Córdoba

La historia de la pareja cordobesa que se va a Brasil a asistir a los más necesitados

Tienen 28 años y llevan dos de matrimonio. Juntos aceptaron dejar Córdoba para vivir un año en Brasil dedicados a los “más pequeños”.

De la lista de pendientes se ve tachado: pagar cuentas, comprar OFF, sacar pasaporte y comprar pasajes. Pese a estar contra reloj, este matrimonio cordobés aún tiene muchas tareas que hacer antes de despegar a Brasil.

Es que su casa en barrio Jardín pronto cerrará su puerta y durante un año tendrán como su hogar una aldea en Bahía. Allí acompañarán a niños de la calle, personas discapacitadas y ancianos solos. 

“Ya lo habíamos charlado antes de casarnos. Teníamos muchas ganas de ofrecer un tiempo de nuestras vidas juntos para cuidar y ayudar a personas que lo necesiten”, empieza a contar Guillermo Fedriani sobre la decisión tomada junto con su mujer, Pamela.

La “Fazenda do natal” es una aldea ubicada a 40 kilómetros de Salvador de Bahía. Pertenece a la obra misionera Puntos Corazón y recibe voluntarios de diferentes partes del mundo. Allí viven en condiciones muy austeras formando familias junto con niños de la calle, ancianos y discapacitados.

“Nosotros vamos a vivir el día a día con ellos. Ofreciéndoles la experiencia de familia que quizás jamás hayan experimentado”, sigue relatando. En esta aldea, rodeada de la naturaleza brasilera, la vida es simple y cotidiana. “Los niños van a la escuela, hacemos el pan y la comida para las más de 40 personas que viven allí, mantenemos limpio el hogar y cuidamos de los animales”, comparte este joven ingeniero industrial.

En el boleto de avión se lee: “Embarque: 23 de febrero”, y la ansiedad dicen ya comenzó a “picar”. Pero nada les preocupa de la decisión tomada: “Estamos muy felices, quizás, nos cuenta un poco dejar a la familia y lo que implica perderse de acontecimientos importantes. Pero la distancia no va a pasar por el corazón”.

Cuando lleguen a la Fazenda, estos jóvenes tendrán mucho que hacer, pero principalmente será amar y amarse. Es que la imagen del hombre que cuida de las mujeres será un gran aporte en la vida del lugar. Sobre esto Guillermo cuenta: “No sé si haremos mucho, pero sabemos que vale la pena mostrar el cariño y respeto entre nosotros. Allí las familias sufren muchos desmembramientos y especialmente es natural el maltrato de los varones para con las mujeres”.

Además de vivir allí, la tarea de los misioneros se completa con visitas a orfanatos, poblados vecinos muy pobres, hogar de ancianos y casas para discapacitados. “Nosotros estamos llamados a consolar, es decir, acompañar al más solo con la simpleza de una amistad”, describe al hablar del carisma del movimiento católico al que pertenecen.

Pamela Actis es bióloga y está realizando un máster en zoología. Ella contagió a su marido el amor por los más pobres, fruto de que a los 20 años realizó una experiencia similar, pero en Ecuador.

“Siempre que escuché lo que ella vivió me hacía desear tener la misma experiencia. Amar a Dios en los más pequeños y descubrir que el ofrecimiento tiene un sentido”, cuenta Guille. Nada parece perturbar su “sí” generoso o para muchos algo loco. Ellos ya tienen la valija armada y el deseo de volver “habiendo recibido mucho más de lo entregado”.

Todos viajamos. La Obra Católica Puntos Corazón envía misioneros a diferentes países del mundo. Allí se vive la experiencia de acompañar a los más solos. Como Guille y Pame, muchos otros jóvenes ofrecen su tiempo. Para lograr eso, la obra se sostiene con padrinos voluntarios. Se puede conocer más sobre ella en la web de Puntos Corazón.

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