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Córdoba

La calle aturde: 8 de 10 piden bajar el volumen

La contaminación sonora es uno de los principales males para quienes viven en el Centro. Según un estudio de la UNC, el 84% reclama medidas para bajar el nivel de ruido.

 

Encontrar un sano punto intermedio entre despertarse con el canto de los pajaritos y vivir aturdido por bocinas, taladros y música atronadora. Ese es el lejano anhelo de los habitantes del Centro, principales víctimas de la contaminación sonora, un padecimiento urbano que corroe la calidad de vida en esa zona de la ciudad y amenaza otras.

Según un estudio del Centro de Investigaciones Acústicas y Luminotécnicas (Cial) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), el ruido sistemático en un nivel superior al tolerable y recomendable para el ser humano es un mal que pega muy fuerte en el corazón de la ciudad, un área que habitan unos 116 mil vecinos. Entre ellos, el 84 por ciento considera que debería haber mayor esfuerzo estatal para bajar el nivel de ruido y un 60 por ciento asegura que el fenómeno afecta la calidad de vida.

Los datos son parte de la encuesta hecha por el Cial como método para explorar la percepción subjetiva que los residentes céntricos tienen sobre este problema del que son víctimas. El estudio parte de la certeza de que en todo el Centro el nivel de ruido supera ampliamente los valores recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y establecidos por la ordenanza de ruidos molestos (8.167). Esto fue comprobado con medición de decibeles (dB) en 95 puntos ubicados entre las calles Ambrosio Olmos, la costanera del Suquía y Avellaneda (Centro y parte de Nueva Córdoba y Güemes), donde se detectaron niveles de ruidos de entre 54 y 79. En el 50 por ciento de los lugares el promedio en día hábil supera los 75 dB, todo por encima de los citados parámetros recomendables.

Un resultado muy similar, por otra parte, al logrado por el instituto Cintra de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) al elaborar el mapa de ruido y contaminación sonora difundido hace tiempo.

“La principal conclusión del estudio alude a la normativa y la falta de control. Hay una clara demanda de la gente de que los organismos públicos, principalmente el municipio, trabajen en reducir el nivel de ruido. Para eso hay que mejorar el marco legal, porque el vigente es muy insuficiente”, apuntó Arturo Maristany, director del Cial y participante del estudio –junto a Leandra Abadía y Jessica Valentini– que participó del concurso realizado por la Red Ciudadana Nuestra Córdoba.

Maristany remarcó que la ordenanza de ruidos molestos es antigua (de 1986) e insuficiente. “Hay que incorporar más marcos de referencia, dar elementos que permitan aplicar controles: fijar niveles máximos de ruidos a las principales actividades que se autorizan y zonificar la ciudad con claridad, por ejemplo”, apuntó.

Pelos de punta. Bocinas, tráfico de calles, sirenas y ruidos provenientes de construcciones son, en ese orden, los ruidos perturbadores que los vecinos del Centro enumeran escuchar con mayor intensidad dentro de sus hogares.

“La ordenanza 8.167 habla de un máximo de hasta 44 y 55 dB de noche y de día, respectivamente. Esos valores son altos para lo recomendado por la OMS, que habla de 35 dB en un dormitorio. Encima, el ruido en el centro está muy por encima”, advirtió Maristany.

Fuera de su casa, siete de cada 10 habitantes califican como “fuerte” el ruido diurno en su entorno, y la proporción queda en 5 de cada 10 durante la noche. ¿La clase de sonido más “insoportable” para ellos? Los “taladros perforadores”, seguidos de cerca nuevamente por las bocinas, las alarmas de autos y las alarmas de casas. “Queda claro que el tránsito es el principal ruido que tenemos, en muchos países hay normativa que fija niveles máximos para avenidas, algo que no necesariamente quiere decir bajar la velocidad. El dato preocupante es que la gente reconoce ‘acostumbramiento’, es decir que termina adaptándose pagando un alto costo físico y psíquico”, explica el titular del Cial.

El estudio, la lectura y el sueño son las tres actividades que, con mayor frecuencia, dicen tener que interrumpir los habitantes del Centro a causa de los ruidos fuertes. En sintonía, citan la “baja en la concentración” (el 69 por ciento), el “nerviosismo” (el 51%) y el “insomnio” (48%) como sus principales padecimientos derivados.

Según la OMS, estar expuestos en forma continuada a la contaminación sonora puede derivar en problemas cardiovasculares, pérdida de audición, trastorno del sueño y psicofisiológicos, entre otros efectos.

Un perjuicio extra que apuntan desde el Cial es la pérdida del valor de las viviendas por encontrarse en una zona de ruido molesto, y el hecho de que muchos encuestados manifestaron que se cambiarían de casa por causa del problema.

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La cruzada de cinco edificios

“Tuuuuu, tuuuu, tuuuu…”. Al menú de ruidos y música atronadora que Marcos Sader venía padeciendo en su casa desde antes de las 16 –ya era entrada la noche– se sumó el molesto sonido del teléfono pasando de sonar en el vacío, a dar línea cortada. Luego de varios intentos, un empleado municipal lo atendió: era un guardia en la cochera del Palacio 6 de Julio sin chances de resolverle problema alguno. “Ese día intenté muchas veces denunciar ruidos molestos a la línea que da la Municipalidad en su web, pero nunca tuve respuesta. Otros fines de semana me pasó igual: no hay respuesta”, relata Marcos desde su departamento en Montevideo y Vélez Sarsfield. La línea a la que alude es el 4285600, int. 1520 al 1529, de Espectáculos Públicos. Aún hoy figura como teléfono de denuncias en la web municipal, aunque a veces aparece un aviso que llama a presentar las denuncias sólo en forma personal, por mesa de entradas.

