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Córdoba

Duermen apretados, sueñan con su casa

Cómo vive una familia de 13 integrantes que comparte una sola casa y necesita vivienda propia.

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“Uno no quiere el mal para los hijos y los acompaña, no piensa en dejarlos en la calle, pero es cierto que así no podemos seguir viviendo, la bulla es insoportable, y por eso cuando ocuparon el terreno que está en el barrio nos metimos para conseguir unos lotes porque no tenemos otra manera de acceder a la tierra”.

Las palabras son de Nora, una vecina de barrio Los Fresnos, cerca de Ituzaingó, que busca escapar de la realidad que la asfixia: el hacinamiento. Ella comparte techo con Walter (52), su marido, siete de sus nueve hijos y cuatro nietos. La necesidad de una vivienda se evidencia en la casa en cada simple gesto cotidiano: levantarse, desayunar, almorzar, cenar y dormir.

Los 13 integrantes de este hogar descansan en tres habitaciones, por eso se ilusionan con la posibilidad de poder retener la tierra en la que se metieron, que desde mediados de febrero está ocupada por unas 150 familias.

La necesidad es tal que sin importar las consecuencias se fueron turnando para dormir en el terreno donde marcaron sus lotes, dejando atrás la comodidad de un colchón y el resguardo de las paredes con el riesgo de poder quedar con “los dedos pintados” por el delito de usurpación. Eso fue durante el primer mes de la toma, hasta que se calmaron los ánimos.

“Yo me quiero ir porque necesito una casa para mis hijos. Además, me duele ver a mis hermanas más chicas (Winifred, Damarí y Ainara) durmiendo en colchones en el piso, ellas no se lo merecen, por eso ya estoy pensando en armar una casillita en el lote. Yo sé que un piso de tierra no es lo mejor, pero es una forma de empezar a salir”, analiza Johana (28), mamá de Owen (6) y Tiziano (de un año y dos meses).

Emanuel (22), otro de los hijos de Nora, trabaja en una empresa de residuos patógenos y todas las mañanas se tiene que levantar temprano. Él comparte habitación con su hermana Daiana (24) y sus dos sobrinos. El más chico tiene dos meses y es bastante madrugador, así que Emanuel descansa a medias antes de salir para su laburo.

Daiana y Johana están dispuestas a dejar la vivienda, pero cuentan que con la plata que cobran por mes no les alcanza para pagar un alquiler. “Yo tengo que mantener a mis dos hijos con 700 pesos, que es lo que consigo por la Asignación Universal por Hijo y la plata que me pasa el padre de los chicos, porque no tengo trabajo. Me alcanza para pañales y algo de comida, nada más”, cuenta Johana.

Dependiendo del día, los ‘peques’ de la familia pueden llegar a dormir con los abuelos, pero sino los chicos se reparten en dos habitaciones, cinco en una y seis en otra. El uso del único baño de la casa es otro tema, que en más de una oportunidad genera conflictos.

Nora es la que marca el ritmo del hogar: “Yo soy la que cocina para los 13, pero el problema es la plata, así que siempre caminamos mucho para buscar ofertas. Hasta hace un año no teníamos lavarropa automático, así que cada uno se lavaba su ropa a mano. Gracias a Dios pusimos ahorrar para comprar uno. Como somos tantos, nos repartimos las tareas, sino esto sería un caos”.

La falta de trabajo es lo que dificulta más las cosas. Hace tres meses que Walter no consigue “ni una changa”. Es albañil pero asegura que por su edad ya no lo toman en ningún lado. Nora trabajaba en un servicio de cama adentro, pero después se enfermó su padre y tuvo que renunciar.

Con un presente apretado, esta familia intenta mirar para adelante. Ellos ven en la toma de tierras una solución para sus problemas pero saben que eso solo no alcanza para empezar a levantar cimientos.

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