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Córdoba

La historia de Elvira y Marcelo: la capacidad del amor

Marcelo y Elvira llevan 28 años juntos. Vencieron sus discapacidades y enfrentaron a los prejuicios para formar una familia. Su historia refleja el poder de amar y ser amado.

Por Lucía Pairola
En el día de los enamorados las historias de romance florecen y todos quieren contar la suya. Pero Marcelo y Elvira no sienten que son tan especiales, es que la vida se les impuso y sin tiempo para la autocompasión la enfrentaron “espalda con espalda”.

Marcelo Valdez es kinesiólogo y tiene secuelas motrices de cuadriplejia espástica. Elvira Cellenza afronta una discapacidad similar, pero también heredó una limitación física que le impide caminar. Tras años de matrimonio funcionan como un engranaje muy aceitado, logrando esa dinámica del que uno comienza la oración y el otro sabe cómo acabarla.
 

“Nos conocimos gracias al famoso boleto de colectivos para las personas con discapacidad”, recuerda Elvira, la excusa que Cupido utilizó para provocar ese encuentro. “Ella coordinaba un grupo cristiano para discapacitados y yo entré ahí”, continúa él relatando. De pronto se silencian, se miran y ríen cómplices, repasando el flechazo que los atravesó a fuerza de consejos, datos útiles y horas de charla.

Ambos admiten no haber tenido en sus planes la posibilidad de enamorarse y mucho menos formar una familia, pero no pasó mucho tiempo para decidir dar el paso y casarse : “Lo más difícil es que la familia lo acepte, porque generalmente sobreprotegen. Tienen más temores que la misma persona con discapacidad”, cuentan a dúo, ensamblando palabra a palabra. 
“La verdad es que nosotros teníamos toda la fe de que podíamos hacernos cargos de nuestra vida, los demás no lo creían”, sentencia Elvira, orgullosa de haber impedido que la mirada externa limitase la experiencia del amor.
 
La vida se echa a andar. Y como una pareja que busca, encuentran. A los pocos meses llegaron los hijos. Primero Emanuel (27) y luego Damián (23), ambos sin ninguna discapacidad. “Fue un cimbronazo, no lo vamos a negar”, admiten con el recuerdo intacto y agregan: “Pero la piloteamos como cualquier persona normal, dividiendo las tareas y con un poco de ayuda. No dejamos que nuestros límites nos imposibilitaran cuidarlos, bañarlos y criarlos como corresponde”.

El tiempo pasó y Emanuel les regaló tres nietos, mientras el más chico cursa la carrera de arquitectura.
 

“Disfrutamos mucho de la vida familiar. También discutimos y peleamos, pero no hemos tenido tiempo para pensar en la discapacidad como una imposibilidad para vivirla”, reflexiona Marcelo, quien ejerce su profesión en el Hospital Tránsito Cáceres.
Marcelo y Elvira lucharon espalda con espalda una vida y armaron un familión, puro amor. 
 
El amor es servicio. Él interrumpe la charla porque presiente que ella necesita ayuda. Ella ceba mate y tranquiliza a su marido. “Mi papá es un pollerudo”, dice con humor al pasar Damián “deschavando” el vínculo. “Vive para ella, siempre atento, mirando y dispuesto a ayudarla”, cuenta con gracia, sin dejar de admitir que nada ha sido más inspirador en su vida que la fuerza ejemplificadora de sus padres. 

Los secretos del amor. Marcelo se emociona al reconocer en Elvira la templanza y la fortaleza para llevar la vida, pese a todo. Ella lo admira especialmente en su trabajo con los pacientes: “Vive dedicado a los demás, tanto que a veces se olvida de sí mismo”, comenta, con algún dejo de reclamo.

Ambos alimentan la admiración mutua y la complementariedad. Dicen que no hay una receta, pero que su cariño radica en ser honestos, tolerantes y defensores de la libertad.
 
“No imaginamos una vida diferente, aceptándonos y acompañándonos. Encontrarnos ha sido un regalo”, revela él, enamorado. A lo dicho, Elvira le pone humor y retruca: “ Marcelo ha sido un regalo para mí, no sé si tanto yo para él” (risas).
 
Juntos han aprendido a sortear los prejuicios, encarar las torpes preguntas y los comentarios de asombro con alegría. Quienes los conocen creen que son una especie de “ángeles” regalando tiempo y comprensión. 
“Sé que tengo límites. Yo puedo lo que él no puede, él puede lo que yo no puedo”, se escucha mientras el mate sigue la ronda. Y como al pasar dejan sobrevolar su verdadero secreto, ese que les ha permitido crecer, vivir y amar.
Ser honestos, tolerantes y defensores de la libertad, la fórmula de Marcelo y Elvira.

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