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Córdoba

La amistad entre Juan Pablo, un nene de 4 años, y Martín, recolector en Cotreco

Día a día, regalándose gestos de cariño reja de por medio, Pampi, un nene de 4 años y Martín, un recolector de Cotreco, trabaron una verdadera amistad. El niño festejó su 4º cumple y sólo pidió una cosa: que estuviera su “amigo basurero”. 

Si la película Relatos Salvajes tuvo un éxito tan formidable fue porque de verdad pinta nuestro costado colectivo más tóxico: intolerancia, falta de respeto y cero registro del otro.

Sin embargo,  entre tanta nube negra, también es mucho el oxígeno que cada día liberamos: todos o la enorme mayoría de nosotros construimos vínculos de respeto y a veces  hasta afecto con personas ajenas, seres con quienes sólo nos cruza un rato la dinámica cotidiana.  

El verdulero,  el “naranjita” de la cuadra, el kiosquero, la peluquera, etc. todos tenemos a esos personajes en nuestras vidas y, a la vez, somos esos personajes en las vidas de otros.  Y muchas veces, con una sonrisa o un pequeño gesto amable, podemos hacer la diferencia. 

 

La historia de Juan Pablo y Martín emociona, justamente, porque muestra en acción plena esa maravillosa capacidad.  “Pampi” acaba de cumplir 4 años, y Martín tiene 35. El primero vive con su mamá, sus abuelos, su tía y su hermana Lourdes en una casa de Villa Revol. El segundo habita otra en San Vicente, con su esposa e hijos.  A pesar de esa brecha, se  parecen mucho: son considerados, simpáticos y solidarios.  

Quizá fueron esos rasgos los que cruzaron sus mundos. Eso y una ruta domiciliaria de recolección de residuos de Cotreco. En los últimos tres años, Martín fue uno de los dos cargadores que subían y bajaban incansables al camión, corriendo 30 kilómetros diarios y haciendo desaparecer al alba las bolsas de residuos de las veredas de la calle Hernando de Lerma, en Villa Revol.

Pampi y el regalo que recibió de su amigo Martín, el uniforme de Cotreco.

En una de las casas, en pijama, un nene de vivaces ojos negros lo esperaba en la puerta, detrás de las rejas, religiosamente.  Festejaba la llegada de Martín y el camión como la explosión de una piñata, y el recolector hacía honor a semejante expectativa: lo saludaba, le hacía un chiste, una sonrisa o le dejaba algún juguete tirado injustamente a la basura.

Así, desde la etapa del andador hasta el imparable correteo actual,  el ritual de saludar a “su amigo basurero” cada mañana a las 7 se instaló en la línea de largada del día de Pampi. Pero hace algo más de un mes, justo en la previa de su 4º cumpleaños, su amigo cambio de ruta y el ritual quedó rengo.

 Pampi y el regalo que recibió de su amigo Martín, el uniforme de Cotreco.

El reencuentro

- Pampi, ¿de qué querés el cumple? ¿De piratas, acá en el salón Isla Pirata? O mejor del Hombre Araña que tanto te gusta…

- No mami, quiero cumple de la basura y quiero que venga mi amigo basurero.

Eva Pérez, mamá del Pampi, mantuvo ese diálogo varias veces hasta que se rindió a la determinación del pequeño y a su deseo de hacerlo feliz. Allí comenzó la búsqueda del misterioso –para ella, que estaba trabajando cuando el camión pasaba- empleado de Cotreco,  el auxilio que pidió a Día a Día para ubicarlo, la colaboración de la empresa de residuos y, finalmente, el reencuentro.  

En el proceso, fue robando tiempo a sus rutinas para fabricar sorpresitas, piñata, torta y dulces en la temática “exigida” por cumpleañero: la basura. 

Pampi en pleno festejo de su cumple con el invitado estrella, Martín.

“Estaba trabajando en la calle y lo llaman por radio al chofer, pidiendo que al llegar yo fuera a ver al supervisor. ‘Si no hice nada’, pensé, y resulta que era para contarme de Pampi, del cumple, que quería invitarme”, cuenta Martín en el patio de los Pérez, saboreando las empanadas hechas con maestría por la abuela Elisa, y vigilando de reojo a Isabella, su nena de año y medio.

Con ella y Alma, la otra de 6,  llegó al cumpleaños, venciendo la timidez y aceptando ser el invitado de honor al festejo.  Su ingreso fue “el” momento del cumple: Pampi lo recibió con sonrisa de oreja a oreja y se puso al instante el regalo que Martín le trajo: un minitraje de recolector, con gorra y campera incluidas, idéntico al que se calza a diario para trabajar.  

La familia, en una mezcla de excitación y emoción, capturó el instante con celulares, cámaras y cuanta pantalla tuvo a mano. Martín llevó a sus dos hijos para el festejo de Pampi.

“La primera vez que vi a Pampi era un nene más de la cuadra, como muchos que salen a vernos pasar. Luego me empezó a saludar y me llamó la atención porque estaba todos los días afuera, mirando, con su enterito pijama celeste y la mamadera.  Claro, estaba desayunando el loco”, cuenta Martín, que es papá de un varón de 14 y otro de sólo 15 días.  

“Pampi es un nene muy especial, recontra dulce y muy atento. Es chiquito pero pregunta, ‘¿te ayudo mami?’, ‘¿te ayudo abu?’. Como mamá sola le inculqué siempre el respeto, la solidaridad. Por eso me encanta el vínculo que hizo con Martín, y que quisiera invitarlo”,  relata Eva, poniendo especial cuidado en hacer sentir al huésped de honor cómo en casa. 

Los particulares souvenirs de Pampi en su cumple.

Muchos Juampi. Con su trabajo, Martín testea a diario, quiera o no, el humor social. Y lidia con la basura, un producto colectivo que muestra como pocos los rasgos de la ciudad y sus habitantes.

- Con qué te topás más en las calles de Córdoba, ¿falta de respeto o solidaridad de parte de la gente? 

- Yo recibo más actitudes positivas, aunque a veces hay roces o personas que te tratan muy mal, te exigen cosas. Pero la mayoría son gestos solidarios, de respeto. Un vecino de acá al lado, por ejemplo, en verano nos daba botellas de agua y de hielo todos los días, no sabés como ayuda eso con el calor. Los quiosqueros también suelen tener ese gesto.  Yo trato de hacer bien mi trabajo, de cumplir y también de hacer lo que me piden cuando puedo. 

Pampi y el regalo que recibió de su amigo Martín, el uniforme de Cotreco.

- ¿Tenés otros ‘amiguitos’ como Juan Pablo?

- En nuestra ruta había unos nenes, varios hermanitos bien seguiditos, en Cooperativa el Paraíso, un barrio con mucha necesidad detrás del CPC de Empalme. El mayor tendrá 8 años, salían siempre juntos a ver el camión, a veces estaban descalzos o con remera en pleno invierno.  Todos los días les llevábamos los sándwiches que nos regalaba un comerciante de Villa Revol para que comamos nosotros. Se los reservábamos a ellos y nos esperaban todos los días. 

- ¿Te pasó que te invitaran a otro cumple?

- Nooo, nunca.  Pero hay mucha gente solidaria. Creo que en todos los barrios debe haber un Juan Pablo. 

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