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Córdoba

La otra pasión de Chichilo Viale

Lleva el humor de Córdoba a todo el país y en una provincia donde la risa cotiza en bolsa, como el fútbol, este personajón es en realidad un fanático del rugby.

Por Fabricio Esperanza

Si se armara una selección con los principales referentes de la comedia “Made in Córdoba”, Chichilo Viale no sólo estaría entre los convocados, sino que además sería titular indiscutido para salir a la cancha. Se trata de un personaje que proviene de una camada de tipos que pusieron a esta bendita provincia en boca de todos a fuerza de un humor rápido, fresco y pegajoso. Formó parte de un hito como La Papa de Hortensia, a esta altura obra mítica que involucró a Alberto Cognigni, al Gordo Oviedo, a Jorge Mansilla y otros monstruos.

También puso a Buenos Aires a sus pies trabajando años, por ejemplo, con Susana Giménez. Un grande, para hacerla corta. Pero a contramano de lo que dicta el prejuicio, en una provincia donde el fútbol es tan importante como el chiste relámpago o el apodo, el Chichilo le hace al rugby. Una pasión que incluso metió mano en la línea del destino, porque jugando de joven tuvo un accidente que lo dejó convaleciente un tiempo, lapso que usó para pergeñar una puesta teatral. “Me crié en el ambiente del rugby: mi viejo jugó, mi tío jugó y yo también, por supuesto. Mi club fue el Córdoba Athletic, de donde me quedaron muchos amigos. Este deporte tiene una cosa muy loca, porque formás parte de un mundo, cuando dejás de jugar no sos de una institución, sos del rugby. Para mí es una pasión”, explica Chichilo en el bar de La Tablada, club al que también lo unen algunas historias.

–¿Cómo es que hacías shows para que los chicos puedan viajar?

–Acá en La Tablada, en este mismo quincho en el que estamos charlando, hicimos espectáculos para juntar fondos. Yo les expliqué que se gastaba mucho esfuerzo con las rifas, y que metiendo gente en un show se juntaba más dinero, en menos tiempo. Acá metimos 400 personas, y hacía falta un sonido y un par de luces. Nos divertimos mucho.

–¿Sos de esos locos que se comen todos los partidos?

–Hermano, yo soy capaz de ver en un día cuatro, cinco partidos. Cuando estábamos en Mar del Plata, con el Puma Goity, que también es fanático mal y ha jugado como yo, nos juntábamos para verlos, y había fines de semana que no hacíamos otra cosa. Yo le pasaba los horarios por el celu: “Puma, 14.30 tal partido; 17, este otro; 20, otro más”. Y me respondía: “Cada día te quiero más”, jaja. Mirá, un día, en Uruguay, estaba en el hotel y veo por la ventana una cancha, abajo. Así que me quedé viendo todo el partido por la ventana.

–El rugby tiene eso de que lo que pasa en la cancha, queda ahí.

–¡Por supuesto! Se puede escapar una piña, pero cuando termina el partido, esa piña dejó de existir. En el tercer tiempo, cuando todos se juntan, se hablan giladas como si nunca hubiera pasado nada, hay verdadera camaradería.


–¿Dónde jugaste?

–En la “U”, porque mi viejo era de Universitario y en esa época el hijo jugaba donde jugaba el papá. Yo vivía cerca del Athletic, pero jugué en la “U”. En una época, junto con el Athletic, copaban los torneos. Después el nivel se emparejó, aunque en los últimos tiempos un club como Tala ha demostrado un gran nivel, también La Tablada.

Un maestro… ¡de paddle! “Igual, aclaro algo: a mí me gusta mucho el deporte. En fútbol soy hincha de Belgrano, y si es por una cuestión de la práctica, hace 25 años que juego al paddle, he competido en torneos y además doy clases de paddle, soy profesor recibido hace muchos años”, agrega Chichilo, y ahí es cuando la vista del cronista se posa en sus ojos con una cara tipo “me estás cargando”.

–Pará, no sé si escuché bien. ¿Das clases de paddle?

–¡Más vale! Escuchá, poné esto: el profe de paddle no tiene por qué ser Messi. Yo le doy clases a tres alumnos todos los jueves: Avundo, Martínez y Couce. Son superiores a mí, pero yo los cago con la muñeca nomás, los mato con el estilo, ¡jajaja! Se mueren si leen esto.

–Bue, entonces, ¿te gusta cualquier deporte?

SEnDNo. Si hay una cosa que odio, es el béisbol. ¡Qué cosa aburrida, por favor! Un deporte inventado para consumir, para ir a morfar al estadio.
La charla con Chichilo duró más de una hora, y podría haber seguido por esa cantera inagotable de anécdotas y chistes, guardada en una caripela marca registrada. Su experiencia en los programas de Buenos Aires, el tiempo que pasó en lo de Susana, los shows en todo el país. Un par de cosas quedan en claro al final: la primera, no hay quien le gane contando chistes de borrachos; la segunda, tampoco hay que jugarle al paddle.

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