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Córdoba

Chicos en tierra narco

El 40% de los niños y adolescentes que pasaron por el Complejo Esperanza proviene de barrios con redes de narcomenudeo organizadas o en vías de hacerlo. Hay más chicos intoxicados.

De los 1.793 adolescentes con medidas judiciales en la ciudad de Córdoba, casi el 40 por ciento (701) vive en un barrio donde el narcomenudeo está presente de manera organizada o en vías de hacerlo. Si se suman los menores que viven en barrios aledaños, de fronteras confusas, ese porcentaje crece.

Así surge de una investigación que cruzó el origen de los menores que pasaron por el Complejo Esperanza y el mapa del narcotráfico que elaboró el Ministerio de Seguridad durante la gestión de Alejandra Monteoliva. 

Lo que sigue es un resumen de ese trabajo periodístico que incluye decenas de datos oficiales y testimonios, y que indaga sobre cómo es crecer en territorios en donde el narcomenudeo pisa fuerte. 

Una esquina de un barrio de Córdoba.

Crecer en economías narco

“El narcotráfico ha ido ocupando un espacio muy fuerte. Pasó de ser simplemente un mercado a ser una red social”, es la reflexión de Mariano Oberlín, cura de los barrios Renacimiento y Müller, una trinchera en la pelea contra la droga.  

Aunque no trabajen para los “transas”, muchos jóvenes comparten lazos familiares o conexiones con estas economías paralelas que introducen sus propias reglas de convivencia en el territorio, bajo la aceptación directa o indirecta de la Policía y del Estado, según comentó una decena de fuentes especializadas consultadas.

JOVENES from Investigaciones Fopea on Vimeo.

Gabriel Martín, secretario de Niñez y Familia de Córdoba, que tiene bajo su órbita el Complejo Esperanza, describe la situación: “Lo que vemos como fenómeno es que ha bajado la edad en que los chicos cometen actos delictivos graves, con uso de armas de fuego. Hay una relación más clara entre el delito grave y el consumo de alguna sustancia o la posibilidad de acceder a algún tipo de circuito de comercialización de drogas en organizaciones de narcomenudeo”. 

Y desde esta perspectiva, uno de los jóvenes que está en el Complejo Esperanza lo describe naturalmente: “Los transas están cada dos casas: un transa acá y dos casas más allá, otro transa. Un poquito al frente, otro transa. Los transas calzan a los perros: los perros están todos con fierros, esperando la acción. Los perros, la mayoría, son menores, 17, 18 años. Andan ‘prestados’ en la gilada.

Un niño del Complejo Esperanza durante una actividad artística.

El territorio narco

De acuerdo con el mapa del narcotráfico que Alejandra Monteoliva confeccionó cuando era ministra de Seguridad, en Córdoba hay 23 barrios con calles controladas por las redes uno de tráfico y microtráfico de drogas.

Esto quiere decir que hay un alto nivel de tráfico de drogas, con pocos y pequeños dealers, pero organizados, con un control del espacio público y de la violencia para que la actividad se reproduzca sin problemas. 

Según el esquema de la investigación, en esos 23 barrios se observa:

1– Alto nivel de tráfico de drogas.

2– Participación de pequeños dealers constituidos como centros de distribución.

3– Control del espacio público para que la venta no se afecte.

Además, hay otros 40 sectores que tienen negocios narcos en transición o aún desorganizados.

Otros 20 barrios y cuatro ciudades del Gran Córdoba (La Calera, Villa Allende, Río Ceballos y Saldán) fueron marcados como zonas de transición, donde se verifican estas características:

1– Fuerte presencia de pequeños dealers.

2– No hay traficantes establecidos.

3– No hay control formal o informal de la violencia.

4– Se producen graves incidentes entre bandas y delitos callejeros.

En 18 barrios más y en todos los llamados “barrios ciudades” el microtráfico está desorganizado, es decir que se ve: uso de drogas y pequeñas ventas, altos niveles de inseguridad y violencia en el espacio público y bajos niveles de organización social.

El año pasado, de los 84 homicidios ocurridos en la ciudad, 68 se produjeron en alguno de estos 60 barrios, donde la droga parece actuar como un “permisor delictivo”, un desinhibidor de las soluciones violentas a los conflictos, según entiende Alejandra Monteoliva, la ahora directora del Observatorio de Seguridad Ciudadana.

Mariano Oberlín, sacerdote de barrio Müller.

Consumo Infantil

El contacto con el circuito narco y las drogas se da a menores edades, y afecta a más chicos. Incluso, hay testimonios que muestran que los abusos de drogas son un problema para familias que están en el “negocio”. A Marcelo Fenoll, uno de los fiscales del fuero Antidroga provincial, hay una imagen que lo quiebra: “Resulta desgarrador volver a casa después de un allanamiento en un lugar donde en la misma mesa en la que se estaba fraccionando droga había niños haciendo las tareas escolares”.

Las estadísticas del Hospital de Niños de Córdoba advierten con claridad el impacto del problema. 

En los primeros cinco meses de 2014 los casos “positivos” superaban a todos los de 2013: fueron 1.063 chicos intoxicados el año pasado, y en hasta el 1º de junio de 2014 había 1.277. “La edad media de los que llegan es de 12 años para la marihuana, pero la cocaína se está acercando”, señala Nilda Gait, jefa del servicio de Toxicología.

Germán, un "transa", cuenta su historia. Cómo se inició, qué representaba para él la vida en el delito y cómo gestiona ahora su propia presencia narco en el territorio.

La versión original de este trabajo está disponible en www.investigacionesfopea.com. Fue realizado por Ary Garbovetzky, Juan Manuel González, Edgardo Litvinoff y Juan Simo, y financiado por “La Otra Trama”, un espacio de organizaciones de la sociedad civil enfocadas en acciones contra el crimen organizado en la que participa FOPEA.

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