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Córdoba

José, de rancho a casa

La Provincia entregó la casa 1.000 de erradicación de viviendas rancho.

José Orlando Pérez se vistió para la ocasión. Alpargatas, bombacha, faja, camisa y pañuelo al cuello. También hizo producirse a su mujer y sus cinco hijos. Los varones igual a él. Las mujeres, de pollera. Es que ayer tenía visitas importantes. En su patio iba a estar el gobernador Juan Schiaretti entregando seis casas correspondientes al programa “Erradicación de Viviendas Rancho”. Y una de ellas, la número 1.000 del plan, le tocó a Orlando, como le dicen los vecinos de El Brete, una pequeña localidad a 160 kilómetros al noroeste de la ciudad de Córdoba.

Para agradecer, preparó un vals que bailó toda la familia y en el que se prendieron hasta el mandatario provincial y su esposa Alejandra Vigo. Los Pérez estaban chochos, después de haber vivido muchos años en un rancho que tenían en un terreno prestado, se les hacía difícil contener las lágrimas.

“Este techo es mío”. Orlando, su señora Susana Celina Palacios y sus hijos Susana Noemí, Verónica, Jorge Rafael, Jonathan Alexis y Gastón Raúl, tienen ahora un lugar firme donde reposar.

“Antes vivía en un terreno prestado, hasta que me sacaron porque se me cayó el rancho”, le contó el dueño de casa a Día a Día. Y agrega: “Hoy puedo decir que acá donde estamos hablando, debajo de este techo, es mío”.

Lucha personal. Si bien el rancho es un tipo de construcción típico en algunos sectores rurales, se lo intenta erradicar por sus techos de paja, donde hace nido la vinchuca que transmite el mal de Chagas.

Cuando la familia Pérez perdió su hogar, quien les aseguró ayuda para conseguir un mejor hogar fue el intendente de El Brete, José Eugenio Díaz. “Él me prometió que me iba a conseguir para hacerme la vivienda. Pero, ¿viste cómo son las promesas? Aunque yo tenía fe”, se sinceró Orlando.

Para el intendente Díaz, la lucha contra el mal de Chagas es una cuestión personal. Es que su hermana sufrió la enfermedad y su padre falleció de un paro cardíaco que, aunque en su momento no se pudo determinar, se sospecha que derivó de este flagelo. “Yo viví en un rancho. Nosotros éramos nueve hermanos y nos criamos en un rancho y sabemos lo que es”, comenta.

Orlando y la familia Pérez también saben los que es vivir en un rancho. Pero eso es parte del pasado. Hoy podrán dormir sin sufrir por el viento ni por las tormentas. Ni por las vinchucas.

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