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Córdoba

Astrid y la otra parte de la historia

Mauricio cumple condena en un penal, donde aprendió adiestramiento de perros. Allí entrenó a Astrid. 

Por Lucia Pairola

Morir de curiosidad es una posibilidad de la que nadie está exento. Y eso pasa cuando algunas historias nos atrapan y generan el deseo de saber más.

Y para qué negarlo, algo ocurrió con la vida de Silvina y Astrid que hace algunas semanas contamos en nuestras páginas.

Esta joven  pierde la memoria a corto plazo y su perra terapéutica le ha ayudado a retomar sus actividades de modo normal.

Pero para llegar hasta acá, antes la luz de Astrid – “Estrella” en griego-  hizo de las suyas en los días de Mauricio.  

Preso hace 12 años, entregó a su mejor amiga para ayudar como modo de “redención”. 

Construir esperanza. Quizás muchos desconozcan que en Monte Cristo está radicada la Unidad Penitenciaria N4. Un espacio carcelario diferente. El predio cuenta con 97 hectáreas donde los internos pueden pasar sus últimos años de condena en contacto con la naturaleza aprendiendo desde huerta, tambo, carpintería hasta panadería.

Allí se respira diferente: “Es lo más cercano a lo que imaginamos como la posibilidad real de un espacio carcelario que edifique. Que prepare para una verdadera reinserción social de las personas que han cometido un delito”, explica a Día a Día Evangelina Pérez Mercau, Secretaria de la Defensoría del Tribunal Oral N2. 

En este lugar, además de sus tareas y salidas programadas, los internos cuidan de más de 100 perros callejeros que han sido abandonados.

“Empezamos a pensar un proyecto para que los animales perdieran la agresividad y luego pudieran tener un hogar que los reciba”, cuenta Evagelina el inicio de la aventura.

La misma involucró a los internos junto con profesionales en el castrado y el cuidado de los animales. “Sin duda el trabajo está pensado para brindar oportunidades a dos extremos vulnerables de la sociedad”, reflexiona la funcionaria judicial sobre la génesis del proyecto. 

Y así creció la idea hasta sumar a Aldo Cechi, reconocido adiestrador cordobés, que ofreció su programa “Delta”.

“Desde una filosofía buscamos adiestrar a los animales abandonados para que puedan ser reinsertados a la sociedad con una utilidad y beneficio de todos. En este caso la propuesta fue trabajar con perros callejeros para  asistencia o terapia”, describe a este diario Cechi el novedoso y gran desafío.

 

Y en este punto aparece Mauricio Ferrio y otros tres internos que en Monte Cristo aprenden adiestramiento con un fin más que fascinante. 

Astrid y Mauricio, la amistad. “Los presos y los perros de la calle logran una empatía muy rápida y profunda. El preso ve en el animal ese mismo lugar de marginalidad que ellos viven”, explica de este modo Cechi lo que sucedió con Astrid y su dueño. 

Mauricio recuerda el día en el que entre cientos escogió a su perra como compañía de soledades.

“Acá nos encariñamos rápido con los animales. Y Astrid dormía conmigo, me esperaba cuando volvía y me daba mucho cariño. Asimiló rápidamente todo lo que le enseñé y mucho más”, relata orgulloso de su perspicaz mascota. Con la llegada del programa al penal dice que vio la oportunidad de aprender algo útil para otros.

“Ocasioné mucho dolor con lo que hice en el pasado y siento que es un modo concreto de devolver a la sociedad un poquito para reparar”, insiste con los ojos humedecidos. 

Y con esa premisa,  Mauricio hizo palpable su ofrenda generosa, entregó a su compañera para ser entrenada y ayudar a Silvina.

“Fue duro el día que se la llevaron, pero ahora que veo lo que cambió la vida de su nueva dueña no dejo de llorar y agradecer la confianza y la oportunidad”, sostiene este cordobés que además de flamante entrenador es panadero, peluquero y estudiará enfermería.  

La confianza y los sueños. “Para nosotros es un sueño cumplido. Nos lanzamos hace poco con la idea de preparar perros de asistencia y terapia y ya hemos entregado tres. Y uno de ellos con el trabajo dentro de un penal”, afirma Cechi sobre la labor que llevan adelante desde el proteccionismo en Córdoba.

Pero, los sueños para este adiestrador no terminan allí, porque comprende la puerta que se abre para los internos: “Deseamos que no se detenga, queremos que sea un trabajo para Mauricio. Que su don lo pueda utilizar al salir y hacer un bien para todos. Quién dice que él mismo pueda ser capacitador en las penitenciarías”, comparte como anhelos.

Y este sentir no es tan lejano a lo que va procesando Ferrio, deseoso de una nueva vida afuera:

“No quiero equivocarme de nuevo. Y esto sin duda puede ser mi gran oportunidad. Quiero salir, trabajar y nunca hacer mal”. 

Y entre el sinfín de habilidades, Mauricio de joven fue rescatista. Reconoce que no puede olvidar el placer de ser útil y proteger vidas.

Con sencillez busca palabras para explicar lo que pasó entre él, Silvina y Astrid: Este particular perro callejero se convirtió en un milagroso salvavidas que rescató a los dos. 

La historia que continúa. Porque segundas partes también pueden ser buenas, te contamos hace días que quién recibió  a Astrid fue Silvina Ponce.  

Ella tiene  33 años y  fruto de un golpe en la cabeza, desde los 16, batalla con un trastorno cognitivo llamado Síndrome orgánico cerebral grado III.

Este fue causando algunos daños en su memoria, generando dificultades en el habla y en sus recuerdos.

Hace 6 meses deseaba internarse ya que no podía ni salir de su casa. Pero por medio del programa Delta recibió a Astrid el primer perro callejero terapéutico entrenado en un penal.

Desde ese momento, todo cambio para siempre.

El programa. Astrid fue entrenada en el Programa Delta que propone el cordobés Aldo Cecchi.

Ese proyecto busca rescatar animales de la calle y entrenarlos nada más y nada menos que para un servicio social. Ya sea como perro de asistencia o de terapia.

Lleva entregados de modo gratuito tres animales. 

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