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Córdoba

Estaciones de servicio que se quedaron sin nafta

Congeladas en el tiempo, un puñado de estaciones de servicio abandonadas en la ciudad atesora recuerdos y amontona basura. Las recorrimos a través de la lente de nuestro fotógrafo Javier Ferreyra.

En los últimos 15 años, se calcula que en la Provincia de Córdoba cerraron unas 370 estaciones de servicio, un número que en toda la geografía del país araña los 2.500 edificios. Los datos, proporcionados por Federación de Expendedores del Centro de la República (Fecac), demuestran que el negocio de vender nafta viene mutando y, en el camino, quedan esqueletos enclenques y oxidados. No hay datos sobre cuántas son las abandonadas en la ciudad.

Las razones de la debacle son varias y muy variadas, desde nuevas tendencias de marketing para atraer clientes, hasta cambios en las normas de cada jurisdicción municipal. En Córdoba, por ejemplo, se elevaron hace tiempo los metros cuadrados mínimos para habilitar una estación nueva de 500 a 1.100. Las chicas pudieron seguir, pero muchas quedaron encerradas por edificios y por las mismas normas. Y un dato: “En este rubro se pelean mucho los socios”, dijo uno de los cuidadores de estos baldíos de chapa y cemento que visitamos. 

Una estación, para ser rentable, debe vender una determinada cantidad de combustible líquido. “Ese valor es de unos 400 ó 500 mil litros por mes para una YPF (que tiene la nafta en consignación) y de 250 mil para las otras banderas”, explicó Pablo Bornoroni, titular de Fecac. Por debajo de ese “punto de equilibro”, que incluye lo relacionado con la estructura de costos (personal, servicios, etcétera), las estaciones comienzan a caminar por una línea que, si se rebasa, las lleva a la quiebra.

“A muchos les termina conviniendo vender el lote a una constructora y cobrarse con un par de locales en la planta baja del edificio que se haga”, reconoció un actual estacionero que mira con buenos ojos ese cambio de rubro. “El tema es que el terreno tiene que ser atractivo para el inversor, debe estar bien ubicado”, agregó.

Uno de los grandes problemas es la remediación ambiental del lugar de donde estaba emplazada una estación. Según Fecac, la norma dice que cuando se da de baja en el organismo regulador nacional, hay que sacar los tanques, sellarlos y trasladarlos mediante empresas especiales a un lugar diseñado para este tipo de residuos considerados peligrosos.

Galería de fotos de las estaciones de Córdoba

El problema es que esto es muy costoso, y debe ser afrontado por la propia estación, justo cuando está cerrando. En esos términos, es complicado lograr que alguien que se está yendo a la quiebra, lo pague.

Las YPF son las más complicadas

Con el valor de la nafta prácticamente igualado entre las estaciones de bandera YPF y el resto, las ventas se reparten y la marca bajo el control estatal pierde terreno. Esto provoca que se encuentren al límite de la rentabilidad y se coloquen primeras para engrosar la lista de potenciales quiebras.

El problema es que los estacioneros adheridos a esa bandera no pueden cambiar el valor al que venden la nafta, viene determinado desde la central, en Buenos Aires. Desde donde también les imponen la rentabilidad.

Para ser rentables, tienen que vender más de 500 mil litros mensuales y, si no llegan, no les alcanza para los gastos de operación y mantenimiento. Por ejemplo, si comparamos las ventas de febrero de todas las estaciones YPF y Shell de la ciudad de nafta súper. En las primeras, las ventas cayeron 17,3 por ciento en volumen. En las Shell, por el contrario, hubo un incremento de 32,4 puntos. 

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