?>
Córdoba

General Paz: el árbol de las golondrinas

Desde hace siete años, cada enero unas 2 mil de estas aves vuelven al mismo árbol. Lo llamativo es que sucede en pleno barrio General Paz y ofrecen un espectáculo asombroso.

No le creíamos, nos dijo que cerca de las 20 el cielo cambiaba de color. Que entre casas y edificios, cuando el sol caía, una especie de nube enorme de golondrinas llegaba para buscar refugio. Cecilia, una amiga, nos contó de ese árbol. Ese que parece estar enamorado de las aves itinerantes y las recibe una vez al año para despedirlas pasado el verano.

Y por no creer fuimos a atestiguar este particular “romance”. Desde la calle Roma al 450 se puede observar el patio del Ipem 153 Juan Martín de Pueyrredón. Allí unos álamos disfrutan del sol. Pero a la hora señalada el paisaje se transforma. De a una, las golondrinas van llegando, como dando aviso que de nuevo va a suceder.

“Van como siete años que pasa. Llegan las golondrinas y nos damos cuenta que estamos en pleno verano”, cuenta Néstor, naranjita de la cuadra desde hace más de una década. “No es nada lo que se ve ahora, en febrero superan las 2 mil y hasta se paran en los cables de la luz”, relata como un experto.

José y Antonia están en la parada del colectivo frente al paredón que separa la calle del patio escolar. Señalan el cielo y se ríen: “Es increíble lo que sucede, ¿no?”, preguntan sumándonos a la conversación en la fila que espera el bondi. “Hace unos días que vemos este espectáculo y no dejamos de sorprendernos”, comentan entusiasmados mientras filman con el teléfono.


De año a año

Para los vecinos del barrio General Paz ya es normal esta migración. Con el paso del tiempo, ellos se han vuelto observadores del fenómeno natural. “Vienen hace muchos años, algunas veces las hemos esperado y no sucedió, pero en general clavado que para esta fecha llegan”, contó un comerciante de comidas árabes de la zona. Los vecinos afirman que el árbol es un álamo, igual a muchos de la cuadra, y que las golondrinas tuvieron que batallar con los tordos para ganarse el territorio. 

“Recuerdo hace tiempo las peleas que se armaban. Es que esos árboles eran las casas de los tordos durante el año, pero terminaron las golondrinas ganando por ser muchas más”, relató el naranjita. 

Según los especialistas, en Argentina hay unas 11 especies de golondrinas, pero las que se observan en este árbol son dos: las pardas (pequeñas, cabeza colocara y pechito blanco) y las más comunes, grandes y negras.

De preguntas y respuestas

Estas aves son estudiadas y observadas por expertos en toda la provincia. Pese a ello, ante la consulta de este medio varios de ellos desconocían esta bandada urbana. “Es particular que sean tantas en medio de la ciudad, aunque estas aves oportunistas saben anidar en diferentes lugares, como tejas, árboles, rincones y hasta hamacas”, explicó a Día a Día Teresa Monglillot, naturalista de campo y aficionada a las aves. 

Los vecinos del barrio cuentan unas 2 mil golondrinas, pero ese número no ha sido computado oficialmente por biólogos: “Puede ser que sean tantas y que todos los años se detengan en este lugar, donde se deben sentir seguras y cómodas”, esbozó en una explicación la experta ante el particular fenómeno. También hizo hincapié en que seguramente existe algún “corredor biológico que las atrae” (un canal verde). Las golondrinas son aves sociables que buscan el calor por lo que pueden volar hacia el norte, el sur, este u oeste para encontrarlo. “La bandada con los años va en aumento porque quienes vienen seguramente ya son generaciones de hijos, nietos o bisnietos de las primeras que se observaron”, indicó Monglillot.

En relación con los tiempos de migración de estas aves –que se alimentan y toman agua en medio del vuelo–, explicó que comienzan a llegar en primavera y que a principios de abril reanudan su viaje.

Con los ojos llenos, los vecinos de la calle Roma y Sarmiento son testigos del abrazo nocturno entre ese álamo y las golondrinas. Cuando la oscuridad es plena llega el silencio y, aunque hay miles, ni se sienten. Seguro fue algún espectador de este amor veraniego quien escribió: “Un árbol tiene todo el derecho a enamorarse, ¿por qué no? No estamos acaso hechos todos de lo mismo?” ¡Pero enamorarte de una golondrina! Se van. Eso hacen: irse. De forma misteriosa, algunas regresan... 

En el patio del Ipem 153 se encuentra el álamo (Javier Ferreyra).

Sumate a la conversación
Seguí leyendo