“Ese día el evento era un espectáculo autorizado a una ONG en la ex plaza Vélez Sársfield. Yo vi el permiso y decía, como todos, que si detona una denuncia de ruidos molestos por parte de vecinos debe suspenderse inmediatamente. ¿Pero cómo denuncias si nadie está para tomar tu reclamo?”; relata mostrando copia del permiso aludido. En esa tarde de encierro Marcos grabó en video sus recurrentes llamados sin respuesta, y registró el perturbador sonido ambiente que invadía su casa. Todo fue subido al sitio YouTube.

Este vecino asegura que todo su edificio vive torturado por el nivel de ruido excesivo en su entorno, un menú que sumó al tránsito y los sonidos céntricos habituales una intensa actividad de espectáculos y eventos en la ex plaza Vélez Sársfield y el pasaje Garzón.

Contra el ruidazo. Denuncias telefónicas al municipio, reclamos por nota, discusiones con los propios “emisores” de los sonidos y hasta mediciones caseras del nivel excesivo de decibeles, Marcos acumula un nutrido historial de quejas para tratar de morigerar en volumen de su zona. Desde hace unos meses, unió fuerzas con vecinos de su edificio y de otros tres cercanos afectados por idéntico problema e iniciaron un reclamo colectivo (dos torres ubicadas sobre pasaje Garzón y una sobre San Juan).

Hasta ahora, reunieron unas 130 firmas y lograron varias reuniones con autoridades municipales. “No pretendemos que no haya espectáculos o actividades en la plaza, lo que queremos es que eso se regule con sentido común, teniendo en cuenta el derecho de las personas que vivimos acá”; apunta este informático que muchas de las veces que trabaja en su casa encuentra imposible concentrarse. “Ponen la música a un volumen fuertísimo, es como si tuvieras los parlantes en tu departamento. Y muchas veces el ruido dura todo el día. Hubo eventos autorizados de las 9 de la mañana hasta la madrugada, tres días seguidos, por ejemplo”, lamenta.

Semana atronadora. Romina es otro de las vecinas que participa del reclamo y la junta de firmas. Vive en un edificio de pasaje Garzón. “Una semana de noviembre tuvimos eventos de una iglesia evangélica el lunes, el masivo cacerolazo el jueves, festejos futboleros el viernes, tres recitales seguidos de sábado a lunes, el festival de una ONG el jueves y show de tangos el domingo siguiente. Todo en la plaza, con música y ruido permanente a nivel altísimo, durante muchas horas y hasta la madrugada”, enumera a modo de ejemplo. “En los eventos permitidos por el municipio siempre pasa igual: los decibeles máximos no se respetan y tampoco el horario de cierre de los permisos, siempre se exceden”, agrega. Coincide con Marcos en ser consciente de que habita una zona muy poblada, destinada a tener movimiento, pero aclara: “Nuestro reclamo, básicamente, es que se baje un poco los volúmenes y que se programen con criterio los permisos, para no tener ruido todos los días hasta tarde”.

Los vecinos destacan que luego del reclamo colectivo fueron escuchados por autoridades. “Hablamos con algunos funcionarios, fueron amables y prometieron tratar de hacer algo, aunque no se definió qué. En las últimas semanas hay menos eventos pero me parece que es por la baja habitual del verano que porque algo vaya a cambiar de verdad”, razonó Marcos.

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Un finde, tres denuncias

Darío Peralta asumió hace muy pocos días la dirección de Espectáculos Públicos, en el marco de una serie de “enroques” que dispuso el intendente Ramón Mestre. Por eso aclara estar “aterrizando” en el área, y recién empapándose de los principales problemas.

El funcionario señala conocer el reclamo de los vecinos de la ex Vélez Sársfield (ver “La cruzada…”) y señala que se tiene intención de atenderlo, aunque falta precisar el “cómo”.

“Esta Dirección recibe denuncias por ruido excesivo de boliches y demás locales de espectáculos. El pasado fin de semana, por ejemplo, la línea de Defensa Civil recibió tres reclamos”, explica. Y señala que para que prospere un reclamo se requiere todo un seguimiento con intervención del municipio realizando mediciones de decibeles en la propiedad afectada. Ese proceso lleva tiempo. En 2011, empleados del municipio denunciaron que casi no se contaba con aparatología ni personal para dar este servicio.

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Mal que gana volumen

Hace tiempo que la Organización Mundial de la Salud dejó de considerar un “lujo” el problema de la contaminación sonora urbana (las principales fuentes son el tránsito automotor, ferroviario y aéreo, la construcción y el vecindario). Desde 1980, elabora guías sobre el efecto del ruido excesivo en la salud, recomendando niveles y dando parámetros para que los gobiernos de todo el mundo puedan generar normas y métodos de control.

Efectos. A esta contaminación se la considera un problema creciente en las ciudades. Sus efectos negativos incluyen interferencia con la comunicación, pérdida de audición, trastorno del sueño, problemas cardiovasculares y psicofisiológicos, reducción del rendimiento, molestia y efectos sobre el comportamiento social.

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Máximo. 45/55 dB. Son los máximos de decibeles que permite la ordenanza local. Para la OMS, no debe superar los 35 dB.

 

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