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Córdoba

Fontana: Se actúa cuando el riesgo ya es un desastre

¿Se podrían haber previsto las catástrofes mal llamadas naturales? ¿Y haber hecho algo para mitigar sus efectos? Entrevista con la especialista Silvia Fontana.

Las inundaciones en el sudeste provincial, la tragedia en Sierras Chicas y hasta el presente conflicto ambiental en Villa El Libertador, con el ascenso de las napas freáticas y el desborde de pozos negros: todos estos fenómenos, que se atribuyen a la excepcionalidad climática, podían preverse. 

¿Hasta cuándo los fenómenos derivarán en catástrofes? ¿Cómo se hace para convivir con el riesgo y prepararnos para enfrentar sus probables consecuencias? Día a Día entrevistó a la especialista Silvia Fontana, autora de investigaciones sobre gestión del riesgo de desastres, doctora en Política y Gobierno (Universidad Católica de Córdoba) y directora de la Maestría en Gestión Política.

–¿Por qué nos toman por sorpresa las catástrofes llamadas, tal vez erróneamente, naturales?

–Ya no se puede hablar de catástrofes naturales, debido a que actualmente la acción del hombre sobre el medio lleva a que se produzcan desastres. Por ello, se habla de desastres que son causados por fenómenos de origen natural y/o antrópico, teniendo en cuenta a su vez que estos fenómenos son motivados por un sinnúmero de causas, de las cuales los gobiernos y la sociedad tenemos múltiples responsabilidades. La sorpresa del desastre se da debido a la falta de previsibilidad, es decir a que no se presta atención al riesgo; por lo que frente a un evento este riesgo asociado a alguna vulnerabilidad puede producir una emergencia, un desastre o una catástrofe. Asimismo la falta de percepción que se tiene frente a la existencia de riesgos, y la resistencia de los gobiernos a trabajar frente a la incertidumbre de un riesgo que se puede o no materializar, llevan a que no estemos preparados para enfrentar un desastre. Es decir, en la realidad actual tanto los gobiernos como la población somos vulnerables frente a la presencia del riesgo en nuestro cotidiano. Los desastres acontecen cuando no se conoce o no se actúa adecuadamente frente a los riesgos a los que estamos expuestos. Un desastre es un riesgo no manejado.

–¿Se podían prever las consecuencias de las intensas lluvias ocurridas en los últimos años en la Provincia de Córdoba?

–Las lluvias acaecidas es los últimos años en Córdoba eran conocidas, ya que desde el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) habían previsto que particularmente los años 2015 y 2016 serían años lluviosos para esta parte del planeta. Las inundaciones que tuvieron lugar en Córdoba no fueron causa simplemente de las lluvias torrenciales, sino consecuencia de un sinnúmero de acciones que potenciaron al fenómeno natural que una vez que se materializó se presentó como un desastre. Los desastres pueden mostrar la capacidad de los distintos niveles gubernamentales para gestionar el riesgo o, por el contrario, pueden poner en evidencia la vulnerabilidad de las instituciones que resultan incapaces de atender la problemática. Cierto es que al riesgo de desastres no lo vamos a poder eliminar, ya que estamos viviendo en la sociedad del riesgo, pero sí vamos a poder prevenir, mitigar y prepararnos... y con ello reducir el riesgo de desastres.

–¿Qué puede hacerse para evitar la próxima catástrofe en Córdoba?

–Lo primero que debe hacerse es pensar desde el riesgo y no desde el desastre. Es decir, actuar sobre aquellas cuestiones que permitan reducir el riesgo de desastres. Para reducirlos primero es necesario conocer los riesgos, para así poder diseñar e implementar políticas públicas necesarias a tal fin. Aquí el conocimiento juega un papel fundamental. Es necesario pensar en el riesgo de desastres y gestionarlo, para lo cual se debe promover una Política para la Gestión del Riesgo de manera integral. Política que debe ser pensada a largo plazo y con la participación de la sociedad. Es preciso educar en el riesgo y comunicar el riesgo, para así fortalecer a la sociedad aumentando sus capacidades de respuesta. 

–¿Los Estados están preparados para responder en tiempo y forma a una catástrofe? ¿Cuáles deberían ser los esquemas mínimos de respuesta a escala municipal y provincial?

–Gestionar el riesgo de desastres es desarrollar políticas integradas de reducción de riesgos a través de acciones de prevención, mitigación, preparación, atención de emergencias y recuperación post impacto. Hoy no se está preparado para responder en tiempo y forma frente a un desastre, actuando de manera reactiva y desarticulada cuando el riesgo ya se ha materializado.

Qué se tiene que decir y qué no

–Comunicar una situación de riesgo puede generar efectos no deseados como pánico en la sociedad y perjuicios económicos (en el sector turístico, por ejemplo). ¿Hasta qué punto es aconsejable comunicar y qué debemos tener en cuenta en forma prioritaria?

–El anuncio de un escenario de riesgo puede tener consecuencias profundas, ya que si un riesgo se divulga y resulta ser exagerado y/o inexistente se planteará como alarmante; pero en caso de ser cautelosos frente al anuncio y algo sucede diremos ¿por qué no se informó antes? Frente a este dilema los gobiernos tienden a evitar comunicar aquellos hechos que pueden causar alarma en la población, pero tanto la prudencia como la exageración pueden ser muy costosas para ellos. Ya se ha podido comprobar a lo largo de los años que aquello que no se informa adecuadamente, a destiempo, o sin objetivos claros, genera confusiones, desarticula cualquier planificación, genera muchas veces caos (por ejemplo en atención de emergencias), y, sobre todo, no contribuye a una economía de recursos.

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