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Córdoba

El alquiler es inaccesible para la mitad de los hogares

Vivienda en crisis. Un estudio muestra que la renta promedio en la ciudad supera el ingreso del 50% de los hogares o se lleva más de la mitad del mismo, lo que la hace impagable. Al noroeste se cobran los alquileres más altos.

Para que el alquiler de una vivienda sea un gasto manejable para cualquier hogar, se calcula que no debe llevarse más del 20 por ciento del ingreso total que ese mismo grupo familiar o individuo percibe cada mes; ya que el resto debe cubrir la amplia gama de gastos que insume la vida cotidiana. 

Sin embargo, y a pesar de lo básico de esa situación, la mitad de los hogares de la ciudad de Córdoba queda excluida: perciben ingresos menores al monto del alquiler promedio o deben destinar como mínimo un 50% del total de recursos que reúnen cada mes a cubrir los costos de rentar un lugar.

Así, literalmente, lo revela un estudio realizado por los investigadores Daniela Gargantini, Miguel Martiarena, Verónica Greppi y Joaquín Peralta y presentado, en nombre de la Red Ciudadana Nuestra Córdoba, en el seminario “Hábitat, acceso al suelo y financiamiento”, organizado por Ceve y Conicet en la semana que acaba de pasar.

La investigación calculó, relevando avisos publicados en los principales medios locales para una vivienda de clase media de dos dormitorios, el monto del alquiler promedio en cada zona de la ciudad demarcada por la jurisdicción de los 10 CPC. Y los cruzó con los ingresos medios de los hogares computados por la Encuesta Permanente de Hogares del Indec (hogar es una categoría social que integran grupos familiares de diverso tipo que conviven o individuos solos, que constituyen un hogar en sí mismos). 

Según los datos, el valor del alquiler promedio en la ciudad es de $ 2.462 mensuales, mientras que para el 50% de los hogares capitalinos el ingreso mensual promedio oscila entre $ 1.722 a $6.094. En ese grupo, 20% de los hogares perciben hasta $ 2.946 pesos por mes, casi el mismo valor de un alquiler. En el otro 30%, el ingreso promedio mensual va de $ 4.001 a los citados $ 6.094. Esa relación torna inaccesibles los alquileres para esos segmentos. 

Observando toda la escala social, sólo registran ingresos suficientes para cubrir un alquiler de modo sustentable 2 de cada 10 hogares en esta ciudad, esto es, el universo de mayores ingresos (en esos caso la renta se puede cubrir con el 20% o menos del dinero que entra cada mes a la casa). Según datos del Censo 2010, en esta capital los hogares suman 414.237. Y sólo el 60 por ciento de ellos reside en una vivienda y sobre un terreno del que son propietarios. El resto, debe recurrir a alquilar o conseguir techo por otras vías.

Cerca del río, más caro

 Los valores económicos reflejados en el estudio corresponden a julio de 2013, aunque su cruzamiento y análisis se realizó este año. Igualmente, y más allá de que los montos pueden haber sufrido subas producto de la inflación, las proporciones se mantienen casi idénticas o han empeorado en términos sociales. Vale remarcar, por ejemplo, que los contratos de alquiler incorporaron actualizaciones semestrales, lo que les asegura un ritmo de aumento mucho más acelerado que a los salarios en blanco y en negro. 

El tema de fondo de este estudio y preocupación central de los investigadores fue el déficit habitacional de Córdoba y lo difícil o imposible que resulta aquí el acceso a la tierra. En ese mapa amplio, las dificultades para financiar el alquiler son un rasgo más. 

“La madre de todos los problemas en la ciudad tiene que ver con un Estado ausente en políticas del suelo y desarrollo urbano. Córdoba no las tiene, y crece tironeada sólo por los intereses de mercado. Detrás de eso se elevan el difícil o imposible acceso a la tierra y la suba de costos de la infraestructura. El mercado tiene un rol, pero debería garantizarse que la ciudad de cabida a todos sus habitantes”, señaló Gargantini, coordinadora del estudio. 

La investigadora destacó como dato curioso que el mapeo de los precios de los alquileres sobre el ejido urbano no muestra variaciones sustanciales según la zona entre propiedades similares, cosa que sí sucede con el precio de la tierra. “Están entre $ 2.500 y “3.000 en casi todos los barrios, y la media por CPC es muy similar”, apuntó. El valor más alto se da en el distrito del CPC de Argüello ($ 2.920 promedio) y el más bajo en el área de Rancagua ($ 2.165). 

