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Córdoba

Conocé la historia de la Orquesta de Cuerdas de la villa La Tela

Los chicos de la Orquesta de Cuerdas de la villa La Tela amasan y venden panes para poder pagarles a los profes. Quieren que la música los siga reuniendo.

No hay sueños que sean imposibles. Ni música que se pueda silenciar en la villa La Tela, donde los chicos de la orquesta de cuerdas se pusieron a fabricar y vender pan casero para pagar las clases a los profesores.

“Vivimos de sueños, no sabemos hacerlo de otra manera”, dice a Día a Día Walter “Pollo” Díaz, el alma del grupo de nenes y adolescentes que desde el corazón de La Tela hacen música con violines y chelos. 

Cuando la angustia los puso en alerta a principio de 2016, porque no tenían los 3 mil pesos para abonarles a los profes que se llegan a la villa para que ellos sigan tocando, apareció una nueva idea que los puso a trabajar.

Dejaron de un lado las partituras por un rato para buscar una salida para que la orquesta no se desarmara. Así, Florinda, una de las abuelas del grupo, les ofreció prestarles el horno de barro que tiene en el fondo de su casa para hacer pan casero.

El último recurso que les quedaba para que los chicos no se quedaran sin tocar violines y chelos. Así, lo que fue hace unos años una preocupación por tener estos instrumentos, se transformó en 2016 en la necesidad de juntar la plata para los profesores, unos pocos pesos, pero que para estos chicos y sus padres significan un montón de sueños.

Desde hace casi dos semanas todos los martes y sábados la orquesta se junta en la casa de Florinda. Amasa el pan, lo hornea y sale por la villa a vender cada tira a 15 pesos. 

Hoy es otro de esos sábados a puro pulmón porque se reunirán para amasar y vender, pero tendrá la adrenalina necesaria ya que comenzarán las clases de los chelos y violines en el ciclo 2016. 

Cuando uno conoce a estos chiquitines –muchos de ellos recién pisaron el Centro de Córdoba gracias a las actuaciones que realizaron el año pasado, cuando trascendieron con la orquesta–, puede entender que no bajarán los brazos. 

“Entre todos estábamos pensando alguna manera para juntar la plata para pagarles a los profes y dijimos: ‘Hagamos pan’. Somos 24 chicos que nos juntamos y, con la receta de Florinda, empezamos el reparto de pan”, relata Brisa Sosa, una adolescente de 13 años, que cuando habla tiene una madurez que asombra. “Juntamos plata para seguir con las clases”, insiste Brisa. 

Es martes 1° de marzo a la tarde, y sus compañeros están en las calles de La Tela vendiendo el pan. Hoy se reunirán para sacar cuentas y saber cuánto juntaron. 

“Venimos bien con la venta de pan. El sábado (por hoy) podemos ya decir que sí vamos a empezar las clases”, cuenta Brisa, que es una de las chelistas del grupo. 

La charla con la jovencita se interrumpe porque llega a la casa de Florinda, Lucas Castillo (15 años), uno de los que ya vendió todos los panes del martes. 

“Al toque, me los sacaron de las manos en el barrio. Y nos compran porque nos conocen”, dice el muchachito, que lleva tres años en la orquesta. Su hermana Micaela es la primera en el grupo en terminar la secundaria, casi la preocupación de todos: la música y seguir estudiando. 

A seguir. “Esto no se termina. Porque pienso todos los días que después del secundario sigan estudiando”, dice Díaz, quien coordina el proyecto con el único fin: que los chicos de la villa tengan un mejor pasar.

Hay en este lugar tan poco en recursos, pero tanto en energías que las ideas en el grupo surgen solas. Por estos días la solución es el horno de barro para hacer pan. Pero la apuesta es continuar para pagarles a los profesores e intentar llegar a tener un horno eléctrico.

“Estamos pensando en que los días de lluvias o invierno no sabremos si podremos hornear el pan en el patio”, se sincera Díaz. De ahí que en la búsqueda diaria que hacen para que más chicos se sumen a los violines, está la decisión de ir por más personas que se quieran comprometerse con el proyecto.

No hace falta mucho, pero son indispensables para que la orquesta siga tocando: cuerdas, chelos y violines, para hacer melodías; y harina y un horno, para trabajar. La única combinación para que en La Tela hoy a la tarde haya música para los oídos.

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