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En el "campa" los preparan para el cole y para la vida

“La Naty” pone su casa del “campamento ferroviario” de Alta Córdoba para apoyo, talleres y charlas.

El apoyo escolar funciona los martes, miércoles y viernes, en la casa de “La Naty”.

El apoyo escolar funciona los martes, miércoles y viernes, en la casa de “La Naty”.

Natalia Sajama empezó con el apoyo escolar y merendero en 2001.

Natalia Sajama empezó con el apoyo escolar y merendero en 2001.

Natalia Sajama empezó con el apoyo escolar y merendero en 2001.

Natalia Sajama empezó con el apoyo escolar y merendero en 2001.

El apoyo escolar funciona los martes, miércoles y viernes, en la casa de “La Naty”.

El apoyo escolar funciona los martes, miércoles y viernes, en la casa de “La Naty”.

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    01/09/2012 00:00

    Por Laura Giubergia

    “Quiero que mis chicos sean alguien, que estudien, que se sepan defender. Ojalá pueda verlos firmes en la vida, así puedo partir en paz”.

    La frase la pinta de cuerpo entero. Con “mis chicos” se refiere, no sólo a sus tres hijos, sino también a cada uno de los pequeños y no tanto que recibe casi a diario en su casa del “campa ferroviario”. “Mi lugar es chico, pero mi corazón es grande, y verlos estudiar me llena”, dice “La Naty” entre mates en el comedor de su humilde hogar, uno de los tantos que se erigen en el predio al lado de las vías, en Alta Córdoba, en donde viven unas 30 familias.

    Junto a la puerta de entrada hay un pizarrón con restos de tiza de la última consigna del apoyo escolar. Esta mujer de 39 años y otras cuatro personas se ocupan de apuntalar a los más pequeños del barrio con las tareas de la escuela. “Ahora hay cerca de 20 chicos, estoy diciendo ‘basta’ porque no hay más lugar”, se lamenta “La Naty”, quien además del apoyo les da -cuando puede- la copa de leche. Todo de su bolsillo más algunas donaciones.

    Natalia Sajama no está sola. La acompaña Joaquín Galán, trabajador de la construcción y padre de los tres niños, desempleado desde hace algunas semanas. “Tiene que buscarse una Lucía y salir a cantar como Los Pimpinella”, bromea la mujer, mientras saborea otro de los mates de su marido.

    Los dos se han adaptado a una cocina comedor que se transforma en sala de estudio y en merendero. Y también en panadería. “Tenemos el hornito chileno porque además soy cocinera, y hago el pan todos los días. Ya tenemos nuestra clientela”, agrega. “Para el taller de murga les faltaba un instrumento, entonces hicimos y vendimos 60 docenas de empanadas. Ahora tenemos el bombo”.

    Barrio albirrojo. Las actividades murgueras en el “campa” tienen mucho que ver con Instituto Atlético Central Córdoba. Más precisamente, con la murga “Los Gloriosos”, que alienta al equipo al ritmo del redoblante. Diego y Emi son jóvenes murgueros que colaboran con Natalia. “Ellos me ayudan muchísimo, sobre todo para las fiestas del Día del Niño”, dice orgullosa, y quiere contar de una carta que le escribieron, pero la emoción no la deja.

    Allá por 2001. Natalia nació en San Salvador de Jujuy y hace casi 20 años que se instaló con su marido en el campamento. Antes vivían en una casilla de chapa. Con el tiempo se hicieron la de material. Quieren tener un espacio para dar los talleres con más comodidad, pero se adaptan. “Abrí esto con mi primer sueldo, en 2001 más o menos, cuando trabajaba en casas de familia”, recuerda. Con esfuerzo y ayuda se mantienen, con algunas interrupciones en cuanto al merendero. “Cuando no me alcanza la plata, no lo doy, pero no quiero dejar que falte el apoyo escolar”, cuenta. Los sábados se hacen actividades de recreación.

    Acá por 2012. Por estos días han incorporado nuevos talleres los sábados, destinados a adolescentes y también a sus padres. “Viene una abogada y les enseña sobre el Código de Faltas y sus derechos, para que tengan herramientas para defenderse en casos de abuso de autoridad policial o de detenciones arbitrarias, es gente del “Montonazo La Tosco –una organización barrial–”, detalla, y aclara: “A las charlas con los papás las hacemos cada 15 días porque es más difícil juntarlos”. 

    Y hay más. Sumaron al cronograma cursos sobre adicciones. “Estamos trabajando el tema de las adicciones, damos charlas, traemos gente que les hable, y en esto mi hijo Joel (el de 17) me ayuda mucho, porque él sigue la tarea con sus compañeros del colegio”, dice, y se le infla el pecho cuando cuenta que la llamaron de la escuela para felicitarla.

    La comida para sus hijos está casi lista. Nos saludamos, y desandamos en su moto los 150 metros en camino de tierra que nos llevan hasta la entrada del “campa”, al lado de los galpones del ferrocarril, en calle Lavalleja.

    Cómo podés ayudar
    Copa de leche. Se puede colaborar donando leche, azúcar o cacao, los insumos básicos para la merienda de los chicos.
    Construcción. Materiales de construcción para que puedan cerrar el garage, hoy de chapa, y dar clases y talleres ahí.
    Computación. También necesitan un CPU para la única computadora que tenían, y que se rompió.
    Contacto. El teléfono de “La Naty” es 0351 155-559-297. Sino, la encuentran en Lavalleja 1756, Alta Cba.

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