?>
Córdoba

Dominique Lescano: Ya no soy más la nenita que tenés que perseguir

En 10 días se cumplirán siete años del trasplante cardíaco de Dominique Lescano. A sus cortos 12, es una luchadora. Una de las niñas que nos conmovieron esta década.

La infancia es aquello que, sin saber cómo ni cuando, un buen día archivamos en lo alto del ropero. En una caja que desempolvamos cuando pinta la nostalgia y queremos aplacarla, recuerdos mediante. El cajón de Dominique Lescano tiene un par de carteles enrollados. Papeles amarillentos, escritos en todos colores, que llevan el nombre de ella y el de su hermano Jacinto.

Son los carteles de bienvenida que recibió en la casa de su abuela Stella, de barrio San Martín. Corría entonces el mes de noviembre de 2007 y la pequeña de cinco años pisaba por primera vez la ciudad de Córdoba, después del trasplante de corazón que había recibido seis meses atrás, en el Hospital Garrahan de Buenos Aires.

Por esos caprichos de la memoria, Dominique no recuerda hoy una sola cara de los más de cientos que aquella tarde la había ido a visitar. Ni familiares, ni amigos, ni periodistas, entre los cuales me encontraba. Y eran tantos que hasta la policía tuvo que cortar la calle Famatina para impedir un caos vehicular. Todos se habían llegado para ver a la “niña del milagro”, la cordobesita que resistió 264 días en emergencia nacional a la espera de un corazón.

Por esos caprichos de la memoria, aquella vuelta a Córdoba sería uno de los pocos recuerdos que atesoraría de su infancia. El resto son sólo flashes. Vestigios de una niñez que, a fuerza de golpes, se fue tan rápido como llegó el día de su nacimiento, un 21 de diciembre de 2001.

Sólo una medalla Rosa chicle y empapelado de princesas. Así quedó la habitación de Dominique, en su casa de barrio Parque Patricios, Capital federal. Cuando la familia acondicionó el departamento, no perdió detalle. La pequeña iba a mudarse después del trasplante con lo cual los espacios debían ser amplios para que ella se pudiese trasladar con el respirador artificial. No podía haber alfombras.

Hoy Domy asiste al sexto grado de la escuela Tiempo Educativo y sigue viviendo en el departamento de Capital Federal, a pocas cuadras del hospital Garrahan, en la misma habitación de princesas.

Es Viernes Santo y la familia está de paso por la ciudad. Domy acepta dar la entrevista en su casa natal de barrio San Martín. Antes de comenzar a hablar, pide a sus padres que se retiren de la habitación. Cierra la puerta.

Para romper el hielo, pregunto de qué color le gustaría pintar su cuarto. A lo que responde: “Al empapelado de princesas me lo hizo mi tío. Él ya no puede ayudar, es mayor. A mí ya no me gusta tanto el rosa. Al principio decís: ‘Qué bonito el rosa’. Pero llega una edad en la que no querés más cosas de niños. El color es difícil de sacar porque hay que pintar todo de vuelta. Para sacar el papel, tiene que venir una persona especializada. Y yo me tendría que ir, porque el olor me haría mal”.

En los 40 minutos que durará la entrevista, Dominique responderá con una decisión poco frecuente para una chica de 12 años. Contará que en todo este tiempo aprendió a sortear las piedras de su camino. Que ya no se pone metas a largo plazo para no frustrarse. Ante una pregunta sencilla como: ‘¿De qué color pintarías tu cuarto?’, responderá primero con el deber ser. Recién insistiendo dos veces, contestará: ‘con un naranja clarito’.

Contará además que en quinto grado corrió una maratón y salió segunda. “No me animaba a participar en las olimpíadas. Siempre termino siendo la última. Me sorprendió quedar en segundo lugar. Pero es sólo una medalla. No me fijo mucho en eso”.

Ni un minuto más. La música fue siempre parte de su vida. Cuando nació, sus papás estuvieron una semana indecisos respecto a qué nombre ponerle a la niña. A la semana, eligieron Dominique porque les gustó como sonaba.

En su casa natal, abundan los instrumentos musicales: un piano, varias guitarras y su violín. Pero a Dominique no le interesa tocar. Dice que lo hace por obligación. En cambio sí quiere hacer mosaiquismo, unir azulejos como los que ve camino a la escuela, en el Pasaje Lanín y en el Hospital Británico.

“Lo que viví todos estos años, que ya van a ser siete, me hizo fuerte. Antes pensaba que no era importante estar bien. Que podía retrasarme con la medicación. O no seguir una dieta. Pero después de que me internaran varias veces, dejé de tomar las cosas a la ligera. Entendí que si los médicos me lo decían era por algo. Porque cada vez que me operaban, yo sufría mucho. Y yo no quiero volver a pasar por eso”.

Hace tiempo que Domy piensa en dejar el rosa. Pero no fue sino el mes pasado cuando se dio cuenta de que ya no era una niña. Fue en un pijama party, en casa de una amiga. “Yo andaba todo el tiempo con el bolsito, el bolsito, el bolsito. La mamá de mi amiga me iba a avisar la hora en que tenía que tomar la medicación. Estaba viendo una película y me fijaba a cada rato la hora. Cuando me avisaron, yo ya la había tomado. Siento que no soy la nenita chiquita a la que tenés que andar persiguiendo para que tome los remedios. Soy más grande y me puedo hacer responsable de las cosas”.

La percepción de Dominique no falla. También sus padres la admiran por su carácter y decisión. Cuentan que puso vuelta y media a un chico de 16 años que encontró en el hospital. “No te quejes si no te llega el corazón. Será que no era para vos”, le dijo.

Dominique Lescano tiene fuerza para ella y para sus amistades. “Ana Belén es mi mejor amiga. Es compañera de la escuela. Un día la encontré llorando en el patio y ahí nos hicimos muy amigas. Ella me entiende. Tiene un problema en los huesos y camina chuequito. Yo sé que no me va a juzgar”.

La razón –y un fuerte deber ser– ponen orden el mundo de Dominique Lescano. Ella está a salvo bajo su control. Quién sabe qué pasará cuando le llegue el más descontrolado de los estados: el amor.

08. Ni más ni menos. “Con la medicación no juego. Si es a las ocho, es a las ocho. Ni un minuto más, ni un minuto menos”, cuenta Domy.

09 meses con Berlin Heart. En agosto de 2006, Dominique comenzó la cuenta regresiva. Como el corazón no llegaba, le colocaron uno artificial.

21/12/01. Dominique Lescano nace por cesárea en Córdoba. Hermana menor de Jacinto, hija de Conrado y Marcela.

Marzo de 2004. Los médicos le diagnostican miocardiopatía restrictiva.

03/08/06. Es internada en el Hospital Garrahan a la espera de un corazón.

24/08/06. Los médicos le colocan provisoriamente un Berlin Heart o corazón artificial traído de Alemania.

16/05/07. Es trasplantada de corazón en el Garrahan.

08/11/07. Domy visita por primera vez Córdoba después del trasplante. Recibe un festejo en casa de su abuela, en barrio San Martín.

En espera según el Incucai. En Argentina hay ocho niños menores de 10 años que esperan ser trasplantados de corazón.

Trasplantados en lo que va del año. 22 chicos menores de 10 años recibieron un trasplante con donante cadavérico. La mayoría recibió un hígado nuevo.

Sumate a la conversación
Seguí leyendo