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Córdoba

Hombres y mujeres fantasean por igual

Especialistas analizan la forma de imaginar situaciones eróticas según el sexo.

En el modo de fantasear influye notablemente el distinto modo en el que son socializados sexualmente los hombres y las mujeres. Ellos siempre tienden a fantasear situaciones en las que son los actores que hacen las cosas; mientras que las mujeres se imaginan siendo las receptoras de las cosas que le hacen otros.
Precisamente por eso, una variante muy excitante para ambos sexos es cambiar los roles e imaginarse ellos, que les hacen cosas, y ellas, que las hacen.
Las fantasías homosexuales, que formarían parte de ese cambio de roles, son menos comunes entre los hombres que entre las mujeres por su fuerte socialización homófoba.
Un número de hombres similar al de mujeres (71%) fantasean durante el coito. En tales ocasiones, el objeto de la fantasía suele ser la propia pareja situada en un contexto erótico diferente o, más comúnmente, otra mujer.
Fantasías femeninas, ¿hoy nos atrevemos a más?
En los últimos años se produjo una importante liberación sexual desde el lado de las mujeres. Hoy bien saben que una cosa es el sexo y otra el amor; pero que si están conjugados, mejor. También, que masturbarse es algo bueno y natural.

Las mujeres, aunque a veces señaladas por la sociedad, no temen pedir lo que quieren en la cama; y, mucho menos, se prohíben soñar con sus más íntimos deseos. No obstante, a algunas les cuesta decirlo en voz alta. De todas formas, el universo femenino, a veces más creativo que el masculino, tiene todo tipo de fantasías, desde las más románticas hasta las más liberadoras, entre ellas predominan:

• Fantasías de exhibicionismo.
• “Ratoneo” con situaciones homosexuales.
• Fantasías relacionadas al sometimiento del poder.
Fantasías más frecuentes de los hombres
Las fantasías más comunes entre los hombres, además de las historias que se montan con sus parejas, son, por orden de frecuencia:
Realizar prácticas sexuales con personas extrañas. Casi la mitad de los hombres (47%) fantasean de ese modo; con conocidas y con desconocidas. La variedad parece que forma parte de las necesidades sexuales íntimas de los hombres, sobre todo de los más jóvenes, y las reflejan en sus fantasías.
La fantasía que le sigue es la de tener relaciones sexuales con varias mujeres a la vez. Un hombre de cada tres (33%) fantasea de este modo. Le pasa siempre a los más jóvenes de ambos sexos.
Un 19% de los hombres fantasean con actividades sexuales y situaciones en las que jamás se comprometerían en la vida real. Al contrario que las mujeres, que tienen más fantasías de ese tipo (un 28%). Quizás a los hombres les cueste esfuerzo pensar que existen actividades sexuales que serían incapaces de realizar.
Le sigue la fantasía de obligar a una mujer a tener sexo. Un 13% de hombres tiene esta fantasía promovidos, probablemente, por el tipo de condicionamiento cultural masculino recibido, que les obliga a ser “hacedores”, agentes activos en toda relación sexual, consentida o no. Atención: se trata de fantasías. De cosas que se imaginan sabiendo que se encuentran en un mundo irreal. Sería tan injusto suponer que estos hombres son violadores en potencia, como conjeturar que las mujeres que fantasean con ser obligadas a tener sexo son potencialmente provocadoras de violaciones.
Quizás por ese condicionamiento cultural de “hacedores” sexuales, un porcentaje de hombres relativamente pequeño (10%), en cualquier caso menor que el de mujeres, fantasean con la idea de ser forzados a mantener relaciones sexuales. Esta fantasía la tienen los más jóvenes de ambos sexos. Los de más edad, tienden a abandonar esta fantasía, como si la experiencia hiciera la idea menos atractiva.
Finalmente, solo un 7% de los hombres fantasea con tener relaciones sexuales con miembros del propio sexo. La homosexualidad, aún en términos imaginarios, parece ser algo inquietante para los hombres. El mismo tipo de homofobia que impide a muchos de ellos aceptar y disfrutar caricias sexuales en el ano, aunque se las proporcionen sus parejas femeninas. Se trata de un condicionamiento cultural que implica tanto a hombre como a mujeres. Recuérdese que tanto unos como otras aún emplean alguna que otra vez la voz marica como un insulto contra el sexo masculino.

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