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Córdoba

Esta radio es una cosa de locos

En 2010, nacía en el Neuropsiquiátrico Provincial la radio Los Inestables. El martes, el programa arrancó su cuarta temporada con todo, y con un notición: recibirá financiamiento de la Secretaría de Cultura de la Nación.

“Pero los locos, queridos míos, –aunque desafortunadamente no lo sepan– poseen una felicidad que no tenemos en cuenta...”

Las tres de la tarde del martes habían pasado hacía un cuarto de hora cuando Claudio manoteó el micrófono de la mesa de sonido, se persignó, se paró en medio del círculo que formaban unas 20 personas, y arrancó: “Muy buenas tardes a todos… Sean muy bienvenidos al primer programa del año de Ra Ra Ra Ra Ra Radioooo...”.

“¡¡¡Los Inestaaables!!!”, le respondieron, gritando, los 20 que lo rodeaban, sacudiendo la modorra en el patio del Hospital Neuropsiquiátrico Provincial.
Radio Los Inestables es un proyecto que nació más de tres años atrás, cuando pacientes que participaban religiosamente de un taller artístico en el Neuro se encontraron un día con que –por razones de seguridad– desde la Dirección les habían bloqueado los tomacorrientes que permitían obtener electricidad para convertirla en música.

Pero lo que en el universo de “los sanos” hubiese sido un obstáculo insalvable, en las mentes de “los insanos” devino una oportunidad de crear. Los “locos” –como los niños– son artistas sin saberlo, quizás porque su razón no está “normalizada” por la razón de la sociedad.

Uno de los pacientes, entonces, hizo como si “enchufase” a otro en las costillas, y ese otro se largó a hablar y a cantar como si de una emisora humana se tratara.

Primero hubo risas, pero después estuvo la intuición de los presentes, que se dieron cuenta de que la cosa daba para más.

Unos meses más tarde, Los Inestables debutaban al aire. Y, en su cuarto año, tras mucho luchar para conseguir financiamiento, el programa quedó seleccionado entre los proyectos de base que este año recibirán asistencia (una suma única de siete mil pesos) de parte de la Secretaría de Cultura de la Nación.

Ésa fue la bomba que las encargadas del taller –Sol, Solana, Marisa y Eli– tenían guardada para la apertura de temporada. Y hubo aplauso generalizado cuando la compartieron. Aunque eso no tiene nada de especial, porque la onda en la radio es tanta, que no hay intervención que termine sin ovación.

La pluralidad, un remedio. Claudio es el conductor de un programa que es abierto y en el que todos tienen voz. Y es un gigante en lo que hace. Se encarga de que todos participen, le mete humor y pimienta a la siesta del Neuro, modera la discusión y manda la pausa cuando corresponde. Pero aires de estrella, cero.

Al micrófono, lo comparte sin dramas, con cualquiera que lo pida. Y entonces se habla de todo. Hay discusión sobre problemáticas políticas (“¿en qué etapa de su vida está la democracia?”) y sociales (“la violencia dentro y fuera de los boliches”), con un nivel de debate e ideas no muy común en el espacio radial cordobés. Hay emoción y poesía en el rincón literario. Hay un momento para los chistes (de salón: “Un gallego le pregunta a otro si es Testigo de Jehová y el otro le contesta que no, que él no ha visto nada”). Y hay cierre con solos musicales.

Entre medio, hay risas, hay chicanas (sin veneno), y hay baile, mucho baile. En cada pausa, hay cuarteto, y con cada cuarteto hay ronda, hay trencito y hay un mega-agite fogoneado, ¡cómo no!, por Claudio.

“¡Saltando! ¡Saltando!”, anima, al ritmo de la Mona Jiménez. Para luego asegurar: “Si esto es una locura, prefiero estar acá, en esta locura, y no en la locura en que te mete la sociedad, que es la que conduce a nada. Esto, para el alma, para el corazón, y para el ser humano... esto es muy importante”.

Luchar desde la alegría. Ahora, si hay que hablar en serio, Radio Los Inestables, como dice un afiche por ahí, “es un dispositivo liberador, inclusivo y expresivo que viene a desestabilizar lo instituido por una lógica manicomial que perpetúa el encierro, la exclusión, el silencio”.

