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Córdoba

Fantasías sexuales: ¿cumplirlas o no?

Los hombres no le escapan a sus fantasías, pero ¿qué pasa con las mujeres? ¿Se permiten fantasear con otro que no sea su marido? Además, ¿qué se hace con las fantasías ¿se las deja en la mente o se las lleva a la realidad?

Mientras los hombres viven con enorme libertad sus fantasías –por lo menos las dicen sin problemas-, las mujeres a veces se confunden y creen que del dicho al hecho hay apenas un paso. Quizá tienen sus sueños eróticos en los que no incluyen a su marido, pero de ahí a decirlo...

Según los expertos, todos tenemos fantasías y ni siquiera hace falta cumplirlas para que estas nos jueguen a favor en nuestra vida sexual diaria. Pero ¿qué diferencia existe en lo que se fantasea y lo que se desea en realidad? Acaso, eso con lo que una persona se excita en su mente ¿es algo que desea en lo más íntimo, solo un “ratoneo”, pero no se anima a llevarlo a cabo? ¿Es esto un   problema? Cómo hacer para liberarse y dejar que la cabeza sueñe lo que quiera, total, allí todo es posible. ¿Es cierto, en ella todo es posible?

Diferencia entre fantasía y realidad

Existe una gran confusión: se piensa que si una mujer fantasea con estar con otra mujer en la cama, eso significa que en realidad es lesbiana, pero no se anima a aceptarlo; lo mismo sucede en el caso del hombre que fantasea con otro hombre. O que si una mujer quiere estar con otro que no sea su marido, es porque no desea más a éste. En cambio, se acepta que el varón casado sí fantasee con otras mujeres.

Sin embargo, nada de esto es tan rotundo. La mente es un sitio donde el límite entre realidad y ficción no existe, por lo que dejar al libre albedrío todos los episodios que se sueñan despierto nada tiene de malo. Al contrario, dicen los expertos.

Según explica la sexóloga Adriana Arias: “Las fantasías sexuales son la expresión de la imaginación que extiende los permisos, pasa por encima de los tabúes y accede a una zona que estimula el deseo sexual. Tiene que ver con el deseo sexual sin la necesidad de hacerlo realidad; de hecho, muchas fantasías tienen sentido en la imaginación y jamás lo tendrían en la realidad”.

“Las fantasías sexuales son estructuras que poseen los seres humanos, las cuales tienen forma de una escena, un argumento visual, que van tomando forma desde nuestro nacimiento”, señala el psicólogo y psicoanalista Miguel Erglis. Lo demostró el psicoanálisis, prosigue este especialista: “la sexualidad humana está sostenida por estas fantasías que son universales”.

¿Llevarlas a cabo, o no? Las fantasías sexuales son verdad en sí mismas y no dejan de serlo por no llevarse a cabo. Todo lo contrario; tienen vida propia en el territorio de la imaginación y participan de este modo en la estimulación del deseo sexual. No son “lo que no me animo a hacer”, habitan el imaginario y dentro de él participan de la erótica del sujeto como tales, sostiene Arias.

En caso de querer llevar una fantasía a la realidad, no se trata solo de un paso más, se trata de otra cuestión, sostiene esta sexóloga y agrega: “Es el caso en el que algún deseo que está restringido por algún tipo de censura se decide levantarla y llevarla al acto. La mayoría de las fantasías valen en tanto se mantienen en la imaginación”.

Por su parte, Erglis afirma que ni hay que llevarlas a cabo ni apartarlas; algunas fantasías se realizan sin que uno las registre y otras, en cambio, se manifiestan más de una manera consciente y pueden ser efectuadas sin que a una persona le genere problemas mayores.

Uno de los inconvenientes que presentan las fantasías, aclara este experto, es que quedan reñidas con la moral o las reglas sociales, por lo que se hace más difícil llevarlas a la realidad; y explica: “La fantasía suele quedar asimilada, por lo menos culturalmente, al concepto de perversión; la cual está muy mal vista. Se piensa que llevar a cabo una fantasía es cosa de perversos”.

El perverso, hay que aclarar, es quien vive su sexualidad de un modo fijo, invariable; siente una compulsión a poner en acto una escena fantasiosa, pero la diferencia es que si no cumple con esa escena no puede acceder a la excitación sexual de otro modo. En definitiva, sostiene Erglis, poner en juego nuestro mundo fantasioso, siempre y cuando a nuestra pareja le resulte placentero, ayuda a enriquecer nuestra sexualidad.

La masturbación, ¿es el mejor momento para la fantasía? Con todo, las fantasías sexuales durante la cópula suelen ser más esporádicas que las acontecidas durante las ensoñaciones diurnas o, más frecuentemente, durante la masturbación.

La masturbación es el mejor momento para la fantasía, ya que el hombre se encuentra a solas consigo mismo en un momento de intimidad que nuestra sociedad no nos concede con prodigalidad.

Durante las ensoñaciones diurnas (soñar despiertos) se desarrollan las fantasías más elaboradas, con mayor número de elementos ambientales, lugares exóticos y enredos con algún tipo de argumento por simple que parezca.

Los acontecimientos de días pasados, los deseos largamente reprimidos, las situaciones temidas o irrealizables, son la principal fuente de inspiración para la elaboración de estas fantasías; donde la pareja, sobre todo, o alguna desconocida son las protagonistas.

Los hombres son menos propensos a elaborar historias complejas que las mujeres. Son más directos. Pero también les gustan los exotismos y los argumentos simples.

Hombres y mujeres fantasean con sus parejas, durante la masturbación, en proporciones aproximadamente iguales: 75% ellos y 80% ellas. Pero sí que se encuentran diferencias en otros aspectos del fantasear masculino.

¿Qué pasa si llevo a cabo mis fantasías? Adriana Arias explica que en algunas ocasiones, ciertas fantasías que cobija nuestra imaginación -donde funcionan como excelente estímulo erótico-, quizá por presión de alguno de los integrantes de la pareja o bien por encontrarse en alguna situación que las estimule particularmente, son llevadas a cabo y no son satisfactorias e incluso pueden provocar rechazo. ¿Por qué sucede esto?

La especialista señala que el motivo es claro: “Las fantasías tienen todos los permisos para acompañarnos imaginariamente, pero no son elegidas (por múltiples razones) para que habiten nuestra vida real. En esos casos, habrá que resolver las afectaciones que haya provocado este hecho y limitarlas al cobijo de la imaginación. Desde ya, que si el tema es sentirse presionados por el hecho de suponer que el no elegir ese estiramiento podemos perder a nuestra pareja implica reconocer que debe haber muchos más temas no resueltos en la relación que generan ese tipo de presión e inseguridad”.

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