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Córdoba

De Córdoba a México en un Citroën 3CV

El auto fantástico. Arriba de un Citroën 3CV, dos cordobeses llevan su show de títeres a través de Latinoamérica. Hace días llegaron a México, el fin del recorrido del Proyecto Wawamericu.

Cuando Jorge llevó su Citroën 3CV recién comprado para que en el taller se lo dejen listo para recorrer Latinoamérica, Elio, el mecánico, lo miró fijo, se le descostilló de risa en la cara y le disparó: “¿Por qué no te dejás de joder? Comprate otro auto y quedate acá”.

Jorge insistió, y, un par de meses más tarde, Elio y José le entregaron una nave negra que hace unos días, nomás, llegó a México, el destino final de un viaje que ya suma más de un año, 23.500 kilómetros recorridos, y unas 140 ó 150 funciones de títeres puestas en escena en los más diversos rincones del continente.

El 21 de enero de 2012, la travesía Proyecto Wawamericu puso primera y no paró más. Sus pilotos son Jorge Luis López Gerez y Belén Funes Viller (27), dos novios cordobeses muy apasionados por la ruta, pero mucho más apasionados por los niños. “Wawamericu”, de hecho, quiere decir “Niños de América Unidos”, y de eso, más o menos, se ha tratado todo esto.

Espectáculo sobre ruedas. “La idea fue promover la participación de los niños en las comunidades en que viven. Ése es el mensaje que queremos dejar: que hay que escucharlos, tener en cuenta sus necesidades, lo que les gusta y lo que no. Y saber que ellos pueden transformar la sociedad en que viven”, cuenta Belén –licenciada en psicología– a Día a Día, orgullosa de haber logrado la hazaña de pisar suelo mejicano.

“El otro mensaje, el que intentamos dejar a través de las funciones que hacemos, es que, trabajando, todo se puede; que los sueños se pueden hacer realidad”, dice Belén desde Playa del Carmen.

No hay como ellos para prueba. Cuentan los dos que la gente se ríe al verlos llegar en un Citroën. Nadie lo puede creer. Menos, los chicos, que ven llegar un auto que parece (y hace el ruido de) un tractor de otro siglo, ven cómo dos desconocidos le quitan el techo, y observan salir desde adentro unos muñequitos extraños que hablan y se mueven como personas reales.

Sí, el Citroën no sólo ha hecho la veces de transporte... también es el escenario en el que Jorge y Belén montan su espectáculo.

“Un chico nos preguntó después de la función de qué planeta veníamos”, recuerda Belén. Y asegura que “lo más lindo de todo el viaje ha sido ver la cara que ponen los chicos cuando salen los títeres”; que eso es, sin dudas, “lo más gratificante”.

El show se hizo en colegios privados, en escuelas públicas, en plazas, en el medio de la montaña. En todos los países recorridos. Se hizo gratis, “a la gorra” y cobrando, cuando se pudo y se quiso.

“Hemos visto niños en las situaciones más diversas. Hemos estado en diferentes lugares y distintas clases sociales; en pueblos chicos y ciudades grandes. Hemos visto la riqueza que existe en algunos lugares y la pobreza que se sufre otros”, resume Belén.

Y cuenta que actuaron tanto para “chicos que nunca han visto un títere porque están todo el día con los videojuegos” como “para otros que no lo han visto nunca porque no tienen la posibilidad de ir al teatro; o porque trabajan con los padres y no tienen siquiera la posibilidad de ir a la escuela”.

Lo que hicieron fue tratar de llegar a todos.

Claramente, amor. Belén habla con cariño del Citroën. Pero lo de Jorge, claramente, es amor. “Mientras más kilómetros hacemos, más lo queremos a este autito. Anda una barbaridad”, dice el profesor de educación física, y se le cae la baba, casi.

Se le rompió dos veces en todo el viaje. No viene compañero más fiel que eso. Una vez en Cuenca y otra vez en Quito. Un maldito pistón. Los demás fueron arreglos menores, que quedaron en manos de Jorge. “Casi que hizo un curso de mecánico, Jorge”, dice Belén.

“A este auto no lo vendo más”, contesta su novio. Y asegura que, en Córdoba, van a buscar la manera de que siga siendo escenario para los títeres. “El auto agarra una energía impresionante. Los chicos lo ven y se dan vuelta para seguirlo”, dice, orgullosísimo.

De la experiencia vivida, asegura que “es algo indescriptible”. Y festeja haber conocido “lugares increíbles”; haber“vivido en lugares económicamente pobres, pero con personas riquísimas, de esas que te dan lo poco que tienen”; haber convivido con “gente dispuesta a dormir en el suelo el tiempo que sea para que vos puedas dormir en su cama”.

Lo que más le impactó de todo fue eso. “Comprobar que en el mundo hay mucha más gente buena que gente mala”. Y entender que eso es difícil de saber porque “por lo general, lo que escuchamos son las cosas malas”. “Nunca las cosas buenas”.

A bordo de su Citroën, por toda Latinoamérica, con los títeres como herramientas, ellos aportaron su granito de arena para revertir esa situación.

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Jorge y Belén.
Jorge y Belén son novios. Tiene 27 años y pasión por los niños. Eso y las ganas de viajar los animaron a hacer esto que al principio parecía una locura. El Citroën acompañó a pleno, casi siempre, eso sí, manejado por él.

Un viaje.
Jorge y Belén llegaron días atrás a México, el destino final del Proyecto Wawamericu. Llevan recorridos 23.500 kilómetros, a través de 14 países: Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Salvador, Belice y México. En marzo comenzarían el regreso, por la Costa del Atlántico.

¿Wawamericu?
“Wawa”, en aymará –explicaron Jorge y Belén–, quiere decir “niño”, y la “u” en que termina “americu” es por “unidos”. Por eso, el nombre “Wawamericu” para un proyecto que, para fomentar el rol de los niños, ya lleva montados más de 140 espectáculos de títeres.

En Facebook.
Para leer más sobre el viaje de Jorge y Claudia y ver muchas más fotos, entrá a “Travesía Wawamericu” en Facebook.

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