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Córdoba

La ayuda se sube a las motos

Los motociclistas que se conocieron marchando contra la ley de la patente en el casco organizaron un grupo para asistir a escuelitas rurales.

Son trabajadores metalúrgicos, empleados de comercio, técnicos en informática, vendedores de planes de ahorro, cuentapropistas y hasta desocupados cordobeses unidos por una pasión: las motos.

Hay dueños de imponentes Harley y de modestas Brava, de embarradas enduro y de hipercromadas pisteras, pero todos comparten ese inexplicable placer de andar en moto en una ciudad minada de obstáculos.

Tanto placer y fanatismo no podía sólo reducirse a las motos, y encontró un nuevo objetivo en el camino: la solidaridad.

La agrupación recién se está formando (en Facebook, son Moteros-Viajeros), los integrantes casi no se conocía personalmente (Internet es el principal vínculo) y ninguno nunca encabezó antes este tipo de acciones solidarias. Sin embargo, y casi sin saberlo, están siendo protagonistas de la génesis de una organización capaz de vincular magníficamente el placer de viajar y la satisfacción de ayudar.

Aprovechando sus viajes, juntan alimentos, ropa y útiles escolares y los llevan a las escuelitas rurales que los necesiten.

Enojados y unidos. “Nos conocimos en las marchas contra la ley de la patente en el casco. Ahí nació todo”, cuenta Rodrigo Moreno (24), un técnico en informática que vive en Yofre Sur y maneja una Honda Storm 125 cm3.

En realidad, la reacción ante la nueva norma fue el primer vínculo; el segundo, las redes sociales. “Con otro de los integrantes tiramos la idea en Facebook. Queríamos empezar a hacer viajes y a darles algún sentido ya que nos habíamos hecho medianamente amigos por la red. Y así nació todo esto”, agrega Darío Roldán (32). Él está casado y vive en Montecristo. Todos los días viaja a una autopartista en camino a Interfábricas en su CG 125 y, en su tiempo libre, se dedica a su nueva pasión: ayudar a las escuelas rurales.

–¿Cómo hicieron para organizar todo? Este tipo de cosas suelen ser complicadas por la logística.
Darío: –Las primeras dos semanas estaba todo muy tranquilo. Poca gente nos decía que iba a llevar algo.
Rodrigo: –Pensábamos juntar pocas cosas. Lo que un consiguiera en la casa, lo de la hermana de algún otro, lo que le diera una tía. La idea era juntar todo, repartir el peso entre las motos y viajar.

–Pero, ¿qué pasó?
D: –Se nos fue de las manos.
R: –El sábado que nos juntamos para viajar (fueron a la escuelita en el paraje Mula Muerta –ver La escuelita que llevó el río–) llegó gente con un montón de cosas que no esperábamos. No había forma de llevar todo eso en las motos, ni todo a la misma escuela. Por eso, decidimos dividir lo que teníamos en tres y organizar tres viajes a escuelas distintas. Dos en la zona de Totoral y otra cerca de Villa de Soto.

–¿Y llevaron todo en las motos?
R: –Hubo un problema. No entraba. Yo tuve que volver a buscar el auto de mi viejo y Darío fue en su Renault 12.

–A ver si entiendo: al encuentro motoquero, al que habitualmente se va en moto, ¿ustedes dos fueron en auto?
D: –Y sí, no quedó otra. Nunca imaginamos que íbamos a conseguir tantas cosas, tanta solidaridad de la gente. En ese primer viaje, desde Córdoba fueron unas 20 motos y siete autos. Y se nos unió gente en Jesús María. Como será que venían periodistas de medios de la zona a entrevistarnos, pero a nosotros que estábamos en auto, ni nos miraban; iban derecho a las motos.

–Y ahora ya están jugados. ¿Cómo sigue la historia?
M: –Por lo pronto nos quedan dos escuelas más. Una a 20 km de Totoral, en la comuna de Macha (a la que viajaban este fin de semana) y, después de las vacaciones de julio, calculamos en agosto, a una tercera en Villa de Soto.
D: –Para llevar allá también tenemos una silla de ruedas que nos donaron.

–¿Alguna vez habían estado al frente de acciones de este tipo?
M: –De forma indirecta hemos ayudado, pero organizando, jamás.
D: –Hay que tener en cuenta que la mayoría de nosotros nos conocimos personalmente el día que nos juntamos a llevar las cosas a la primera escuelita. Antes, sólo nos contactamos por Facebook. Ese día decíamos: ‘vos debes ser tal, o cual’.

 

La escuelita que llevó el río

La primera escuelita rural a la que los motoqueros fueron a llevar ayuda es la Capitán Díaz Vélez, de Mula Muerta, muy cerca de Sinsacate.

El edificio de ese colegio fue arrasado por el agua en una de las crecidas por las lluvias de febrero.

Sin las aulas en pie, la escuela comenzó el ciclo lectivo en el living de la casa de un vecino.

“Fue una experiencia hermosa, llevamos todo lo que pudimos y estaban todos muy contentos”, cuenta Rodrigo Moreno. “Había algunos chicos con bronquitis porque el que más cerca vive, está a 3 km. Tienen que caminar o ir en bici. O los llevan en moto, y se enferman”, agregó Darío Roldán.

Consiguieron un terreno. La excelente novedad para la escuela es que esta semana, Fabio Pereira, el dueño de la casa donde están dando clases, les anticipó que les donará una parte del terreno de su propiedad para que se construya una nueva escuela.

La información fue confirmada por el Intendente de Sinsacate, Carlos Ciprián, quien le dijo a Radio Jesús María que viajó a Córdoba para reunirse con los escribanos de la Provincia para comenzar con los trámites necesarios. La idea es firmar un convenio para que la Provincia aporte los fondos necesarios y los administre el municipio.

 

Cómo ayudar.

Tienen que sumarse al grupo abierto de Facebook “Moteros-Viajeros de Córdoba” y decir que quieren participar de los viajes y ayudar.

Asombro y alegría.

Los chicos de las escuelitas rurales donde los motoqueros llevan su ayuda miran asombrados la presencia de algunas de las motos más grandes.

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