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Córdoba

La experiencia exitosa del quiosco saludable

La escuela municipal Arsenio Murugarren, de barrio Santa Cecilia, comenzó a vender este año alimentos saludables para los chicos en el recreo. Las maestras lo sostienen a pulmón. 

Podría decirse que el quiosco saludable en la escuela Arsenio Murugarren pasó por tres etapas en un año. La venta de productos sanos en este colegio de barrio Santa Cecilia comenzó con un rechazo por parte de los alumnos, continuó con un descubrimiento y finalizó con la aceptación. 

Porque no fue fácil, como todo lo que recién empieza. Cuando a principios de año, las maestras se propusieron vender alimentos más sanos, los chicos se opusieron. Pedían salames, caramelos y gaseosas. Tan desesperados estaban que uno de los chicos pidió 5 pesos de cucharitas de plástico, pensando que eran golosinas. 

La segunda etapa de la cantina fue de descubrimiento. Algunos de los productos eran desconocidos para ellos, como en maní con cáscara y el pan negro (que parecía quemado). Finalmente, llegó la aceptación. Según cuentan las seños, cada vez que surge un viaje los chicos siguen pidiendo cereales, aunque estén muy lejos de casa. 

El bajo peso y sobrepeso son dos realidades con los que los maestros lidian todos los días. Tal es así que son cada vez más los estudiantes que llegan sin haber tomado el desayuno o que piden repetir en el almuerzo. Esta realidad, sumada al sedentarismo, motivó a un grupo de docentes a poner en marcha un plan para mejorar la calidad de los alimentos que se consumen. 

El quiosco saludable fue una arista de un programa mayor, que además se complementó con contenidos en lengua (cómo leer una etiqueta o escribir una lista de compras) y matemáticas (sumar precios y realizar encuestas). Es una iniciativa –impulsada por una ordenanza municipal del concejal Lucas Cavallo– surgió a puro pulmón. 

El nombre del quiosco fue decidió por votación. El original era: “De todo un poco, muni loco”. Con el tiempo sólo quedó “Muni loco”. La seño de dibujo pintó señoras-frutas en la pared. 

Últimos datos disponibles. La última medición Prosane en nuestra provincia se hizo en 2014. En aquel año se evaluaron 3.397 niños de primero y sexto grado. Según datos de Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud provincial, al 1,56 por ciento de los estudiantes se le encontró bajo peso. Es decir, un peso, talla y perímetro cefálico inferior a lo que se considera normal. A nivel nacional, el indicador fue del 2 por ciento. 

Otro dato significativo fue que el 10,39 por ciento de la matrícula tenía riesgo de padecer bajo peso. Es decir, estaban muy cerquita de la desnutrición. A un 18 por ciento se le encontró sobrepeso y un 20 por ciento, obesidad. La mitad tenía un estado nutricional normal para la edad. 

Débora Setton, miembro del comité de nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), indicó: “La desnutrición es como la mortalidad infantil. No debería existir ningún caso. Son niños que tendrán problemas durante toda su vida. Esto es: dificultad para estudiar, notas más bajas y los peores trabajos”. 

En 2012, el riesgo de bajo peso era, en primer grado, del 5,23 por ciento de las niñas y el 5,51 por ciento de los varones, según Prosane. En sexto, en el 4 por ciento de las niñas y el 6 por ciento de los alumnos. Desde Maternidad e Infancia aclaran que los datos no son comparables con los de 2014 porque no se utilizaron los mismos criterios de medición.

Cómo se mide. Según el criterio del Ministerio de Salud de la Nación, tienen bajo peso los niños que se encuentran por debajo del percentilo 3, un indicador que compara el índice de masa corporal con el valor recomendado para la edad. En riesgo de bajo peso se encuentran los que están por debajo del percentilo 10. Cuando el diagnóstico de bajo peso se complementa con un estudio clínico, estamos en presencia de un caso de desnutrición. 

 

 

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