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Córdoba

Por el aumento de la pobreza, crece fuerte la demanda en comedores y los pedidos de ayuda

Lo aseguran la Provincia y las organizaciones sociales. En los últimos meses, se duplicó la concurrencia de niños y adultos a centros asistenciales. Advierten por el deterioro del clima social.

Con la inflación como principal esmeriladora de ingresos, el avance de la pobreza no para de crecer y desde inicios de este año se aceleró con fuerza en Córdoba.

El fenómeno preocupa al Ejecutivo provincial y a referentes sociales. Estos últimos hablan de un incremento de la demanda de hasta el doble comparada con meses atrás. Las cifras oficiales del Ministerio de Desarrollo Social trazan un panorama de carencias similares.

El año pasado, el total de solicitudes de ayuda que fueron resueltas, entre alimentos, colchones y chapas, creció 69 por ciento frente a 2012. Desde 2011 –cuando comenzó a relevarse esta información– el incremento llega al 427 por ciento.

“La demanda es sostenida en todos los planos y de marzo a la actualidad es muy fuerte el incremento”, aseveró Daniel Passerini, ministro del área en la Provincia. El agravamiento de las condiciones sociales coincide con el proceso post devaluatorio que aceleró la inflación y paralizó a la economía.

“El deterioro social es importante”, sintetizó el funcionario delasotista, quien comentó que esa situación también se replica en el Gran Córdoba, desde donde son incesantes los pedidos de ayuda por parte de jefes comunales.

Con los datos de los primeros meses en mano, en el Centro Cívico ya avizoran que 2014 será más complicado en material social que el año último. “La inflación y el parate se sienten. Todos los intendentes me piden asistencia”, contó Passerini, quien dijo que hasta el momento no tuvieron restricciones presupuestarias para atender esa creciente demanda.

Pese a este escenario bien complicado, en la administración provincial no ven probable un estallido social. “Estamos administrando la demanda y dando respuestas positivas. El gobernador De la Sota tiene en claro el panorama”, aseguró el ministro. Una mirada bastante distinta tienen en el Centro de Investigaciones Participativas en Políticas Económicas y Sociales (Cippes), desde donde se advierte que están dadas las condiciones para desbordes sociales.

Sin techo. En el brazo local de Barrios de Pie, que da “refuerzos alimentarios” en 25 merenderos de la Capital y 15 del interior, aseguran que la asistencia de chicos se duplicó en los últimos meses y que, además, se han sumado familiares adultos de esos niños que llegan a estos centros en busca de algo para comer.

“Hemos notado el acercamiento de nuevos grupos con demanda en los merenderos, con nuevos barrios y niños que se agregan. También que los chicos empiezan a repetir, es decir que pasan más de una vez en el día en busca de alimentos. En ese marco, la demanda de harina creció de manera impresionante y nos cuesta mucho poder responder. En algunas zonas la asistencia aumentó en un cincuenta por ciento y en otros, se duplicó”. Las palabras son de Lucrecia González, la coordinadora provincial de esta agrupación ligada al Movimiento Libres del Sur que desde el estallido de 2001 trabaja en los sectores más vulnerables de la sociedad.

El avance inflacionario en estas capas, que conforman el núcleo duro de la pobreza y que destinan casi todos sus recursos a la compra de alimentos, es devastador. Así, la Asignación Universal por Hijo (este mes se actualizará de $ 460 a $ 644), que es en la gran mayoría de los casos el único ingreso fijo que tienen estas familias, “ya no alcanza”, como le contó a Día a Día Teresita Villarreal, la fundadora del merendero “Ojitos Dulces” en barrio Colonia Lola, en el sudeste de la ciudad.

Desde el Banco de Alimentos señalaron que la demanda es constante por parte de las 135 organizaciones que son abastecidas por esta ONG. “Cada vez se suman más niños. Actualmente son cerca de 18 mil chicos, el sesenta por ciento menores de 12 años”, precisó Carolina Alessandria.

Qué comen. En general, en los merenderos lo que predomina es la leche en polvo o concentrados a base de leche. “A veces el olor de estos preparados es tan fuerte que los chicos no los pueden tomar”, cuentan desde Barrios de Pie.

Además, González detalla que lo que más reciben desde el Gobierno nacional son latas de choclo cremoso, viandadas y procesados de distintos tipos, como una manera de reemplazar la carne. Derivados de harina y el arroz conforman esta deficiente dieta alimentaria. “Esto no aporta calidad en proteínas y nutrientes, sólo sirve para calmar el hambre”, advirtió y lo vinculó con las cada vez más frecuentes enfermedades con las que los chicos llegan: “Observamos problemas en la piel, dificultades respiratorias, diabetes temprana y sobrepeso”, entre las más comunes.

 

¿Bomba de tiempo?

Según la última medición del Centro de Investigaciones Participativas en Políticas Económicas y Sociales (Cippes), en Córdoba, al cierre de 2013, el 26,8 por ciento de la población está inmersa en la pobreza, mientras que otro 8,7 por ciento vive bajo la línea de la indigencia.

Esto equivale a casi 909 mil y a 297 mil personas, respectivamente. En el último año, la pobreza aumentó 1,6 punto porcentual (63 mil personas más) y la indigencia 2,1 puntos (75 mil personas más).

