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Córdoba

Aldo Orpianesi: un viajero a pedal

Pasó por Córdoba un santafesino que lleva catorce meses y más de 9 mil kilómetros viajando en su bici por Sudamérica.

Por Paula Hernández

Largar todo y marcharse. ¿Alguna vez, aunque sea por un segundo, lo pensaste? Aldo Orpianesi, un santafesino de 26 años, renunció a un laburo cómodo y bien pago en una automotriz de Rosario, compró una bicicleta y se marchó. El plan: pedalear los más de 5 mil kilómetros que atraviesan el país desde la Quiaca a Ushuaia por la ruta 40.

El viaje comenzó hace más de un año en Bombal, el pueblo del sur de Santa Fe del que es oriundo. Recorrió más de 9 mil kilómetros, casi dos veces la Argentina de norte a sur, atravesó 13 provincias, cruzó cuatro veces las fronteras: visitó Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile, y todavía no llegó a la Quiaca. Tentado por el camino y sin tiempo fue creando su propia aventura. “Ya que estas”, le decían y allá iba. Y allá va, con Bianca –la compañera que nunca lo deja a pie– sin saber lo que les espera en el próximo kilómetro.

Desprenderse. Orpianelli laburaba 12 horas en la fábrica, los sábados en un bar, y los domingos volvía al pueblo a ver a la familia. Una madrugada se durmió en la ruta y chocó. Dijo basta. “Trabajaba mucho, ganaba bien pero no podía disfrutarlo”, dice el Técnico en Higiene Laboral, devenido en cicloviajero.

En la bicicleta distribuye cinco alforjas, un bolso y una carpa que suman 65 kilos, 5 litros de agua y otro kilo de comida –fideos, latas y algunas galletitas–. “Casi otro yo”, calcula. Arrancó más pesado pero fue regalando lo que no usaba: “aprendí a llevar lo realmente necesario”. Eso puede ser distinto para cada uno. Para él es necesario llevar una máscara de mono que le regalaron en Uruguay o una falda escocesa que compró hace años en Villa General Belgrano. Lo mismo pasa con la cabeza. “Los primero días pensaba mucho: ¿En qué me estoy metiendo? ¿Le estoy errando? Después ya tenés la cabeza limpia y empezas a disfrutar”. Desprenderse, soltar.

Los Andes en pollera. Antes del viaje no había hecho grandes distancias en bici, se fue entrenando día a día. El tramo más largo que hizo de tirón, fue desde Posadas hasta Ita Ibaté en Corrientes: 170km en 10 horas. Pero fueron más duras las doce horas que le llevó cruzar los 120 kilómetros de subidas y bajadas desde Foz de Iguazú en Brasil hasta El Dorado en Misiones, un 23 de enero con el sol quemando a 35 grados.

¿El más lindo? La Cordillera de los Andes, un clásico. Lo duro de la subida; el viento, algunas lloviznas y las bajas temperaturas; nada empaña uno de los paisajes más maravillosos de Sudamérica. Coincidió en Mendoza con otros cuatro ciclistas para viajar al V Foro Mundial de la Bicicleta en Santiago de Chile. Tardaron una semana en cruzar Potrerillo, Uspallata, Penitente, Las Cuevas, Portillo, Los Andes hasta la capital Chilena. Apenas cruzó la frontera, un agente de Vialidad le dijo: “Vi muchos huevones cruzar en bicicleta, pero con pollera escocesa ninguno”. ¡Sí, leíste bien! No sabemos si lo registrará el Guiness, pero Aldo Orpianesi cumplió con su promesa y se convirtió en el primer ciclista en cruzar Los Andes en pollera. 

Ciclovida. “Los paisajes siempre van a estar ahí, lo más lindo del viaje es la gente”. Recuerda a los camioneros que lo alientan en la ruta, la señora a la que le pidió agua y le trajo una botella helada y 6 empanadas, los que le dieron cobijo cuando no tuvo donde dormir. 

Ya no cobra aquel buen sueldo pero disfruta. Se queda el tiempo que pinta en cada lugar. Vende postales de su viaje y llaveros que fabrica con cadenas de bicicleta y trabaja de lo que surge. Luego de unos días pedaleando por Calamuchita, una vueltita veloz por su Santa Fe natal, retomará el objetivo original: La 40. Si es que la ruta no le depara otro destino porque “el mejor plan es no tener plan”. 

Loco lindo. Aldo Orpianesi largó todo y se subió a la bici para recorrer el país. Cruzó los Andes con pollera escocesa. (Javier Ferreyra)

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