está en el staff de Mentes Salvajes por Canal 10, tiene su programa en Radio Sucesos y ya estampó su marca registrada en el mundo de los relatos deportivos, con un público fiel que lo escucha y que también lo sigue en esta nueva locura de las presentaciones de stand up. La otra pasión de un tipo apasionado...

–Barzola, ¿de dónde saliste estandapero vos?
–Mi madre suele preguntarme eso. Es más, insiste en que me busque un trabajo serio. Cuando me pregunta donde estoy, le digo que en Santa Fe relatando un partido, o dando clases, o entrando al programa de tele, o preparando una función… Entonces me reprocha que por qué hago tantas pelotudeces.

–¿Y por qué las hacés?
–Porque tengo ganas. Pero de verdad tengo ganas. Sospecho que esto de darle una ocupación integral a mis días tiene que ver con el hecho de que no quiero ponerme a pensar por qué soy un fracaso en otras cosas, con las mujeres por ejemplo ¡jajaja! A los 36 tendría que tener una familia, llegar a casa y ver a los chicos, y no tengo nada de eso.

–¿Pero cómo se te ocurrió lo de armar un show?
–Fue un día con un amigo, el Nico Bustamante, que es cantante de Malpaso, los dos ebrios en el jardín de un hotel. Él estaba con la guitarra y le dije que me gustaba lo que hacía. Y él me dice que le gustaba lo que hacía yo en la radio, por las frases callejeras, por esa cosa media loca. Entonces fue mirarnos y platearnos por qué no preparábamos algo.

–¿O sea que fue un arranque etílico, por así decirlo?
–Tal cual. Y no me preguntés cómo, pero terminamos con una puesta en el marco de los 400 años de la UNC: “De relatos y canciones” se llamó. Imaginate, un lugar de culto de donde surgieron hechos históricos, y nosotros ahí. Explotó, repusimos, y nos propusimos desarrollar algo más comercial; pasamos al Quality con “Que sea lo que Dios quiera”, y apareció el stand up. Camilo, un tipo de ideas peligrosas, me sugirió que me metiera. La idea era hacer algo parecido a lo que hago en radio, pero en un bar.

–Trasladarse de ámbito, nomás.
–Claro, y agregamos una viola, de pronto te caía el Negro Videla, o la Pepa Brizuela, o Lisandro, o Ulises… Entonces se armó eso lindo de estar tomando una birra, hablar de estas cosas que nos gustan y hacer temas, interactuar con la gente. Le encontramos la vuelta. Porque también pasa que mucha de la gente que va a verme es la que me escucha en la Sucesos, y lo que tiene esa radio es que el público tiene una fidelidad a prueba de balas.

–¿Le metés guión a todo?
–Sí, son cosas que escribo, pero lo mejor siempre surgió de cosas espontáneas. Un día cayó Ulises Bueno, y contó que tenía mascotas. ¿Vos qué pensás que tiene de mascota uno de los cuarteteros que más llena, un tipo de la noche? Un doberman, un dogo… No, boludo: ¡un micro toy tiene! La gente se mataba de risa.

–Y tu vieja, que te dice que parés de hacer giladas, ¿te fue a ver?
–Síííí, mi vieja es mi mejor oyente. Viene a verme desde Jovita, se emociona. Te digo algo: muchas de las cosas que hago las hago por ella. Yo vivía en un monoambiente con un amigo, tres por tres, rozaba la indigencia ¡jaja! Y un día cayó mi vieja, y ella respetaba ese estado de semiabandono. Pero me di cuenta que tenía que vivir en un lugar mejor, por mí y por ella. Recién ahora le pude pagar un par de vacaciones, quiero que se ponga contenta con lo que hago, trabajo por ella. Arribé a esa conclusión.

–¿Qué te acordás que haya pasado fuera de lo común en alguno de los shows?
–Y… ¡mi vieja! Que me hacía señas en el medio del público para que me calle la boca porque lo quería escuchar a Ulises. Se vino de Jovita para verme y me decía que me calle la jeta. Yo le decía: “Pero vieja, ¡me viniste a ver a mí!”.

Matías Barzola tiene 36 años, 15 menos que su madre, a la que califica de “hermana”. Es el tipo que hace llorar a los hinchas cordobeses con sus relatos. Participa en Mentes Salvajes, por el 10, y tiene su programa en Radio Sucesos. Ahora payasea haciendo stand up.

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