Una herramienta que “posibilita un doble movimiento de apertura: fortalece los lazos de la sociedad con personas tradicionalmente segregadas de ella y debilita el imaginario social sobre la locura que justifica su marginación”.

En español: la radio funciona como puente entre los que están de un lado del muro y los que están del otro. Y ayuda a que, de paso, ese muro empiece a desaparecer. Por eso, Marisa, una de las talleristas, aclara que la radio no es “un mero espacio de diversión”, sino que, más bien, es “un espacio de lucha desde la alegría”.

Así lo sienten los pacientes y expacientes que participan del programa. Como María, cuando dice: “Creo que la radio nos dio la oportunidad de que la gente de afuera sepa lo que sentimos”. O como Gustavo, que resalta su carácter terapéutico y asegura que “gracias a la radio, ha bajado mucho la discriminación”.

O como Claudio, el locutor, que sabe lo que es sentir el encierro, porque alguna vez estuvo internado, y que valora cómo el programa los hace sentir “que no están dentro de un hospital”; cómo los hace sentir “libres”.

Al nacer, según dicen, el taller de radio se había planteado el objetivo “de favorecer la defensa de los derechos humanos y el ejercicio de la ciudadanía de quienes reciben atención en salud mental”. Y, también, de “contribuir a la visibilización de las problemáticas” que los afectan. Poco a poco, Los Inestables lo han ido logrando. Y seguirán en esa línea. En el camino, han ido construyendo una radio que es una cosa de locos. En el mejor sentido de la palabra.

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Copate

Para ver o escuchar. Bajo la batuta de Eli, Claudio, Solana, Sol y Marisa (en la foto, de izquierda a derecha), Los Inestables graban su programa los martes, de 15 a 17, en el Hospital Neuropsiquiátrico (León Morra 172), aunque también suelen hacer “desembarcos” y grabar en espacios públicos de distintos barrios de la ciudad. Se puede asistir a la grabación en vivo o se puede escuchar su transmisión los viernes, en tres radios: FM 93.3 Radio Comunitaria La Quinta Pata (de 15 a 16); FM 99.5 Radio Curva de Salsipuedes (de 16 a 17); o FM 90.1 Radio Sur (de 18 a 19).

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Por fin llega plata, pero todavía falta

Desde que nació, el taller de la Radio Los Inestables se ha estado bancando a puro pulmón, con el esfuerzo de los muchos que han aportado su granito de arena y con el amor desinteresado que las cuatro talleristas, Solana, Sol, Marisa y Eli, tienen por lo que hacen.

Ellas trabajan sin ver un peso, y aportan no sólo su tiempo; también el equipo de música y la computadora que permiten que el programa pueda grabarse. ¡Y más! Si uno fuese a presenciar en vivo la grabación podría ver que, tanto como se ocupan de la radio, se encargan, también, de acompañar y asistir –mientras están en el Neuro– a los pacientes que se acercan a participar, y a los que se arriman a curiosear.

Pero siempre supieron que, para mantenerse y crecer, Los Inestables iban a tener que conseguir financiamiento.
Se las rebuscaron, hasta ahora, vendiendo algunos CD’s, pins, señaladores y almanaques con “motivos inestables”, pero con eso no alcanza.

De ahí que fuese tan celebrada, el martes, la noticia de que el programa había sido seleccionado como proyecto de base para ser financiado por la Secretaría de Cultura de la Nación, en el marco de la red Puntos de Cultura. “Siete mil pesos no es un montón, pero suma”, resumió Marisa.

Alcanzará, quizás, para comprar algunos de los equipos que las talleristas estiman indispensables para el crecimiento profesional de toda la radio.
Pero como todavía falta, ahora se presentaron a una micro-beca internacional (Rising Voices), “a fines de poder conseguir fondos para financiar algunas de las líneas de acción planeadas para este año”.

Mientras tanto, la beca conseguida les ha aportado, como bonus, un reconocimiento al trabajo realizado. “Ninguno, igual, como el haber perdurado estos años y el cariño de la gente que nos hemos ido encontrando”, aseguró Marisa.

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