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Córdoba

La otra pasión de Andrés Bolletta

Andrés Bolletta es una de las voces en Radio de Folklore y conduce el Festival de Jesús María. Además, es vicepresidente y apasionado del Villa Allende Sport Club

Por Fabrizio Esperanza

La mística del barrio, que le dicen. Esa es una de las tantas razones por las que Andrés Bolletta le dedica pasión y tiempo a su querido Villa Allende Sport Club, institución que se mantiene a pulmón, con el aire que le inyectan los socios y la gente del lugar. Andrés es conocido por su rol como conductor, desde hace dos años (junto a Cristian Bazán y Nati Balverdi), del Festival de Doma y Folklore de Jesús María, y por ser una de las voces de Radio del Folklore 98.9 con su programa Poné la Pava, que se mantiene firme y con mucha audiencia fiel. Además, es docente en el Colegio Universitario de Periodismo y maestro de ceremonias para el evento al que lo convoquen, sumado a que también es esposo de Coti y papá de Cata y de Guadalupe. La enumeración de obligaciones viene al caso porque en el espacio que le queda, su cabeza y su corazón están puestos en el popular club de la vecina ciudad que es puerta de entrada a las Sierras Chicas. Empezó como un socio más, después fue vocal, y hace una década lo propusieron como vicepresidente de la entidad, cargo que en el que se mantiene hasta el día de hoy cumpliendo infinidad de tareas.

–Naciste en barrio Empalme, en el corazón de Córdoba Capital. ¿Cómo es que al final aterrizaste en Villa Allende?

–Porque me puse de novio con Coti, mi mujer, y ella es oriunda de acá, así que me vine derecho a firmar ¡jaja! Al poco tiempo conocí un referente de la locución en esta zona, Antonio “Chiche” Agosti, y fue él quien me llevó a comer un asado al club. Eso fue hace 15 años y no me fui más. Es el club más tradicional que tiene Villa Allende, está por cumplir 77 pirulos porque fue fundado el 24 de mayo de 1940.

–¿Cómo fue tu camino una vez adentro?

–En resumidas cuentas, más o menos así: asado, aporte de ideas, colaboración (limpiar el salón, levantar una pared, vender miles de rifas), vocal suplente y vocal titular. Y de golpe nomás, un día el vicepresidente da un paso al costado, y la Comisión Directiva decidió que ocupe ese cargo. Una década pasó ya de esto, y acá estoy, al lado del presi que es Emilio Sisalli y del propio Chiche Agosti, que es el Tesorero. Por supuesto que como todo club de barrio que se precie, hay como un consejo de notables, que son unos personajes hermosos, todos tienen de 80 para arriba y los respetamos mucho.

–¿Tienen problemas como el legendario club Luna de Avellaneda o andan mejor?

–¡Nooo! Te diría que somos uno de los pocos clubes que está totalmente al día en personería jurídica, en la cuestión impositiva y de servicios, con todo lo que eso implica.

–Contame..., ¿qué fue lo que te atrapó del Sport?

–No sé muy bien, encima soy de Boca y de Talleres y el club tiene los colores de River y de Instituto ¡jajaja! Qué se yo, uno no elige dónde nacer, pero sí puede elegir dónde vivir, y como este es el lugar en el que quiero estar y en el que formé mi familia, cuando lo encontré al Sport también fue como amor a primera vista. Hoy estamos arriba de los mil socios, con numerosas disciplinas y actividades en dos sedes: la social en calle Roque Sáenz Peña al frente del Polideportivo, y un predio en barrio San Alfonso.

–¿La pasaron muy duro con la inundación de 2015 que afectó a buena parte de Villa Allende?

–Muy duro. Porque el predio está al lado del río y en una curva, entonces cuando se desbordó el cauce literalmente el agua lo pasó por arriba. Con mucho esfuerzo de los socios, de gente que colaboró, pidiendo un préstamo, concesionando, lo levantamos nuevamente. En menos de un año ya estábamos otra vez desarrollando actividades allí. Día a Día nos hizo una nota precisamente por esto en su momento.

–¿Tu familia va al club y te banca en esto?

–Sí, claro. Si uno no tiene una familia que lo banque y que al mismo tiempo comparta este tipo de cosas, en realidad no se puede. Los martes a la noche, es casi innegociable, nos reunimos en la sede a comer y hablar con la Comisión Directiva. De ahí, nos llevamos tarea para toda la semana, que tienen que ver con notas, con gestiones, trámites, la vida del club en definitiva. Pero también nos dejamos un tiempito en el que no tocamos esos temas y básicamente charlamos de cualquier cosa, como una forma de cultivar la amistad. Porque un club, en definitiva, es eso. ¿O no?

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