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Córdoba

Están secos de tanta lluvia

Las precipitaciones desde hace 12 días pusieron en jaque los ingresos en algunos rubros que, con agua, no pueden trabajar. 

Con las copiosas y persistentes lluvias que ya llevan 12 días mojando (e inundando) Córdoba, hay unos cuantos trabajadores que se han quedado secos de tanto llover. Y son, precisamente, aquellos que ven impedidas sus labores diarias por los chaparrones, y que por más cruces de sal gruesa que hagan, no han logrado frenar el fenómeno meteorológico. 

César mira desde uno de los quinchos cómo cae el agua sobre las canchas de fútbol desde hace casi dos semanas. “Algunos fanáticos vienen a jugar bajo la lluvia en las de sintético, porque todavía no se vino el frío frío, pero en las otras es imposible”, relata el hombre encargado del predio de Don Balón. 

“La verdad es que tantos días de lluvia nos están afectando mucho, hay días sin actividad y otros con muy poca, y el alquiler es semana a semana… así que partido que no se juega, hora de cancha que no se cobra”, describe el hombre. 

La recuperación de las canchas es variada: las de sintético se pueden usar inmediatamente después que para de llover, pero las de tierra requieren un buen trabajo de remediación. “En las de tierra se hacen surcos, se marcan, y hay que emparejarlas cuando el agua seca para que puedan volver a usarse”, cuenta. 

Pastos crecidos.

“Hace 12 días que no puedo trabajar, no se puede hacer nada… cortar el pasto así de mojado es imposible, barrer no se puede, y usar la máquina eléctrica, menos”, dice Juan, un jardinero que está bastante complicado para afrontar los gastos mensuales. 

“Si deja de llover y sale el sol, rápidamente se puede retomar la actividad, pero si sigue nublado lleva más tiempo el secado para volver a cortar”, explica, y aclara que eso sucede si el jardín o patio tenía mantenimiento previo. “Si le faltaba mantenimiento antes y el pasto está muy largo, hay que esperar un día más”, sentencia. 

Juan, además de jardinero, se las rebusca haciendo changas de albañilería. “Pero ahora tampoco se puede hacer nada de construcción, porque aunque sean arreglos bajo techo, la mezcla no se seca”, apunta. “No queda más que aguantar…”, manifiesta resignado. 

Entrenador parado.

“¡¡Me tiene loco la lluvia!!”, dice con un toque de humor Pacu Herrera, profesor de tenis en el Club Universitario. “Cada profe establece un método, si pospone las clases o si las da por perdidas por motivos ajenos a uno, pero lo que no se puede es jugar en canchas de polvo de ladrillo en los días de lluvia porque es un suelo resbaladizo y realmente peligroso”, detalla. 

“Al club sigo yendo, los ratos que no llueve estuve arreglando canchas, poniéndolas en condiciones, y alguna que otra clase pude dar en estos días”, asegura Pacu, mientras hace apretados lugares en su agenda para reprogramar las clases no dictadas. 

Cerrado por agua.

En el lavadero de autos Figueroa Car Wash, de barrio Poeta Lugones, afirman que nos les conviene ni siquiera abrir. “No se justifica, la gente no lava los autos en días de lluvia, ni los que tenían turno”, explica Jorge. La mínima demanda de los días lluviosos suele ser por alguna suciedad puntual en el interior del vehículo, pero son muy pocos. 

“Eso sí, cuando para de llover se te pone el lavadero hasta las manos de gente”, advierte, añorando el día que asome el sol y pueda volver a trabajar. 

Con las rejas adentro.

Otros a los que se le complica la jornada laboral con el mal tiempo son los herreros, porque bajo el agua es imposible hacer colocaciones y soldaduras. “Estamos bastante complicados con las entregas, en estos días fabricamos y fabricamos pero queda todo en el taller porque no podemos salir a instalar”, precisa Guillermo, de la Herrería Hércules, en barrio San Vicente. 

“Soldar y usar electricidad bajo la lluvia es un riesgo tremendo”, argumenta. Cuando la lluvia les de un respiro, “habrá que laburar el doble para tratar de entregar y cumplir con todos los clientes con los que nos hemos comprometido”. 

La lista de afectados por las precipitaciones sigue y sigue: están los placeros, los puesteros de ferias francas, los barrenderos, los artistas de semáforos, los colocadores de piletas, y tantos más que entre chaparrones no pueden hacer su trabajo. Son la contracara de, por ejemplo, los lavaderos de ropa que con esta humedad no dan abasto. 

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