Estos datos están bien por encima de los últimos disponibles por el Indec para nuestra provincia (del primer semestre de 2013) que sitúa en 4,4 por ciento a la pobreza (45.401 hogares), y 1,4 por ciento a la indigencia (14.446 familias).

La Provincia, en tanto, estrenó en abril su índice de “Carencia (pobreza)” y “Carencia severa (indigencia)”. Oficialmente, para el delasotismo, el 15 por ciento de la población es pobre, es decir que triplica lo expuesto por el Indec.

Para Pablo Gallo, director ejecutivo del Cippes, con los actuales niveles de pobreza, ocultados por el Gobierno nacional, “están latentes todas la condiciones objetivas para desbordes sociales como los de diciembre de 2001, y los que vivimos a finales del año en Córdoba, que se desmadró (más allá de la huelga policial) por este colchón social que no tiene respuestas. Si no pensamos ahora cómo resolver la pobreza hay posibilidades de que volvamos a chocar con estas situaciones”.

Con el último relevamiento del Índice Barrial de Precios arrojando un alza de 8 por ciento, lo que dejó una Canasta Básica Total de 6.215 pesos, Gallo concluyó que “el programa Precios Cuidados no tiene incidencia. Y segundo, que Córdoba está como una de las provincias con los alimentos más caros del país”.

 

Cáritas, con mirada integral

En la delegación local de Cáritas ponen la atención en otras carencias también muy sensibles, más allá de la alimentaria. Para Rodolfo Martínez, titular de la entidad ligada a la Iglesia Católica, la mayor preocupación pasa por la “pobreza afectiva y de educación que se vive en las familias”. También nombró al flagelo de la drogadicción y la inseguridad como “dramas” de hoy. Y situó la “falta de trabajo” y los “problemas de vivienda” como las “carencias más importantes” en la actualidad.

 

"Arranqué con 20, ahora son más de 300"

Floyd Mayweather no vive en Colonia Lola, pero parece. La pobreza noquea a cada instante en esa zona marginal de la Capital. Nada alcanza. Sobran las carencias. También la violencia, atravesada por la droga. En ese marco, difícil de digerir para quienes no frecuentan ese sector, un club sólo es club los fines de semana. De lunes a viernes se disfraza de merendero y allí, más de 300 personas, la mayoría niños, pero desde hace meses también cada vez más adultos, calman la languidez de sus estómagos con una taza de té, mate cocido, leche o yogurt… cuando hay.

Teresita Villarreal es la capitana de este barco llamado “Ojitos Dulces”, una asociación civil con personería jurídica que nació en 2010.

Son apenas pasaditas las cuatro de la tarde. Está algo fresco. El “desfile” arrancó a las 2, cuenta Teresita, aludiendo a los cientos de ojitos que ya pasaron por el lugar. Muchos otros pasarán en lo que resta de la tarde. Ella no es maestra jardinera, pero porta, arriba de un pullover azul, un delantal con tela cuadrillé al tono. Mientras habla con Día a Día, todos allí la llaman “seño”.

“Para la mayoría de los chicos que vienen ésta es la última comida hasta el otro día en la escuela. Acá vemos problemas de todo tipo. Tenemos 10 chicos con bajo peso y cada vez son más los adultos que se acercan a merendar. No podemos decirles que no. Acá, con lo poco que tenemos, intentamos ayudar”, traza una síntesis de la situación.

Además de la merienda, que se sirve de 14 a 18, los viernes se reparte algo de mercadería para “tirar el finde”. ¿Qué?, ¿cuánto? Lo que Teresita y Miguel, su marido, quien da una mano grande ahí yendo de acá para allá, hayan conseguido. La mayor parte de provisiones la van a buscar al Banco de Alimentos en los arranque de cada mes. El resto llega de colaboraciones –por ejemplo de la fábrica Ottonello de San Vicente– y de bingos y locreadas que organizan para juntar plata.

“Arranqué en 2010 con 20 chicos, ahora son más de 300 y paré de contar”, grafica la demanda en una frase Teresita.

Postal del silencio. La imagen se repite cientos de veces durante esas cuatro horas: chicos que llegan desde el cole o sus casas. Buscan una mesada en la que, como un castillo de naipes, están esperan unos jarritos de plástico. Ahí nomás, al lado, sobre dos mesas, tres jarras contienen los saché de yogures que en un santiamén quedan secos como una pasa de uva. Antes de sentarse a recargar energías, un trozo de galleta completa la porción.

Casi no hablan entre ellos mientras comen. El alboroto inicial da paso a un momento especial, que muchos repetirán antes de que cierre el merendero, allá por las seis menos cuarto, para reforzar la dosis, ya que varios no ingerirán nada sólido hasta el otro día. Esta característica también es nueva en los últimos meses.

Las victorias. Teresita se emociona y hace bien, mientras relata su principal victoria desde que hasta al frente del merendero. Asegura que dos pibes, que “se habían metido mal con la droga”, van cada tanto a visitarla.

“Están ahora por el buen camino. Empezaron a venir acá a merendar, los veíamos muy mal. Por suerte se metieron en una iglesia evangelista y pudieron salir”. Otro chiquilín cuenta que le dijo: ‘Seño, cuando yo llegue a jugar en el Barcelona, con la primera plata, voy a ayudarla para mejorar el merendero’.

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