?>
Córdoba

La otra pasión de La Bicho Carla Dogliani

Carla Dogliani está en boca de todos gracias a su personaje de La Bicho. Pero también tiene otra pasión relacionada con su trabajo: la docencia en el teatro.

Por Fabricio Esperanza

El nombre –y el rostro– de Carla Dogliani quizá no remitan a una persona que sea reconocida de manera inmediata en el común de la gente. Pero si a ese rostro que carga una sonrisa permanente se le planta un toque de maquillaje y se le tapan un par de dientes, y al cabello rubio y alisado se lo lookea con una peluca de pelos desarreglados color morado, entonces cualquiera que pase por la calle sabrá quién es ese personaje. Sobre todo si comienza a contar sus anécdotas cotidianas y las peripecias que tiene que pasar con su pareja, un tal Pejo. El alter ego de Carla es nada menos que La Bicho, cordobesaza y bien de barrio, que saltó a la popularidad a través de un audio viralizado en WhatsApp. A ese laburo que cada vez es más nutrido, Carla le suma su pasión por la docencia de teatro.

–Brevemente, ¿qué pasó antes de La Bicho?
–Uff, muchas cosas. Terminé el cole con la idea de estudiar Psicología o Abogacía, y me quedé con la primera. De forma paralela, desde los 12 años hice talleres de teatro, aunque siempre por diversión. Después de tres años estudiando y con buenas notas, me di cuenta que los sábados, día en que asistía a un taller teatral, era el momento más esperado de la semana, cuando más feliz me sentía. Y coincidió con una crisis en que se te caen todas las estructuras: terminé un noviazgo, me peleé con mi familia, un quilombo, ¡jaja! Empecé Teatro mientras laburaba para vivir y me sinceré conmigo, lo mejor que me pudo pasar.

–¿Y cómo llegás a esta otra pasión por la docencia?
–Porque en tercer año ya te habilitan para trabajar en instituciones privadas, dando clases de teatro. Y lo que tenemos los profes de teatro es que somos muy activos y siempre andamos proponiendo actividades: jornadas con los padres, con los abuelos. Me gusta escribir obras, así que en los jardines donde estaba con pequeños preparábamos estas acciones colectivas para fin de año. También tengo un taller para adultos y doy en un cole secundario.

–¿Cómo se labura con los más pequeños?
–Es una cosa increíble. Yo trabajé con salitas de 1 y 2 años, imaginate, y es un milagro cómo se enganchan. Se entra en el código del juego puro, en lo lúdico, y uno que roza la línea de la locura, se mete de lleno en ese juego: si los chicos decían que estábamos en un avión, estábamos en un avión...

–¿Seguís con mucha carga horaria dando clases o tuviste que dejar algo?
–No, tuve que dejar los jardines, pero continúo con el cole y el taller porque es un cable a tierra impresionante. El encuentro que se da en el aula es muy puro, los chicos son espejitos, porque uno mismo se va conociendo al frente de ellos. Pero lo bueno es que tuve que dejarlos para hacer más teatro, y eso lo logró La Bicho, por supuesto.

Bichito. Carla y La Bicho se confunden en una, y ambas suenan intensas por igual. Aunque son bien distintas...

–No queda claro cuál sería la otra pasión. ¿Qué te gusta más, la clase o el escenario?

–¡Uy no sé cómo responder eso, jaja! Es como si le preguntaras a una madre a cuál hijo quiere más. Amo las dos cosas y las dos requieren mucho compromiso, pero el escenario tiene como plus, una droga, que es el aplauso, y creo que el momento para eso es ahora y La Bicho, por suerte, me lo está permitiendo.

–¿Cómo es pasar de un día para el otro a la popularidad?
–No caigo mucho, a decir verdad. Y eso me ayuda un poco, siempre les digo a las personas que quiero, que si en algún momento notan que me la creo aunque sea un poquito, que me bajen de un hondazo. Ahora no salgo de la sorpresa, estoy fascinada con lo que sucedió a través de las redes sociales.

–¿La Bicho existe?
–¡Sí, jaja! En realidad está creada sobre una señora que iba siempre a un vivero y la fui observando, y con técnicas de composición fue quedando el personaje, primero bajo la dirección de Damián Sarfatti y después con agregados míos.

–¿Tenés alguna obra actualmente en cartel?
–Sí, La Bicho nunca había tenido una obra para ella misma, siempre participó en distintas puestas de otros. Entonces, con Juan Manuel Vargas escribimos el unipersonal que se llama “Una vida soñada”. Se llama así porque esa es la actitud: La Bicho tiene todo para perder y sin embargo elige reírse de sí misma. Reirse mucho...

Sumate a la conversación
Seguí leyendo