En general, los precios más altos de la ciudad “se agrupan en franjas puntuales que se extienden hacia la periferia: esto puede verse hacia el noroeste, siguiendo el río Suquía, y hacia el suroeste, siguiendo al arroyo La Cañada, zonas de crecimiento de alta gama”, puntualiza la investigación.

Oferta, zona y boom sojero

¿Qué explica las variaciones de alquileres de viviendas similares entre zonas? El estudio las relaciona con dos factores: la oferta de unidades disponibles y la calidad de vida en el sector. “Es esta última variable determina que algunos de los valores más bajos se encuentren en la zona del Centro y Nueva Córdoba (vinculado a la primera causa), así como en el cuadrante noreste y este, en concordancia con las características socio-económicas de las ciudades conurbadas a Córdoba hacia esa dirección (derivado más de la segunda)”, grafica la investigación. 

Otro dato clave que destaca Gargantini, y que ayuda a entender el comportamiento de los alquileres, es el enorme caudal de inversiones de renta agropecuaria generada en el interior de Córdoba que en los últimos años fue volcado a ladrillos en esta capital, sin ningún encause de parte del Estado: “El gran boom sojero hizo de la inversión inmobiliaria un modo preferencial de resguardar ahorro, un rol que en algún momento cumplió el sistema financiero. Eso hace que hoy el objetivo principal de muchos de esos departamentos o propiedades que se compraron no sea el alquiler sino conservar los activos”, reflexionó. 

Muchos datos muestran lo bien que las propiedades vienen cumpliendo este rol. Un estudio del Grupo Edisur revela que cada peso invertido en inmuebles en 2002 se convirtió a febrero de 2014 en 16 pesos, más del doble de la rentabilidad obtenida en dólares y tres veces más que la de plazos fijos.


"El alquiler nos lleva cada vez más"

Andrea y Sergio tienen trabajos formales y una dedicación horaria de 30 y más de 60 horas semanales, respectivamente. Viven en barrio San Lorenzo, a cuadras de Ferreyra, con Facundo y Agostina, sus hijos de 5 y 2 años.

Cada mes, sus ingresos pasan casi derecho a cubrir guardería y colegio, el funcionamiento de su único auto, gastos de vida básicos (ropa, medicina, servicios) y el alquiler de la casa de dos dormitorios que habitan. Pero a pesar de lo mucho que trabajan, y del modo en que se cuidan recortando gastos que antes se permitían (como alguna ida al cine o salir a almorzar), pagar el alquiler se les hace cada vez más costoso. 

A la vez, el sueño de acceder a una vivienda propia sigue aún diferido en el tiempo, y las últimas y “mejores” alternativas de crédito hipotecario que ofreció el mercado también les resultaron inalcanzables (Procrear, préstamo Bancor).

Este cuadro de situación es el que comparten miles y miles de familias en Córdoba, y por debajo de este segmento hay situaciones mucho más complicadas y dramáticas aún. 

“Los sueldos no suben en la misma proporción que por contrato se actualizan los alquileres. Si antes íbamos una vez por mes al cine, ahora lo hicimos sólo en las vacaciones de invierno para los chicos. Así nos vamos teniendo que cuidar en cosas simples, pequeñas salidas o gustos que no son lujos”, cuenta Andrea, empleada contratada en la Provincia. Su esposo trabaja en el sector automotriz-metalmecánico, y siente desde hace tiempo el bajón que comenzó a acusar el sector. 

“Cuando tuvimos que buscar casa para alquilar consideramos muchas cosas: estar cerca del trabajo de mi esposo para ahorrar en traslados, que quedara más o menos en la zona de los abuelos, que los alquileres fueran más accesibles que en otros barrios menos alejados del Centro y la posibilidad de tratar con el dueño de la casa, ahorrando en gastos de inmobiliaria”, enumera. 

Como la mayoría de las parejas, Andrea y Sergio tienen la meta de convertirse alguna vez en propietarios, un logro que no ven muy cercano en el tiempo a pesar de todo lo que trabajan. “Intentamos acceder al plan Procrear, pero la cuota que debíamos pagar era de 4.500 pesos mensuales, no nos daban los ingresos, imposible”, señala citando cómo única alternativa accesible hoy el sistema de Cooperativa Horizonte, un método que puede acercarlos a su vivienda pero al cabo de varios años.

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