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Córdoba

Adoptar, un Quini 6

Por qué viene disminuyendo la cantidad de adopciones en Córdoba cada año, mientras crece el número de inscriptos en el Registro.

Adoptar. Recibir, hacer propio. Elegir. Adoptar a un niño es convertirlo en hijo, es convertirse en padres de ese hijo. Adoptar es decidir cumplir el rol más importante en la vida de esa persona.

Aunque hay más de 2 mil personas dispuestas a adoptar niños, el número de adopciones viene disminuyendo cada año: en lo que va de 2013 hubo apenas 12 casos en Córdoba capital, 60 por ciento menos que en 2011; 40 por ciento menos que en 2012.

“En 2011 hubo 35 adopciones, el año pasado fueron 20, y en lo que va de 2013 tenemos apenas 12 adopciones”, cuenta Alejandra Castro, licenciada en Trabajo Social y coordinadora del Equipo Técnico de Adopción del Poder Judicial.

Menos adopciones, pese a que hay miles de personas o parejas inscriptas para ser adoptantes. “Lo que no hay son bebés y niños en condiciones de adoptabilidad”, confiesa Castro, y explica algunas de las variables que determinan la disminución de casos.

Entrega directa. “En primer lugar, están las entregas directas o adopciones recomendadas, que son aquellas en las que la genitora entrega a su hijo a una determinada persona, y aunque se les hace un análisis desde los equipos técnicos, son adopciones en las que se saltean postulantes”, detalla Castro. De los 4 mil inscriptos en el Registro Único, hay 2 mil en condiciones de recibir a un niño.

Este sistema de entrega recomendada, aunque legal, es el más cuestionado. Tanto desde el Servicio de Adopción del Poder Judicial, como desde la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf), plantearon sus reparos acerca de este mecanismo, que puede resultar permeable a comercializaciones encubiertas detrás de la entrega del niño.

Lazos de sangre. Por otra parte, también el sistema de revinculación familiar –contemplado en la ley provincial 9.944 de Promoción y Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes– pretende que los niños que son entregados por sus genitores puedan permanecer en su entorno familiar.

“Estadísticamente, el porcentaje más alto de los niños egresa con su familia extensa, son muchos menos los que pueden volver con su mamá o su papá, y en cantidad similar son considerados en estado de adoptabilidad”, detalla Liliana Gaitán, licenciada en trabajo social y directora del área de Fortalecimiento Familiar y Revinculación de la Senaf.

“Cuando tomamos contacto con alguien que quiere entregar a su bebé, si no dice quién es el papá, indagamos en su familia extensa porque puede que haya otro familiar interesado en hacerse cargo”, apunta Gaitán, y asegura que se seleccionan a los parientes más aptos.

Al respecto, Patricia García, titular del Servicio de Adopción del Poder Judicial, considera que hay que determinar con precisión qué se pretende revincular y durante cuánto tiempo, porque algunas veces no se trata de revinculaciones sino de crear nuevos vínculos con parientes que –aunque comparten la sangre–, no sabían de la existencia de ese niño. “Los vínculos se construyen”, reflexionó.

La ley de Promoción y Protección establece que el periodo para intentar la revinculación es de 90 días, con posibilidad de renovación por otros 90 días, y excepcionalmente puede llegar a durar un año y medio. Durante ese tiempo, el niño permanece junto a una familia acogedora, hasta tanto se determine si regresa a su núcleo familiar extenso o si es dado en adopción. “Estamos en un promedio de seis meses”, precisa Gaitán.

Lentamente. “Al final, la adopción por vía de la Justicia acaba siendo la más lenta, hay que esperar por lo menos cinco años y por eso muchos buscan otras alternativas, pero no se trata de burocracia sino de que no llegan al Servicio niños en estado de adoptabilidad”, resume Alejandra Castro.

Que se requieren controles más exhaustivos sobre las entregas directas es una apreciación constante cuando se habla de adopción. “Si vemos que hay una mamá que entregó un niño, y luego a otro y a otro, tenemos que llegar hasta ahí y descifrar qué está pasando”, desafía Castro.

“Hay que revalorizar la institución de la Adopción, que no es otra cosa que una alternativa para niños que no tienen familia”, concluye García, y subraya una vez más que la palabra adopción proviene de elegir.

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Además: En el Día de la Madre, Liliana recordó el 24 de noviembre de 2004, el día en el que junto a Fernando se convirtieron en papás con la llegada de Román a su hogar.

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Pocos niños, ningún bebé

Lo más frecuente es que los inscriptos pidan adoptar a niños lo más pequeños posibles. Bebés siempre es el sub registro con mayor demanda, mientras que son muy pocos los que se ofrecen para adoptar adolescentes.

Pero, no sólo hay cada vez menos niños en estado de adoptabilidad, sino que son muchos menos aún los bebés de hasta un año.
“En 2011 fueron cuatro; en 2012 hubo dos; y este año no ha habido todavía ningún bebé del sub registro 1 –denominación que incluye a niños desde su nacimiento hasta el año de vida–”, explica Castro.

Sanos y solos. Además de la edad, las principales dificultades se presentan cuando se trata niños con problemas de salud o discapacidad, y también cuando hay dos o más hermanos en estado de adoptabilidad.

“Procuramos intentar que si hay varios hermanitos, vayan a una misma familia”, asegura Patricia García. Asimismo, si son adoptados por familias distintas, se promueve que continúen en contacto.

En estos casos, no sólo se dificulta encontrar una familia adoptante sino también una familia de acogimiento.

“Tenemos niños que están institucionalizados porque no tienen quién los adopte o quien los acoja”, reconoce Liliana Gaitán, pese a que la institucionalización se ha achicado mucho con las familias acogedoras.

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