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Córdoba

Interrumpen el tratamiento de pacientes con cáncer

En el Hospital Oncológico se calentó un equipo de radioterapia y dejó de funcionar. 50 personas interrumpieron su tratamiento. Derivan al sector privado.

Alberto Fernández siente que su vida es un gran dominó cuyas fichas se fueron cayendo de a poco. Antes de que su esposa Natalia Ramallo, de 30 años, fuera diagnosticada con cáncer de útero, su vida estaba –dentro de todo– ordenada. 

La familia de barrio Ciudad de Mis Sueños tenía un pequeño local de comida y venta de helados, con el que alimentaba a sus cinco hijos. Pero hace cuatro meses, el diagnóstico de cáncer llegó y el dominó comenzó a desmoronarse. 

Hace un mes, acudieron al Hospital Oncológico José Urrutia para comenzar con el tratamiento de quimio y radioterapia. Las dos primeras semanas, todo funcionó como un reloj. Pero hace 15 días, el aparato de rayos llamado “acelerador lineal” comenzó a fallar. 

“Es el único aparato para hacer radioterapia. Como está expuesto a radiaciones, se calienta. Y entonces es fundamental el mantenimiento de las plaquetas, que deberían cambiarse en forma periódica. Pero como no lo mantienen, levanta temperatura y deja de funcionar”, informó Paula Ruiz, trabajadora social del hospital. 

A Natalia Ramallo le interrumpieron el tratamiento cinco veces. La pareja iba al hospital de Bajada Pucará y se volvía con la misma respuesta. Alguien salía de la sala de rayos y le decía que el aparato no funcionaba. 

“Ya es difícil desde lo anímico sobrellevar un diagnóstico de cáncer. Imaginate lo que te pasa cuando te dicen que no te pueden tratar. Te quedás sin energías para sostener a tu familia”, contó Alberto. 

En baja

En lo que va del año ingresaron al hospital 1.072 pacientes sin obra social. Según datos de Servicio Social del nosocomio, 613 de ellos se tratan íntegramente en el centro de salud. 

El hospital brindaba asistencia de radioterapia a entre 70 y 80 pacientes por mes. Cuando el acelerador comenzó a fallar, la cifra bajó a 50. Se estima que la semana que viene quedarán cerca de 30 pacientes al día, porque no se aceptarán nuevos ingresos hasta que todo esté solucionado, informó el director Martín Alonso. 

“Vamos a derivar al sector privado a todos los pacientes nuevos que ingresen, así como algunos de los que se encuentran hoy en tratamiento”, indicó el director. El costo de cada derivado ronda entre los 10 y 30 mil pesos, agregó. 

“No queremos alertar pero necesitamos ser claros –indica Paula Ruiz–. Si interrumpimos el tratamiento de los pacientes con cáncer, ellos corren el riesgo de que el tumor progrese o que sus cuadros puedan agravarse”. 

Además de Natalia, Cristina López (42) no pudo continuar con su tratamiento. Tiene 42 años y se vino en vano desde San Francisco. Lo mismo que Mario Moreno, vendedor ambulante: “Te piden paciencia. Pero cada vez que lo hacen, te golpea muy fuerte”. 

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