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Córdoba

Alta Córdoba: ladrillo por ladrillo, empiezan a reconstruir

Vecinos de Alta Córdoba recibieron cuadrillas de la Municipalidad encargadas de reedificar las casas con mayores daños.

Los martillazos siempre se consideraron ruidos molestos, especialmente cuando son ejecutados por algún vecino irrespetuoso. Sin embargo, en cuatro cuadras de Alta Córdoba, el sonido evoca más a una redención. A un tirar abajo y comenzar de nuevo. Desde la semana pasada, cuadrillas de la Municipalidad de Córdoba se abocan a la tarea de reconstruir las viviendas que más daños sufrieron después de las explosiones del pasado jueves 6 de noviembre. Después del día en que ardió medio barrio a raíz del incendio de la industria química Raponi.

El sonido agudo de la sierra eléctrica actúa de soprano en esta melodía redentora. Un grupo de obreros corta maderas para reconstruir la casa prefabricada de Marcel Santillán (47). Desde hace 3 años, el hombre vivía junto con su esposa Karina y sus dos hijos Luciano (11) y Valentino (4) en el tercer piso de la casa de la abuela Julia. La estructura de madera prefabricada fue lo primero que voló la noche de la fatídica explosión. Después de esa noche, había riesgo de derrumbe en el tercer piso de la casa. Por eso las cuadrillas comenzaron por ahí.

“Estamos conformes con la Municipalidad. Ellos están cumpliendo. Quizás no sea en los tiempos esperados, pero están brindando respuestas. La Provincia en cambio vino los primeros días, armó circo y nunca más apareció”, cuenta Marcel desde la angosta escalera que lo conduce a su vivienda. Lleva una camiseta a rayas. En el cuello, una cruz de oro. Al igual que muchos de los vecinos del barrio, habla con verborragia. Es común. Todavía transitan un estés agudo.

Apoyándose en sus manos para enfatizar, Marcel contará detalles del día de la explosión. Dirá que los dos niños de la familia quedaron con secuelas graves. A Luciano, el mayor, le sangró la nariz durante dos días seguidos. Tiene afectado el sentido del oído. Valentino, el más chiquito, fue herido con una astilla de vidrio en su ojo izquierdo. Los ataques de pánico nunca se le fueron.

“Valentino tenía que disfrazarse en la escuela. Pero no quiso ir. No puede permanecer en lugares cerrados. Le da miedo. Siente que habrá una explosión en cualquier momento. Hoy se despertó diciendo que iba a haber una en Estados Unidos. Está muy afectado”, cuenta Karina, su mamá.

Mitad y mitad

A media cuadra de los Santillán, la casa de Javier Martin también amontona bolsas de cemento. Es la vivienda de Argensola al 940 que terminó con graves destrozos en el patio y en dos habitaciones. Su dueño se lo tomó con humor: dijo que el barrio se había convertido en Sarajevo.

Javier acuerda que las obras se están haciendo. No en los tiempos esperados, pero avanzan. Los casos más urgentes los ha tenido que resolver por su cuenta. Por ejemplo, las aberturas de la habitación de su hijo más pequeño. Como el orificio había quedado descubierto, necesitó con urgencia reponer con puertas nuevas. Necesitaba cuidar su casa de posibles robos. Con las grietas y daños menores, no tuvo problema para esperar.

Sobre Avellaneda y Argensola, Lidia Rognone sigue esperando que le cambien las cortinas de su persiana. Mientras tanto organiza una colecta para las familias que lo perdieron todo. En la calle se ha montado un obraje. Bolsas de cemento y ladrillos se amontonan por todos lados. Dos albañiles cargan postes sobre sus hombros. “Sacanos una foto –pide uno de ellos-. Una vez que trabajamos, quiero que quede registrado”. Y se ríe.

Cómo donar

Un grupo de vecinos organizó, junto con la Parroquia del Carmen, una colecta para familias sin vivienda. Los interesados pueden comunicarse con Lidia Rognone al (0351) 471-3991 o al 155-481968. Pueden acercarse a Avellaneda y Argensola o avisar para ellos vayan a buscarlas.

El listado es el siguiente: Mesa y silla, frazadas, un ropero. 
Mercadería: pañales, azúcar, yerba, leche, agua mineral.
Utensilios de cocina, sábanas de una plaza y colchones.

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