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Córdoba

El diablo se despertó y largó la fiesta

Los Zorzales, la comparsa más vieja de la ciudad, desenterró en Maldonado un nuevo Carnaval. Sigue hasta Semana Santa. Mirá la galería de fotos.

Por Waldo Cebrer

Robi mira al cielo que se hizo con nubes y dice: “Mientras no llueva de nuevo…”. Acaba de caer un ligero chaparrón sobre las calles terrosas, desarboladas de barrio Maldonado. Otro aguacero mojaría las plumas de los trajes y arruinaría el trabajo de meses.

Pero no llueve. De todas las direcciones comienzan a llegar niños y viejos vestidos con trajes de colores. Tienen las caras pintadas, algunos llevan cencerros en los pies, otros, pesadas coronas de plumas en la espalda. El día comienza a desvanecerse detrás de los viejos muros del cementerio San Vicente. Ahí es la cita, el ritual que dará inicio al Carnaval número 50 de Los Zorzales de Maldonado, la comparsa más vieja de la ciudad.

La fiesta comenzó ayer y sin perder fin de semana se extenderá hasta Semana Santa, cuando tras el desenfreno se aquieten los espíritus y todos regresen a sus faenas habituales. Tal es el valor cultural que el Carnaval tiene para las más de 20 comparsas que existen en el gran San Vicente, que mientras dura, desplaza los problemas habituales de esos barrios postergados de la ciudad.

Robi es el diablo. Una capa roja cubre su cuerpo enorme y una corona con dos cuernos de cabra le adornan la cabeza. Sabe bien lo que su personaje representa: “El diablo es el rey del carnaval. Esta es la fiesta del diablo”, dice.

La llamada del Carnaval, o el desentierro del diablo, comienza igual todos los años. “En la puerta del cementerio recordamos a los compañeros que no están. Después nos vamos bailando hasta la casa de una vecina que hace la invitación”, dice René, 67 años, 50 carnavales.

La invitación es un banquete para los 200 murgueros. Esta vez, Carmen Rearte, empleada municipal, paga choripán para todos y correrán ríos de vino hasta el anochecer. “Y eso que todavía no cobramos en la Muni”, bromea. Las cuatro cuadras que separan su casa del cementerio fueron, ante el paso de la comparsa, el “Sambódromo” cordobés. Ningún vecino se lo perdió.

Una vida. Cada año, los comparseros invierten mucho en el Carnaval. Algunos trajes llegan a costar más de 2.500 pesos y por las plumas, el material más usado, pagan entre 400 y 500 pesos el kilo.

El Carnaval está en el gen de San Vicente. Con los años, ha ido mezclando prácticas y rituales de celebraciones de distintas culturas. Los viejos personajes como el cocoliche, el diablo, el apache o el indio, conviven con las ruidosas batucadas. René ha visto todos esos cambios. Es uno de los 13 fundadores de Los Zorzales, que existe desde 1963. En el elenco carnavalero, Rene es “apache”. Mientras camina, recita versos. “Yo hablo del ladrón, de la cárcel. Tiene mucho del lenguaje del inmigrante”.

Clavo, otro de los viejos, fue con sus nietos. Está algo dolido. Dice que no es como antes, que no “alcanza con ponerse plumas”. Para otros dos viejos amigos, en cambio, el Carnaval es reencuentro. “A nosotros nos unen las plumas”, dicen. Será un mes de fiesta para ellos.

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