Córdoba

Incendio en Yacanto: pueblo chico, infierno grande

En Villa Yacanto la pasaron mal: una cuarta parte del pueblo fue evacuada y el paisaje se tornó tétrico por el avance del fuego en la noche del lunes.

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Por Anónimo

Mirá la galería de imágenes: "Yacanto, donde el fuego se llevó todo".

En Villa Yacanto sucedió algo impensado: el infierno ascendió a la superficie.

El pueblo se vio rodeado por un aro de fuego que se devoró más de 20 casas, dejó a 250 personas en un refugio cercano y aglutinó a la totalidad de la población en torno de la plaza central, lejos de las llamas.

Sí, todo el pueblo amontonado para escaparle al calor. Más de mil personas juntas, asustadas y desesperadas. “Ni con un festival o un recital pasa algo así”, comentó un habitante del lugar. La jornada del lunes último ya cataloga para los lugareños de toda la vida como la peor que recuerden. Y eso que la gente de pueblo es muy memoriosa.

En 2005 Yacanto había sido situada por el fuego, pero las llamas no ingresaron a la localidad. Las controlaron en las inmediaciones. Esta vez... el fuego venció la resistencia y concretó su asedio destructivo.

Comienzo del desastre. El triste desenlace comenzó a escribirse el viernes, cuando un vengativo maquinista chileno de Villa Alpina (a unos 10 kilómetros de Villa Yacanto) habría decidido cobrarse una deuda con sus empleadores. Esa persona está detenida e imputada por iniciar el incendio.

“En el pueblo lo conocemos. Es medio loquito ese chico y parece que lo habían despedido, ¿viste?”, lanzó Lalo, un carpintero que improvisó de bombero con chicote en mano.

El chicote es una herramienta improvisada que sirve para darle latigazos al fuego y apagar llamas pequeñas. Es inocuo ante pastizales de más de un metro. Lalo, con la cara rojiza de tanto golpear yuyo prendido, hablaba mientras cargaba nafta, en la única estación del lugar, a un grupo generador. Para colmo de males, el pueblo no tiene luz.

El incendio en Villa Alpina estaba contenido el domingo, pero un cambio en la dirección del viento lo llevó hacia Yacanto, sorteando el río San Miguel.

Ya entrado el lunes, la cosa se puso seria: el fuego arribó al pueblo y durante la noche arrasó con su periferia. No avanzó hacia el centro, pero todos los costados quedaron teñidos de cenizas y hundidos en la desolación.

De verde a gris. El paisaje que envuelve la casita de Marta no deja espacio para pensar que algún día volverá a ser de color verde. Como era hasta la tarde del lunes.

La mujer tenía un terreno y levantó cuatro paredes con una galería de madera debajo de la que guarda su R12. “Mi casa la salvé yo, a los baldazos y con la poquita agua que tenía porque no hay agua de red acá”, recordó su odisea.

La Policía intentó obligar a la mujer a desalojar su vivienda, pero ella se resistió porque nadie le aseguraba resguardar su propiedad. Se quedó y combatió el incendio.

En el terreno del lado hay un esqueleto de una casa que lucía imponente y ahora se muestra como una estructura raquítica. “Si se hubiera quedado (por el vecino de esa casa destruida), salvaba su hogar, pero agarró a su familia y a su perro y se fue al refugio”, sentenció Marta.

Al frente, campos interminables de pastizales quedaron reducidos a una ceniza negra y esponjosa. Marta reprocha que los pastos estaban muy largos y que la Municipalidad de Yacanto nunca los cortó. “Esto no puede ser: si hubieran estado más cortos sería más fácil apagar el fuego. Estaban así”, tiró, colocando la palma de su mano a la altura de su cintura.

La doña hace su descargo y detrás suyo se asoma una plantita de coco aún verde. “Está así desde siempre. Se salvó”. Igual que su casa.

Bomberos. El cuerpo de Bomberos Voluntario de Yacanto cuenta con 30 personas. De ellos, sólo cinco salen a combatir el fuego, el resto son aspirantes y aprendices. Gustavo Bettini, su jefe, confirmó a Día a Día que en su localidad se quemaron nueve mil hectáreas y que si las lluvias llegan rápido podrán recibir turistas en enero.

Bosques caídos y pinos heridos. Incontable cantidad de pinos en el suelo. Desvanecidos. Rendidos ante el fuego impiadoso. Eso se vislumbra desde antes de arribar a Yacanto. Recorrer el pueblo es continuar observando árboles tumbados junto a casas y vehículos reducidos a chatarra por el fuego. Triste.

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El texto original de este artículo fue publicado el 11/09/2013 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición digital para leerlo igual que en el papel.
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