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Córdoba

Inundados crónicos

Yamile Busamia tuvo su casa repleta de agua y estuvo a oscuras. Junto a su familia, durmió en el Centro Vecinal y al día siguiente volvió a su casa, a limpiar y tratar de rescatar algo.

A la tardecita empezó a llover. Y no paró por más de una hora. A las 10 de la noche del 15 de febrero pasado, Yamile Busamia tenía su casa repleta de agua y estaba a oscuras. Subió a sus hijos, de dos y tres años, a una de las camas para que no corrieran riesgo. Otras dos camas flotaban por la habitación, al igual que la mesa y la garrafa de gas. El agua no sólo venía de la calle, también brotaba del baño.

“Fue horrible y peligroso. En el suelo había una zapatilla (prolongación eléctrica) en la que estaba enchufada la heladera. Cuando la alcanzó el agua hizo un chispazo y se cortó la luz”, recordó. La heladera se quemó. Los colchones y la ropa se arruinaron. “Perdimos todo”, contó.

Esa noche, tres personas murieron en la ciudad como consecuencia del temporal. Yamile y su familia durmieron en el Centro Vecinal y al día siguiente volvieron a su casa, a limpiar y tratar de rescatar algo. La joven valoró la ayuda de los vecinos. “Hay muy buena gente acá. Personas que ni conocía me ofrecieron frazadas y pañales”, dijo.

La noche de la tormenta, Defensa Civil les llevó dos colchones y alimentos básicos. Cinco meses después, el Ministerio de Desarrollo Social les entregó tres mil pesos. Y esa fue toda la ayuda que recibieron del Estado. La mejora de los desagües, que es la solución definitiva que necesita Yamile y todo Villa Páez, no está en los planes de la Municipalidad. “Por el momento no hay nada definido para ese sector”, respondió la Secretaría de Planeamiento e Infraestructura ante la consulta de Día a Día.

El barrio, enclavado en el centro oeste de la ciudad, a la vera del río, recibe el agua que baja por las calles y no escurre, queda ahí. No es necesario que la precipitación sea muy abundante. Con la lluvia del 6 de enero último, en la equina de Emilio Coni y Francisco Muñiz, el agua llegó casi hasta las ventanas. Cayeron menos de 50 milímetros. Prácticamente todas las casas tienen compuertas de hierro para evitar las filtraciones. Pero si no entra por el frente, el agua brota de los patios o los baños.

Por eso Yamile quiere irse de Villa Páez. Tiene 25 años. Trabaja por la mañana en la Sala Cuna que funciona en Simón Remonda al 700, cuida por la tarde a sus hijos y estudia el profesorado de nivel primario en el Carbó. Su marido, de 24 años, trabaja en la construcción. Ambos quisieran mudarse pero por ahora no pueden porque costaría más de lo que pueden pagar.

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