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Córdoba

Crece la demanda en hospitales provinciales

Es por los 27 días de conflicto en el Hospital de Urgencias. Allí, los consultorios externos están cerrados por completo.

Las casi cuatro semanas de conflicto ininterrumpido en el Hospital Municipal de Urgencias dejaron un hueco en la atención de los pacientes que tuvieron un accidente y deben volver para un control. ¿Adónde van estas personas?

Este diario recorrió las instalaciones del centro de salud municipal y consultó con centros vecinales y responsables de hospitales provinciales. A juzgar por las fuentes, la gente no se queda sin atención aunque padece los trastornos de movilizarse de un hospital a otro en busca de una solución que muchas veces se demora.

El cierre de los consultorios externos en el Hospital de Urgencias implicó un aumento de entre un 10 a un 30 por ciento en la demanda de algunos centros de salud provinciales. El incremento se nota considerablemente en aquellas instituciones con fuerte en traumatología, como son el Córdoba, el San Roque y el Tránsito Cáceres de Allende. Los tres, dependientes de la Provincia.

En el Hospital Córdoba, de avenida Patria y Libertad, la demanda durante las últimas cuatro semanas aumentó entre un 10 y un 15 por ciento. Los servicios de traumatología y neurocirugía fueron los más pedidos. Y en el Tránsito Cáceres de Allende, un 30 por ciento más. La información fue confirmada por los directores de esos centros de salud.

El peregrinar de los pacientes se da de la siguiente manera: quien tiene un accidente en la calle (o en su casa) es trasladado en una ambulancia hacia el Urgencias. No existe ningún inconveniente en la atención de las emergencias, salvo el hecho de que la familia puede que tenga que salir a comprar algunos insumos. Una vez estabilizado el paciente, se irá de alta y volverá para curación.

Hasta ahí todo perfecto. El problema surge cuando deben regresar para un control. Primero porque no pueden sacar turno con el especialista (los turneros no funcionan). Segundo, porque los consultorios externos permanecen cerrados. Un detalle: el pasillo central del hospital se encuentra prácticamente vacío.

Esto genera trastornos en la gente, ya que debe movilizarse de un hospital a otro en busca de una respuesta, como el caso de Belén.

“Todos aquellos que tienen una emergencia son atendidos. Quizás tengan que esperar mucho, pero los atienden. El problema es cuando tuviste un accidente que no es tan grave. Por ejemplo, si te cortaste y te hicieron puntos. Volvés a curación y si la sala está ocupada, te piden que vayas al dispensario. Conozco una chica que se quebró y se sacó sola el yeso, porque los empleados estaban de asamblea”, contó Claudia Casas, vecina de la zona sur y miembro de la comisión de seguimiento del Hospital Príncipe de Asturias.

Preparados. Germán Llancaman, director del Hospital Córdoba, explicó que el aumento en la demanda se nota principalmente en el sector de cirugía. “Hay pacientes que tenían una operación programada en el Hospital de Urgencias. Y que de allí los mandan para acá. A la persona no le importa si este es un hospital provincial, municipal o nacional. Lo que quiere es respuesta”.

El directivo informó que el aumento en las consultas recarga al hospital pero que no están colapsados. A fines del año pasado se vivió la misma situación, pero a la inversa: fueron los hospitales municipales los que salieron al salvataje ya que los provinciales se encontraban con medidas de fuerza.

27 días

Desde el 1º de abril, empleados del Hospital de Urgencias mantienen una medida de fuerza por la incorporación de personal. Están nucleados en el gremio de empleados municipales (Suoem) y solicitan que se sumen al menos 30 agentes. Para la Municipalidad de Córdoba, este es un conflicto político. Sostiene que el gremio quiere decidir quiénes entran y quiénes no.

Sin respuesta

Durante la semana y antes de las renuncias, intentamos en reiteradas oportunidades hablar con la Secretaría de Salud municipal. Sin suerte.

 

La quinceañera que “resucitó” en Pascuas

Desde chica le gusta sentarse en la ventana para ver pasar a la gente. No importa si es en planta baja, segundo piso o sexto. Antonella María Milagros mantuvo esa costumbre buena parte de sus 15 años, hasta que aquel día de Viernes Santo sucedió algo inesperado. Se patinó desde el segundo piso de la ventana de la casa de su tía, en Alberdi.

A mil por horas, la ambulancia la trasladó hasta el Hospital de Urgencias. Cuando ingresó el mediodía del viernes tenía costillas y cadera quebrada, traumatismo de cráneo y pulmón fisurado. Del shock room a terapia y de terapia llegó el parte médico. Según contaría más tarde su suegra Natalia Courroux, los médicos le dieron 72 horas de vida.

“La pusimos en cadena de oración, creo yo, en la mayoría de las iglesias de Córdoba. Evangelistas, católicos, ortodoxos. Todos rezaban por Antonella. Cuando el domingo fuimos a misa, en la capilla de barrio Los Álamos, el cura me agarró la mano y me dijo: ‘Ella va a mejorar. Dios ya hizo su obra’”, contó Natalia.

Cuando ya no quedaban más que esperanzas, el panorama cambió de repente. Fue el domingo por la tarde (domingo de pascuas) cuando los médicos le dijeron que ese mismo día ya estaba lista para salir de terapia. “No tenemos palabras para agradecer lo que esta gente hizo por Antonella. Por supuesto que está la fe y las ganas de seguir viviendo. Pero sin los médicos y enfermeros, no estaría acá para contarla”.

 

Cinco meses y tres intentos para una cirugía

Eduardo Allende tuvo la mala pata de accidentarse en bici. Fue el 30 de octubre, en barrio José Ignacio Díaz. El hombre de 27 años (una esposa y dos hijos a los que mantenía) trató de esquivar un auto cuando sin querer metió su pierna entre los rayos de la rueda de su bicicleta. Terminó con quebradura de tibia y peroné, derecho al Hospital de Urgencias.

En el centro de salud le avisaron que en diciembre tenía que operarse, que vaya haciendo los trámites para recibir un implante. Más exactamente, un clavo endomedular para tibia. Para esa fecha, el Urgencias ardía. El hospital estaba en código rojo y se convertía en la rueda de auxilio de la ciudad, ya que todos los hospitales provinciales sostenían medidas de fuerza.

“En diciembre fue la primera vez que me cancelaron la cirugía. La segunda vez fue en febrero, porque el trámite de la prótesis se había vencido. La tercera, el sábado pasado porque el implante que llegó estaba contaminado y no andaba la central de esterilización”, comenta entre angustiada y resignada Belén (22), su esposa.

Los Allende tuvieron que mudarse a la casa de los padres de Eduardo. El hombre tenía un trabajo informal en una distribuidora y la familia completa (incluido un bebé de un mes) se quedó sin sustento económico. Y en el medio, los gastos de ir y venir en colectivo. O en remise, en busca de una respuesta. Pero todo lo que se llevan es un papelito firmado por el director del hospital que dice: “solicito un implante urgente atento a que la empresa se niega a proveerlo por problemas ajenos a esta institución”.

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