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Córdoba

Vivir sin agua en tiempos del dengue

Más de 20 familias que viven tras el cortadero de ladrillos de barrio Comercial no tienen agua corriente y deben acumularla en tachos que atraen mosquitos. Reclaman soluciones.

“H ace 25 años que vivimos acá y nunca tuvimos agua corriente. Tenemos que juntarla en tachos para poder bañarnos y hacer de comer. Y nos da miedo por el dengue”, dicen los vecinos más olvidados de barrio Comercial. Piden que el Estado les otorgue los materiales para hacer una conexión a la red, ellos se ofrecen para cavar las zanjas. “Necesitamos agua, somos humanos como todos”, aclara José Luis Hernández, trabajador del cortadero, por si algún funcionario piensa lo contrario.

Desde el Ministerio de Obras Públicas de la Provincia indicaron que el problema radica en que Aguas Cordobesas “se rehusa a conectarlos a la red de agua corriente, ya que se trata de un asentamiento irregular que ni siquiera tiene los papeles de Catastro”, pero aseguraron que “están trabajando con los vecinos para encontrar alguna alternativa”.

Marcela Dávila, vocera de Aguas Cordobesas, le dijo a Día a Día que la empresa no tenía conocimiento del caso. “Nosotros estamos regulados por un contrato de concesión, no decidimos a quién se conecta y a quién no, si el marco regulatorio no los contempla, no podríamos conectarlos”, explicó Dávila, pero aclaró: “La preocupación sanitaria actual es mayor que el marco legal y debemos encontrar una solución”.

No se le niega a nadie. Se acaba el barrio en la esquina de las calles Guatimozín y Sobremonte; se termina el pavimento y sólo queda una callejuela de tierra que serpentea campo adentro entre los arbustos. Al final de la calle, 20 casitas se amontonan frente a la fuente de trabajo de sus moradores: el cortadero de ladrillo.

Aunque estas familias viven a 700 metros de barrio Comercial, al sur de la ciudad, el caserío parece estar en otro mundo. El asfalto es el más insignificante de los servicios que no llegan hasta allí: esta gente nunca tuvo agua corriente. Por eso, grandes y chicos tienen que desandar siete cuadras para buscar agua en el barrio. La transportan en baldes y la depositan en enormes barriles aceituneros que adornan los frentes de las casas. El contenido de esos barriles les sirve a los vecinos para beber, bañarse y lavar la ropa. Y a los mosquitos, para reproducirse.

Mientras una radio cercana repite el eslogan “Al dengue lo combatimos todos”, Lorena, una vecina, cuenta que la gente del dispensario de barrio Comercial visitó el asentamiento para pedirles que tiren el agua de los tachos, a fin de que no se transformen en un caldo de cultivo para el Aedes Aegipty, el mosquito vector del dengue. “Si tiramos el agua, ¿qué tomamos?”, se pregunta otra vecina.

La Provincia está fumigando casa por casa, pero no llegó al cortadero. “Acá no fumigaron, estuvieron en Comercial, pero nunca se acuerdan de nosotros”.

“Si llega a haber dengue, si alguno de los chicos del barrio se enferma, será responsabilidad de (el ministro de Obras Públicas, Hugo) Testa y de Aguas Cordobesas”, opina Paula Zárate, una maestra del barrio que colabora en el reclamo de los vecinos.

El Ministerio de Obras Públicas  mandó al barrio un ingeniero para que haga un relevamiento de la situación, y la maestra asegura que éste les confesó: “La verdad es que Aguas Cordobesas no lo permite porque no es rentable. Como se trata de vecinos que no tienen recursos...”.

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