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Córdoba

La otra pasión de Javier Collado

Javier Collado dirigió partidos de fútbol de Primera División hasta su retiro en 2010. Durante años combinó esa actividad con la de empleado bancario, que aún mantiene.

Por Fabricio Esperanza

“Disculpame..., pero sos muy parecido al árbitro que anoche lo bombeó a Independiente”. Javier Collado escuchó durante muchos años comentarios como este. Claro, siempre sucedían los lunes y en su puesto de cajero en el banco, luego de dirigir un partido en alguna de las principales categorías del fútbol argentino.

Tucumano, pero de pequeño radicado en Córdoba, este ex hombre de negro del deporte que mueve más gente en la provincia, el país y el mundo, combinó una pila de tiempo su actividad dentro del referato con su trabajo contando billetes. Por supuesto, se encargó de dejar en claro desde un primer momento que si bien el puesto detrás del vidrio le brindó la posibilidad de contar con una ocupación fija, con horarios y un ingreso todos los meses, su pasión fue, es y será por siempre el arbitraje.

“Siempre dije lo mismo, incluso cuando en una ocasión me ofrecieron un ascenso en el banco que tuve que rechazar, porque de lo contrario no hubiese podido dirigir: yo soy, o era, un árbitro que además trabaja de bancario”, sostiene como para marcar el territorio en el que se tendrá que mover el cuestionario de la entrevista.

–Queda claro: seguís contando billetes, pero extrañás sacar la tarjeta roja.

–¡Jaja! Para mí dirigir siempre fue la prioridad, incluso empecé mucho antes de entrar en el banco. A los 16 años, cuando todavía estaba en el secundario, ya dirigía. Viene de tradición familiar: mi abuelo dirigió y mi padre también. Fue mi viejo el que me avisó de un curso que era a la noche, cuando yo estaba en cuarto año. Me convenció de hacerlo para que, llegada la edad mínima, pudiera meterme en ese mundo. Pero a los tres meses de iniciado el curso ya estaba en una cancha.

–¿En qué partido debutaste?

–Fue en Monte Maíz, jugaban Lambert contra Argentino, era el clásico y justo había un fotógrafo trabajando así que tengo una foto de ese primer partido. Y todavía con 16 años, debuté también en la Liga Cordobesa.

–¿Cómo fue la escalera hasta llegar a Primera División?

–Pasé por todas las divisiones de la provincia, hasta que se dio la posibilidad de hacer el Curso Nacional de Árbitros, y en esa época fuimos una camada de 25 aspirantes en la sede de Córdoba. Después ya te tenía que convocar la AFA, cosa que finalmente pasó porque me hicieron un primer contrato de tres meses. Empecé en el Nacional B, con Almagro-Estudiantes de Caseros. Un clásico del conurbano, encima se jugaban el descenso y había como 10 mil personas. Pasar de dirigir un partido con 100 tipos a uno con 10 mil en una instancia decisiva no es fácil.

–¿Te fue bien en esos primeros encuentros?

–Sí, en ese tiempo se hacía un ranking y siempre estaba en buena posición. Eso me permitió llegar a la Primera, dirigiendo a Chacarita contra Olimpo. Fue en 2002 y desde ahí me mantuve en las principales categorías.>

–¿Y al banco cómo llegaste?

–Trabajé en una empresa transportadora de caudales, que son como una escuela previa para entrar en el sistema bancario. Ingresé en el viejo Banco Suquía en 1994, y todavía sigo trabajando como cajero en lo que ahora es el Banco Macro.

–¿Cómo hiciste para llevar tanto tiempo las dos cosas?

–Afortunadamente siempre tuve jefes y compañeros que me brindaron todas las posibilidades. Igual fue duro, porque dirigía el domingo a la tarde, me iba al hotel, tomaba el primer vuelo de la mañana y sin pasar por mi casa me iba derecho al banco.

–¿Te decían algo los lunes en la caja?

–Tenía la ventaja de que no dirigía partidos de los equipos cordobeses, pero a veces venía gente y me decía: “Che, anoche había alguien igual a vos dirigiendo San Lorenzo”. Era raro, por ahí le preguntaban al cajero de al lado, medio en susurro, si yo era el árbitro de fútbol. Y había gente que directamente me reconocía, y si había cometido algún error no se iban más, te sacaban charla.

–¿Seguís dirigiendo?

–No, ya no. Me retiré en el 2010, en un Banfield-Boca. Hasta hace un tiempo me llamaban para finales de las ligas del interior, y por ahí surge algún partido benéfico, pero ya no dirijo de manera profesional. Sí encontré hace unos seis años, en el Club Los Amigos, un lugar muy lindo donde puedo jugar al fútbol y pasarla bien. Hoy esa es toda la relación que tengo con el deporte.

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